AMLO lo hace de nuevo

Rigoberto Vargas

La Rifa del Avión Presidencial crea gran polémica y diálogo social.  La pregunta deviene ineludible: ¿Qué hacer con un armatoste como ése? Las redes sociales y la gente de a pie, reaccionan al “envite” presidencial.

López Obrador “nos pone en sus zapatos” para imaginar qué hacer con un palacio volador como ése; un vehículo tan dispendioso, lujoso, exagerado en todo; que ni los jeques árabes, ni judíos, ni los frívolos del club de los Roschie le hayan utilidad práctica como para comprarlo. De ese tamaño la irracionalidad de la compra hecha por, Felipe Calderón, y recibido sin pudor por Enrique Peña Nieto. Dos personajes que, por este hecho, debieran purgar hace tiempo, condenas por malversación de fondos públicos. El ejemplo es prístino.

No es tan relevante que el presidente lo ofrezca en una rifa como alternativa para deshacerse del avión y que lo rife, lo delicado y ofensivo debiera ser, lo que representa el insulto de la compra. Pero la derecha se inscribe en el padrón del meme, y no faltan sus adeptos inconscientes, entre los confundidos de la izquierda, esa izquierda extraviada en el profundo rincón de su soberbia.

Usted, mi ilustrado amigo, generosa amiga que me lee: si compra el boleto y se lo gana… ¿Qué haría con una cosa de ésas? ¿Dónde lo mete? ¿De dónde saca para comprar turbosina por importes de millones de pesos por tanque? ¿Cuánto gana un piloto, usted podría pagarle? ¿Cuánto paga por derecho de piso a dónde llegue? Ésas y otras preguntas delirantes como el mantenimiento, los cuidados, el mantenerlo vigente, a quién ofrecerle servicios aéreos de ese nivel “premium”, y otras dudas que le hacen decir que mejor dona los quinientos pesos del cachito, pero que no le compliquen más su existencia. Imagine al presidente pensando lo mismo. ¡Eso es la ostentación más delirante!

La desmesura de la compra es el eje del debate.

Por eso es que poner al mexicano de a pie, con el dilema de qué hacer con tanto pobre lujo, es el éxito del comunicador refinado y pertinente que habita al Presidente. En una mañanera dicta la agenda y pone a pensar al pueblo; lo hace sufrir, lo pone a pensar en esa cosa llamada avión presidencial, y entonces, empatizamos con él.

Cuando parece que ya no habrá conceptos creativos para estar en el diálogo social y en el corazón del ajillo político, AMLO se sublima de nuevo y deja girando la moneda del…

¿Qué será lo adecuado, águila o sol?

Lo otro, la chunga, la canción, la risa, el meme y el chascarrillo político, son la reacción a la ofensa o al dolor, que sólo el mexicano entiende y crea. El festivo festejo a la muerte, el hábito de preferir el todo o la nada es un viejo resabio del jugador empedernido que apuesta sin pensar, pero poco hace cuando se le convoca al trabajo de reconstrucción de un país despedazado. El nuestro lo está.

Andrés Manuel sigue dictando la agenda del día, trae la lista de prioridades; desde su tribuna dialoga y marca el tema de ese diálogo, pone el problema del país en los lomos del ciudadano y, como en el caso del avión presidencial, nos sube a sus zapatos y nos obliga a una conclusión incontrovertible:

“No es una ocurrencia irresponsable explorar la rifa del Boeing 787 a 500 pesos el cachito; fue criminal, irresponsable, frívola, desmedida, y superlativa estupidez, su compra”.

Si se convoca formalmente al apoyo, yo me comprometo a comprar un número, porque en esencia, el uso de los recursos para compra de instrumental y equipo médico es lo importante.

Guardando la distancia, el pueblo mexicano está esperando que @lopezobrador_ lo convoque para mostrar su grado de compromiso, como lo hizo, con Lázaro Cárdenas en 1938, los sismos del 85 y el 2017.

¡Cómo me las pinten brinco, dónde me las ponga puedo!

Dice este pueblo generoso, que se identifica hasta las lágrimas con su Presidente.

Vivimos una etapa nueva, con luminosas y floridas alamedas de libertad y compromiso patrio; aprovechemos esa inercia para instalarnos en la generosidad del futuro que soñamos; con seriedad, responsabilidad crítica y objetividad política.

La esperanza debiera tener dos protagonistas: pueblo y gobierno; esa sinergia nos llevará a otros estadios de nuestro desarrollo como nación. Falta recordarle a propios y extraños, que un país no se construye con fracciones y facciones que se oponen sin razones, como homenaje a su incapacidad para aportar sin condiciones. Ese México de los rostros bien maquillados, de ropa de marca, de autos de lujo, debe tener más protagonistas, pero sí y solo sí, se desprenden de su supremacismo ridículo.

Lo demás, es ruido.

Rigoberto Vargas E.

Promotor de ciudadanía.

@Oratoriapolitic

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