AMLO en la era de la incomunicación

Historias para armar la Historia

Ramsés Ancira

Toda transformación estructural tiene costos, es parte de la Historia, así, con mayúsculas porque es una ciencia. Difícilmente Andrés Manuel López Obrador hubiera podido encontrar un mejor personaje que Jesús de Nazareth para unificar a ricos y pobres, a judíos y musulmanes, que no lo ven como un dios, pero si lo reconocen respectivamente como sabio o como profeta, e incluso a ateos con creyentes, pues si bien los primeros tampoco lo aprecian desde una perspectiva teológica, si estiman sus mensajes éticos y morales.  Pero de los 27 libros que componen el nuevo testamento, el presidente de México escogió la peor parte del Evangelio, la de San Mateo 10:34 “No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada”.

Y así continúa la versión de la Biblia de las Américas en sus versículos 34 y 35: “Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra y los enemigos del hombre serán los de su misma casa”.

A pesar de que los mexicanos elegimos un gobernante y no un predicador, la política y la religión van unidas. No es una apreciación, es un hecho: Martin Luther King, pastor de la iglesia bautista es un factor fundamental en la lucha por la igualdad racial; ¡en los billetes de un dólar de todos los tiempos ha aparecido la frase en inglés “In God we trust!” (En Dios Confiamos) y Mahatma Gandhi sentenció “Los que dicen que la religión no tiene nada que ver con la política, no saben lo que es la religión”.

No puede ser casualidad que los publicistas de López Obrador hayan elegido el acrónimo Morena, que satisface tanto a cultos como iletrados. Un “Movimiento de Regeneración Nacional” suena satisfactorio tanto a científicos como a politólogos, a progresistas tanto como a los creyentes que utilizan el alias de la Morena del Tepeyac, para referirse a una deidad que sobrevivió la conquista transformando su nombre de Tonantzin a Guadalupe.

Y cuando Enrique Krauze llamó al candidato López Obrador como el “Mesías Tropical”, no lo describió despectivamente. Para judíos y cristianos un mesías representa un símbolo de esperanza, de salvación y de transformación tendiente al bien, transformación así, a secas, sin número.

Pero regresando al Nuevo Testamento, de los 27 libros que lo componen, con maravillosos mensajes de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, con bellas epístolas o cartas de los apóstoles a las primeras iglesias, López Obrador parece elegir la peor parte, si de fines políticos se trata Mateo 12 versículo 30, que en La Biblia de las Américas dice textual “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama”.

Traslademos esto a las redes sociales, particularmente a “Twitter” y podemos ver con horror lo que sin eufemismos podemos considerar una verdadera guerra civil entre los llamados “Amlovers” y sus odiadores. Hagamos de lado a los profesionales de las noticias falsas, recientemente denominadas como “Fake News”, quitemos a los resentidos porque el periodismo ha dejado de recibir los contratos que resultaban la parte esencial de sus ingresos. Dejemos solo a los ciudadanos libres de toda sospecha de ser beneficiarios de pagos por emitir o reproducir los mismos insultos contratados para trabajar en granjas de (Ro)“bots”, detrás de los cuales hay seres humanos, sí, pero que actúan como autómatas que con un poco de esfuerzo pueden ser identificados de dos maneras: porque tienen muy pocos seguidores y porque no emiten ideas originales, sino que repiten una y otra vez el mismo insulto.

Con ellos aparte, todavía es muy alta la proporción de quienes propagan el odio y no aceptan ya no digamos una crítica, siquiera una sugerencia emitida por un ciudadano, sin que reciba las críticas de “chayotero”, “vendido”, “traidor” “sionista” y hasta de “judeomasónico” dependiendo de las fobias, casi siempre producto de una profunda ignorancia de quienes las emiten.

Salgamos un poco de México y retomemos la carta que 150 escritores publicaron hace unos días en inglés en la revista Harper’s Baazar. Antes de entrar en detalle, para sintetizarla creemos muy descriptiva la forma en que encabezó la noticia el diario español El Mundo: “Izquierda clásica contra izquierda <ofendidita>, la carta que ha incendiado el mundo progresista”

La autora de la zaga de libros Harry Potter, JK Rowling; Saldman Rushdie, premio Nobel y condenado a muerte por un tribunal islámico por su libro Los Versos Satánicos” y el lingüista, filósofo y activista estadounidense Noam Chomsky, maestro emérito del Instituto de Massachusetts, son algunos de los firmantes destacados en una carta en la que se destaca que la censura “El libre intercambio de información e ideas, la savia de una sociedad liberal, está volviéndose cada día más limitado. Si bien era esperable de la derecha radical, la actitud censora está expandiéndose también en nuestra cultura: una intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo”, señalan.

J.K Rowling, solo por mencionar un ejemplo, sufrió la discriminación, tuvo que firmar con sus iniciales porque se consideraba que una mujer no atraería a lectores con libros que trataban de aventuras, magos y adolescentes. Ahora es víctima de escarnio porque definió que las mujeres son las que menstrúan y consideraron políticamente incorrecto excluir a los transexuales

En México, Carmen Aristegui -otrora la periodista más defendida de México- se ha vuelto una de las más atacadas  porque tiene como invitada en su programa de radio a Dennise Dresser, quien votó por López Obrador, pero lo critica, como lo ha hecho con todos los presidentes desde Ernesto Zedillo, cuando trabajaba en CNI Canal 40 o a Lydia Cacho, que era una adalid por su lucha contra la prostitución,  el abuso infantil y la defensa de los derechos humanos, ahora ha recibido las peores ofensas.

La pérdida de la mitad del territorio nacional en la guerra de 1847, el asesinato de Madero y la consecuente dictadura de Victoriano Huerta, entre muchos incidentes históricos han sido producto no de la victoria de los villanos, sino de la desunión de los mexicanos. Ya sabemos de propia boca de López Obrador que “su pecho no es bodega” pero con las amenazas de los cárteles, con el cuarto lugar mundial de muertos por COVID y en la antesala de la peor crisis económica, tiene que llamar a la unión. Si va a elegir como argumento los Evangelios tiene mucho mejor material que ese de “no venir a traer la paz, sino la espada”

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