Ayotzinapa y el asedio a Palacio

El incendio de la puerta de Palacio Nacional en México. Foto: EFE
El incendio de la puerta de Palacio Nacional en México. Foto: EFE

Lucio Juárez

Desde la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa ocurrida el pasado 26 de septiembre en Iguala (Guerrero), la fuerza moral de nuestro pueblo, representada en organizaciones sociales de diversos tipos y sociedad civil en general, se han manifestado de manera continua por la presentación con vida de los estudiantes y justicia a los culpables de éstos hechos inhumanos.

Los normalistas, críticos permanentes del sistema del capital y del régimen cleptocrático y neoliberal dominantes en nuestro país, se movilizaron en la ciudad de Iguala, gobernada por  José Luis Abarca –candidato externo y miembro del cártel de droga Guerreros Unidos, por medio de su esposa, María de los Ángeles Pineda. Los estudiantes “toman” dos autobuses que iban a utilizar días después. Por una “confusión” de movimientos, los Abarca ordenan detener el convoy. En el enfrentamiento entre policías y estudiantes resultan varios heridos, seis muertos y 43 estudiantes desaparecidos. Éstos últimos son entregados a una facción de los Guerreros Unidos.

El presidente municipal presenta su renuncia y se reúne con Jesús Zambrano, líder de Los Chuchos para discutir su futuro político. Días después se ordena su detención por los asesinatos de Arturo Hernández Cardona, por delincuencia organizada y por la desaparición de los estudiantes. Se convierte en fugitivo, junto a su esposa, que hasta el momento no se le ha imputado ningún cargo, tan sólo señalamientos. En días pasados fueron detenidos, finalmente, en la delegación Iztapalapa. José Luis Abarca es trasladado a la cárcel de máxima seguridad en Almoloya de Juárez, y María de los Ángeles Pineda, actualmente, se encuentra arraigada.

En el caso de Ángel Aguirre se vio obligado a solicitar licencia al cargo, un mes después, debido a los siguientes factores: la presión de la opinión pública, las movilizaciones de la sociedad civil, la radicalidad de las protestas, la presencia y reactivación de los grupos guerrilleros, la presión pública sobre el PRD -soporte de su gobierno-, y el retiro del apoyo del gobierno federal.

Las movilizaciones de los padres de los 43 han tenido como resultado el apoyo y la solidaridad de una multitud de fuerzas sociales: de los grupos guerrilleros, de la CETEG, la UPOEG, la CRAC-PC, de Morena, de grupos religiosos, de los estudiantes, de organizaciones de derechos humanos, etc. La fuerza que han desplegado en las tres marchas muestra el verdadero músculo de la fuerza moral de nuestro pueblo. La asistencia a ellas ha sido de aproximadamente unos 100 000 y 120 000, en la 2da. y 3ra. Marcha, respectivamente. El último movimiento estratégico realizado por los padres de los normalistas es la Caravana de los 43×43, que pretenden recorrer los estados de la república, en apoyo y solidaridad a sus acciones. A nivel estatal, las fuerzas que pugnan en Guerrero han conseguido tomar más de 20 municipios, el cierre de la Autopista del Sol, levantamiento de plumas en casetas, expropiación de mercancías a las transnacionales, etc. En el caso de los empresarios de Guerrero, al inicio fue de apoyo pero en los próximos días, lo más seguro es que se irán retirando, haciendo público la pérdida que causan el “vandalismo” de las manifestaciones.

En el caso del sistema de justicia era de esperarse sus resultados nulos al principio, lentos después y finalmente, la premura en cerrar el caso. En los primeros días eran las instituciones estatales de justicia las que le daban seguimiento. Semana y media después es la PGR, personificado en Murillo Karam, la que se ocupara de las investigaciones. Los resultados han sido: más de 40 detenidos –policías y narcotraficantes-, la detención de los Abarca, la localización -junto a la UPOEG-, de fosas clandestinas, la movilización de más de 8 mil elementos en la búsqueda de los estudiantes, etc.

Las demandas de los padres de familia, a la cual se suma la sociedad civil, es la aparición con vida de los estudiantes y castigo a los culpables. Hasta el momento podemos decir que sólo se han ubicado a unos cuantos culpables, ampliándose cada vez más su número. Los Abarca son una parte de los perpetradores. Se ha mencionado que es necesario castigar a los que hicieron caso omiso de las denuncias en contra de los Abarca, y aquí intervienen, por omisión, la PGR y el gobierno estatal, bajo el mando, en su momento de Ángel Aguirre Rivero.

Es válido esta consigna debido a que era el exgobernador, al final de cuentas, el que protegía a los Abarca. Por la información ventilada se deduce que fue omiso porque recibió financiamiento para su campaña, y al parecer, seguía manteniendo contacto directo con Los Pineda, por medio de Ma. De los Ángeles, esposa de Abarca –también se comenta que eran amantes. En el caso de la PGR, podemos comentar poco, debido a que tal institución no le dio seguimiento a las demandas correspondientes, es decir, fue completamente omiso y cómplice. Los últimos comentarios de Murillo Karam, realizados en la conferencia de prensa y de la plática con los padres de familia, han motivado, aún más, la indignación. Por una parte, por querer cerrar el caso, diciendo que probablemente ya fueron encontrados sus restos, convertidos en cenizas. Cosa que rechazan los padres de familia. En segundo término, por su frase célebre #YaMeCansé, que muestra la verdadera cara de un régimen carente de valores.

Resultado de lo anterior, la sociedad civil, por medio de las redes sociales, llaman a manifestarse horas después (a las 8pm), en el Ángel de la Independencia, realizándose una pequeña marcha a la PGR. Y manteniendo en alto su indignación, promueven una marcha y manifestación en el zócalo para el día siguiente (8-Nov), a las 8pm.

La marcha inició a las 8:45pm con una asistencia de 10 000 personas, aproximadamente. En el avance se van integrando nuevos contingentes, que al final, al llegar al zócalo sumamos unos 40 000. Fue una marcha espontánea, con poca asistencia de las organizaciones y de los estudiantes. La marcha transcurrió con calma y finalizó a las 10:15pm. No hay discursos, y la mayoría, después de llegar al zócalo se retiró.

Minutos después, empzó el asedio a Palacio. Viendo esto, cientos de marchistas huyeron despavoridos. Sólo permanecen unos 500. Algunos encapuchados pretenden incendiar la puerta de entrada principal, los soldados desde su interior, reaccionan vaciando agua sobre ella. Momentos después, los jóvenes intentan derribarla pero sus esfuerzos son inútiles. Eso sí, motivan la excitación juvenil. Intentan prender las ventanas, lanzan petardos, etc. Los esfuerzos son en vano. Aquí la pregunta que cabe: ¿había algún provocador en los 6 ó 8 que trataron de quemar y derribar la puerta de Palacio? Debo de ser claro y sincero: me pareció que dos o tres eran infiltrados y eran los más activos.

Después de una hora de intento fallido, la muchedumbre observa a dos uniformados en la esquina, platicando con un hombre de negro, que va y viene. El agente mantiene comunicación constante, vía celular. Los jóvenes, después del recorrido del agente, corren tras él, unos para golpearlo y otros, para protegerlo. El agente recibe unos golpes que lo hacen caer y sangrar. Varios de los encapuchados, anarquistas de seguro, tratan de impedir que lo sigan golpeando. Logran controlar la situación, después de unos minutos. Aun así el agente, momentos después, mostrara su coraje y rencor sobre los jóvenes. Aquí la pregunta que cabe: ¿el agente pretendía provocar a los manifestantes o sólo fueron actos imprudentes los que realizó?

Minutos más tarde, llega a Palacio una camioneta blanca. ¿Quién vendrá en su interior?[1] De repente salen alrededor de 30 soldados, convertidos en antimotines, sonando sus escudos para asustar a los jóvenes rebeldes. Cumplen con su objetivo. Su misión es cubrir la puerta principal, a cual llegan rápidamente. Momentos después aparecen unos 50 personajes de negro pero sin protección: son policías federales. En un primer momento son ubicados para cubrir la otra puerta de Palacio. Después, el personaje X, les da la orden de colocarse en fila sobre todo el frente de Palacio. Unos dos o tres federales vienen con cadenas, tratando de asustar. Al momento son recibidos con piedras y unos cuantos petardos. El enfrentamiento dura unos minutos.

En la esquina se preparan tres comandantes de la policía del df esperando la llegada de sus respectivos granaderos.[2] En unos minutos aparecen al fondo de la calle los policías. Los comandantes señalan rápidamente a quiénes van a detener. Van con el primero: lo detienen, lo tiran y lo golpean. El joven o niño que, momentos antes participó activamente en el asedio a Palacio, cae noqueado por los golpes. A unos cuantos metros, los de la policía federal detienen a otros dos. El niño es abandonado a su suerte: se encuentra inconsciente. Una señora, de unos 45 años, sufre una crisis epiléptica. Casi media hora después llegarán las ambulancias que los atenderán. Los policías federales realizan dos detenciones más, de entre las personas que se acercan a observar a los heridos de la batalla. Los reporteros y observadores toman sus datos y los fotografían para conocer la identidad de los detenidos. Los federales suben a dos camiones; los detenidos son subidos a las patrullas de la policía metropolitana.

Así acabamos el recorrido de esta marcha tan caótica, en su parte final. Muchos que participaban solidariamente en las marchas se retiraran por miedo, temor o terror y otros empezaran a criticar las últimas acciones de los encapuchados. Al parecer, este es el máximo clímax que pudo alcanzar el movimiento en solidaridad a los estudiantes de Iguala, y poco a poco se replegará las fuerzas de apoyo. Podemos deducir que, en tres semanas, se difumina completamente el movimiento, o sólo que, nuevos eventos relancen el accionar colectivo.

[1] Contamos con fotografía del personaje en cuestión.

[2] Contamos con las fotos de reconocimiento.

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