Brenda Quevedo Cruz, una voz que intenta callar Isabel de Wallace

Brenda Quevedo Cruz inculpada por un crimen que no sucedió. Foto: cortesía
Brenda Quevedo Cruz inculpada por un crimen que no sucedió. Foto: cortesía

Entrevista a Brenda Quevedo Cruz en el penal de Santiaguito, Estado de México, a finales de 2009

Por Koldo Mikel*

Tras algunas vicisitudes, algo de suerte y un poco de arrojo, el pasado sábado conseguí ver a Brenda Quevedo, la otra mujer acusada por Isabel Miranda de haber secuestrado y asesinado a su hijo. Era un reto que tenía desde antes de que ella fuese extraditada de Estados Unidos, desde que conocí a Juana Hilda, por ello debo dar las gracias a las personas que hicieron posible esto, vaya desde aquí mi más profundo agradecimiento.

Es el amigo, por el que consigo entrar, quien me indica dónde está Brenda, me dice que está acompañada por su mamá, a la cual tuve el gusto de conocer personalmente cuando la conferencia.

Me acerco a ellas. Me hallo ante una joven delgada, como de 1.70. Su cuerpo es atlético, su piel morena clara y toda ella muestra una gran belleza.

Saludo a su mamá, quien en un principio no me reconoce, la verdad que yo tampoco a ella, la veo diferente, más jovial con su conjunto de mezclilla. A continuación saludo a Brenda quien viste de pantalón ceñido y una blusa, todo de azul.

Dirigiéndome a las dos mujeres les digo que me gustaría hacer una entrevista a Brenda. La madre enseguida dice que es conveniente, pero sorpresivamente, Brenda parece dudar. Tiene miedo, vivió una situación terrible ya contada a nuestros lectores. Tiene miedo, mucho miedo a la todopoderosa Isabel Miranda, o para ser más exactos, al poder desmedido de ésta. Le digo que ella no va a hablar mal de la señora Miranda, tan sólo va a contar la verdad, esa verdad que nadie conoce porque nadie le ha dado oportunidad de contarla; aquí, en Cárcel de mujeres, tiene esa oportunidad. Ya conocemos la versión completa de su causa, de Juana Hilda, ahora hay que conocer la suya. Su mamá afortunadamente me apoya. Es una mujer todavía bella, de una belleza que si bien un día con el paso del tiempo marchitará como la de todo el mundo, pues el tiempo no perdona, la otra belleza, la interior, ésa la llevará hasta el fin de sus días. Es una mujer cansada de luchar por su hija, por esta tremenda injusticia que cayó sobre ella, pero dispuesta a seguir luchando hasta el último aliento de su vida. Son ya muchos sábados, desde que trajeron a Brenda, los que no falla en hacer su largo viaje en autobús, taxis o peseros y siempre cargada con pesadas bolsas. El sábado es el único día de visita y no puede fallar.

Brenda, sentada en la mesa, me comienza a contar su historia, estando también presente su señor padre, quien tampoco falta a las visitas.

Brenda estudió Ciencias de la Comunicación, pero le faltó la tesis. Se fue a Europa y recorrió algunas ciudades para terminar trabajando en Londres.

Un día decidió regresar a México, lo hizo con la idea de estar tres meses para arreglar algunos asuntos de sus estudios y volver de nuevo a Inglaterra, incluso allá dejó la mayor parte de su ropa.

En México la vida de Brenda tomó otros derroteros. Conoció a Jacobo Tagle y comenzó a andar con él. En un principio no pensó que llegarían a nada serio, pero terminaron siendo novios y al final viviendo juntos.

Un día, Jacobo le contó que dos años antes, un amigo llamado Hugo, le invitó a él y a otro amigo a trabajar en seguridad de un conocido grupo musical en Acapulco. Tras el trabajo, Hugo no les había pagado lo prometido, por lo que Jacobo rompió su relación con él. Era la primera vez en su vida que Brenda oía pronunciar el nombre de Hugo Wallace y no lo volvería a oír hasta que incomprensiblemente la implicarían en su desaparición.

Los padres de Jacobo se divorciaron. La casa en la que vivían era de dos plantas. El padre no se quería ir a otra casa y entonces dividió en dos con entradas diferentes, ocupando él la de arriba y la madre de Jacobo la de abajo. A un lado había un terreno también de ellos, el cual fue vendido al señor Wallace padre.

–Háblame de cómo fue lo del cine, cuando se encuentran con Hugo en Perisur y Jacobo, y le dice que le va a presentar a «una vieja que está bien buena» –le digo a Brenda.

La respuesta es completamente distinta a la que me esperaba.

–Yo nunca conocí a Hugo, eso del cine es una gran mentira. Dice un primo de él que era yo, pero él sólo me vio supuestamente en esa ocasión. Luego entonces, ¿cómo va a saber que era yo si no me conocía de nada?

Aclara que ella quiere que el primo declare y que la vea, le hago ver una realidad, el primo es posible que simplemente diga lo que le indique la señora Miranda y no la verdad, ojalá me equivoque. No obstante, me queda claro que aquello del cine no fue cierto.

Es la gran diferencia en escuchar a la otra parte, en vez tan sólo juzgar por lo que dice una.

Y aquí viene algo de suma importancia. Una fuente me había indicado que Jacobo vivía de la compra y venta de automóviles y que siempre manejaba mucho dinero, versión que me confirmará Brenda. Lo que ésta no sabe es que Jacobo tenía otra novia, ni que éstos asistían a un gimnasio por Mier y Pesado, al que también iba Freyre. Esa muchacha dejó un día de ver a Jacobo y como tres meses después comenzó a ver los espectaculares con su foto. Ya en varias partes se menciona en cuanto a la mujer que iba con Jacobo que podía haber una confusión y este hecho lo demuestra bien a las claras, aunque hay más. Brenda nunca supo que Jacobo hubiese reanudado las relaciones amistosas con Hugo, por lo que cabe la posibilidad de que éstos nunca se hubiesen saludado fuera del cine como lo indica la señora Miranda y el tal primo.

Siguiendo con Brenda. A Jacobo se le muere el padre, por lo que él se hace cargo de la casa y se irá a vivir con Brenda. La madre de Jacobo no quiere a la novia de su hijo, pero no es por el carácter de Brenda, no se nos alegre la señora Miranda por anticipado, simple y sencillamente, la bella mujer que le presenta su hijo como su prometida, no es judía y por lo tanto no la puede aceptar en la familia, llega incluso a dejar a Brenda con la mano extendida cuando ésta pretende saludarla. La estupidez humana es muy grande, y a ésta estupidez contribuye la religión, ni modo, ya lo decía Marx que era el opio del pueblo, yo más bien creo que es el cáncer.

Los desaires de la suegra hace sentir incómoda a Brenda y deciden irse a vivir a otro lugar, rentando un departamento, para lo cual le pide a su mamá que sea su aval, requisito para rentarlo.

Enriqueta confirma las palabras de Brenda y deja claro que no estaba muy de acuerdo con esa relación, pero que siendo su hija, estaba dispuesta a apoyarla.

La muchacha trabaja en medios del espectáculo, entre sus trabajos se encuentra uno en la editorial Clío y también en Televisa, su figura se presta para ello. Conoce gente importante en diversos medios que hoy le han dado la espalda.

La vida de la pareja transcurre normal, como la de cualquier otra pareja joven. Van a lugares de moda en donde se juntan los hombres a hablar de sus cosas, mientras que las mujeres hacen otro tanto apartadas de sus novios o maridos.

Entre los amigos de Jacobo está Freyre, motivo por el cual Juana Hilda y Brenda tienen contacto, llegando a coincidir en algunas ocasiones, como lo muestra una fotografía presentada por Isabel Miranda, sin que ello signifique que fuesen amigas.

Entre los amigos de Jacobo y Freyre hay varios policías y las pláticas del grupo que se reúne son largas.

Un día Jacobo llega a casa y le dice a Brenda que le han avisado de que hay una “orden de presentación”, o algo así, contra él. Jacobo dice que va a ver de qué se trata. Va a investigar cuando se entera de que han ido a casa de su madre, y que lo buscan porque ha desaparecido Hugo Wallace. En otra de las fantasiosas declaraciones de la parte acusadora se terminará diciendo que ésta casa era el refugio de la banda.

Brenda, toda tranquila, le dice a Jacobo que se presente, pero éste le responde que le pueden detener por lo otro. Lo otro, según entiende Brenda, es el negocio de los carros, pues como maneja mucho dinero tiene credenciales falsas.

No pasa mucho, cuando familiares de Brenda la avisan de que han ido a casa de su mamá y la han registrado toda. Para Brenda esto es un golpe tremendo, pero nada comparado con lo que la espera. Ha comenzado su calvario sin todavía saberlo.

Cuando Brenda ve a Jacobo en el domicilio le cuenta lo sucedido y le pide que vayan a las autoridades para ver qué pasa, pero éste de nueva cuenta le dice que el asunto es muy serio aunque no comprende por qué, pero lo que parece seguro es que si van no les dejan salir.

Brenda le dice que va a ver a cierta persona y al rato vuelve.

A la persona que ve Brenda le dice lo mismo, que ella no sabe nada ni entiende por qué la buscan y que lo mejor es presentarse, pero le dicen que no, que ni se le ocurra, que el asunto es muy grave, le informan que incluso uno de los hermanos Castillo se ha presentado por su voluntad y ya no lo dejan salir, lo mejor que puede hacer es esconderse.

Brenda regresa en busca de Jacobo pero éste ya no está. Ha recogido sus cosas y se ha ido. Ya no lo volvería a ver más hasta la fecha.

Brenda tiene mucha gente que la quiere, no puede ser de otra manera, basta verla una vez para saber que es una gran muchacha y quien opine lo contrario es porque así le interesa y no lo digo por su belleza física, ésta al fin y al cabo no es sinónimo de buenas cualidades o bondad, lo digo por su belleza interior, la cual salta a la vista para el que la ve. Sus ojos profundos no engañan, muestran la nobleza de esa alma que todavía no logra comprender por qué la castigan con tanta saña cuando en toda su vida no ha hecho mal a nadie.

Entre la gente que la quiere y sin importar las consecuencias, se la llevan a provincia para alejarla de las autoridades que tan injustamente la buscan.

Brenda siente que la vida le llega a su fin cuando comienza a verse en los espectaculares que salen en la televisión, en donde es tratada como la peor criminal y hasta se ofrece una buena recompensa para quien denuncie su paradero.

La mujer está espantada, cada noche es una auténtica pesadilla y sólo le queda rezar y pedir a Dios que la proteja de ese tormento que está viviendo. No puede creer que le esté pasando esto.

La gente que la oculta decide que lo mejor es que se marche a Estados Unidos. Corazones generosos como el de la propia Brenda la ayudan a llegar al país vecino. Le queda la dura prueba de pasar el desierto. La pasa un pollero desconocido que por fortuna para ella se dedica a su trabajo sin fijarse demasiado en la bella muchacha. Por momentos siente desfallecer ante el tremendo calor, pero tras vencer todos los peligros propios de la situación consigue llegar al país vecino.

Su mamá interrumpe para contar lo que sintió el día en que mira hacia el vidrio de una patrulla y ve la foto de su hija entre los delincuentes más buscados. Para la madre, como para todos los familiares de Brenda, ésta siempre ha sido inocente y es que la conocen bien y de sobra saben que sería incapaz de cometer un acto como el que le acusan.

Mientras platicamos, un aire, a veces más fuerte y a veces más calmado, nos mueve las telas que cubren la palapa, mientras que el largo y brillante cabello de la mujer cruza suavemente su cara una y otra vez en lo que parece ser una inacabable caricia.

En Estados Unidos, Brenda trabaja de mesera. La lejanía no impide que la tristeza y amargura la aprisionen todavía con más fuerza el interior de su alma. No hay día y noche que no derrame lágrimas. Escribe a su madre sin que las cartas vayan a su domicilio y ésta, cuando las lee, el papel arrugado le muestran las lágrimas de su hija y la madre llora.

En Estados Unidos conoce a un hombre que se enamora de ella y terminan casándose cuando ella ya está en la cárcel. Él es un soldado del ejército de Estados Unidos y de origen cubano. Brenda no se atreve a contarle el secreto que como un hierro al rojo vivo le quema hasta lo más profundo de su ser. Él muchas veces se da cuenta que a su esposa algo le pasa y le pregunta, pero ella siempre responde que así es su carácter y no hay problema.

La joven mujer siente que la vida no tiene sentido, sin embargo, con una gran fortaleza sigue adelante. Muchas veces sintiendo que se derrumba del todo y otras haciendo grandes esfuerzos para levantarse.

Un día va a tener una larga separación del esposo y sintiéndose muy sola se va a la casa de una amiga. Se va hacia el final total de la libertad, si es que libre se le puede llamar a estar huyendo como lo estaba ella.

Un día, como lo hacía todos los que podía, entra en internet en la computadora que ésta amiga tenía en casa.

Desde ahí se enteraba como estaba su caso, cómo era buscada para castigarla sin piedad por algo que no había hecho. Como siempre que se sentaba en la computadora sus bellos ojos comenzaban a manar esas lágrimas de miedo, de amargura, de terror.

No sintió cuando la amiga se le acercó por la espalda.

–¿Qué te pasa Brenda, por qué lloras?

Varias veces, la amiga ya le había preguntado por esos estados de ánimo que le mostraban a una Brenda triste y con los ojos llorosos.

Ahora Brenda, con su foto en la computadora, no le pudo ocultar lo que le sucedía y le contó el motivo de su amargura.

La amiga se puso de su parte y le dio ánimos, como cualquiera que conoce a Brenda no podía creer que ella hubiese hecho lo que decían.

Dicen que todo el mundo tiene un precio y no, no es cierto, no todo el mundo lo tiene, el Che Guevara, por ejemplo no lo tenía, claro, que hombres de esa talla no lo es cualquiera; pero si es cierto que el maldito dinero compra conciencias haciendo de ellas auténticas mierdas y una mierda, por decirlo suave, iba a resultar la amiga de Brenda, quien viendo la fuerte recompensa que daba una señora millonaria empeñada en acabar con la vida de la joven mujer, la denunció a la policía.

Brenda fue detenida y encarcelada para seguirle un proceso de extradición a México.

Dos años tardaría ese proceso. Con la detención, el esposo al fin se enteraba del secreto que guardaba Brenda y ni un sólo momento dejó de defenderla, mostrándole todo su amor. Al fin un día se presentó la policía para decirle que había amenazado de muerte a la señora Miranda por algún comentario que había hecho defendiendo a su esposa y eso era grave, sin embargo no era cierto. Pero algo seguía quedando claro, el poder de la señora Miranda hasta en Estados Unidos se metía, así era normal verla aparecer en la corte o fuera de ella provocando a la familia.

Y hasta Estados Unidos, una larga, muy larga temporada, que duraría como dos años, tenía que ir la mamá de Brenda, Enriqueta, a visitar a su hija. Esto, más pagos de abogados, que como por lo general sucede, sólo buscan sacar dinero, dejaron a la mujer en la ruina total. Pero quizás, mucho peor que su ruina era ver el sufrimiento de su hija en aquella prisión de los Estados Unidos.

Luego a Canadá también se iría su otro hijo, el hermano de Brenda, pues ya le habían dado algún susto en México por el simple hecho de ser familiar de la mujer buscada, algo por demás increíble el que la familia en todo caso tenga que pagar por algo que ha hecho otro miembro de ella. Este joven sigue en fuera de México, en proceso de refugiado.

Le hago una pregunta que por pura lógica, ya sé la respuesta.

–Brenda, se ha dicho que te emborrachabas en el trabajo y presumías de lo que hiciste en México.

Una amarga sonrisa surge de su boca.

Cómo voy a hacer eso, si procuraba ni salir de casa, yo para empezar no bebo y tenía miedo a todo. Es otra mentira más de las muchas que se han dicho.

Por momentos sus ojos se llenan de un brillo especial, es ese brillo que lucha por contener las lágrimas, pero a veces no lo consigue y éstas escurren por sus mejillas.

Confieso que al ver ante tanto dolor, siento por un momento una angustia que me sube por el pecho hasta los ojos.

Brenda es extraditada a México y en el aeropuerto, a la primera persona conocida que ve, es a Isabel Miranda, a quien conoce de fotos y de verla en la televisión. Miranda, con verdadero odio hacia la muchacha, ya la avisa de que va a vivir un infierno y por de pronto, en lugar de trasladarla como le corresponde a Santa Martha Acatitla o a Tepepan, ambos reclusorios del Distrito Federal, la llevan al Estado de México. La todopoderosa Miranda manda.

Miranda sabe por qué la manda a ese penal, ahí podrá hacer lo que tal vez en otro se lo impidan, por lo menos en los del DF.

Conocemos la historia. Tres tipos entran y Brenda es llevada ante ellos y encerrada en un cuarto. Vuelve a recordar, ahora con los propios gestos. Se lleva las manos al cuello mostrando como apretaba la bolsa que le ponían sobre la cabeza mientras que permanecían esposadas.

–¿Vas a firmar? Le preguntan los indeseables y cobardes sujetos mientras que Brenda, quedándose sin aire, siente morir. Como puede dice que sí, le aflojan la bolsa y cuando siente que el aire vuelve a sus pulmones dice lo de siempre, que ella no sabe nada y vuelta a cerrarle la bolsa al cuello. Y oyendo directamente a la indefensa muchacha, uno no se puede explicar tanta maldad en un ser humano, tanta miseria de almas que más parecen de bestias que de personas. Ni las bolsas, ni la amenaza de inyecciones con sangre infectada de Sida, ni todo el sufrimiento vivido, la han hecho confesar algo que por alguna extraña razón la señora Miranda quiere que confiese aunque nada sepa de ello.

¿Y Derechos Humanos? Bien, gracias. A las órdenes de Isabel Miranda. Tanto estos como autoridades encargadas dicen que nada se ha demostrado, a pesar de que un médico certificó los moretones en los brazos y las marcas del cuello y dio nombres de los custodios que la trasladaron hasta el cuarto en donde fue torturada. Ni modo, hay que complacer a la señora Miranda, eso sí, señores vividores de Derechos Humanos y autoridades, no hablen de justicia porque ésta no existe, ésta es una soberana mierda.

–Pero, por qué te comienzan a perseguir a ti y a culparte –le pregunto.

Me responde lo que ya conocemos. Encuentran un álbum de fotos a Hilda y de ahí la señora forma la banda, pero en realidad cuando van a buscar a Brenda es porque Juana Hilda ha declarado que es su cómplice, declaración que como también sabemos salió posteriormente en un video, en donde Hilda no es consciente de lo que declara, lo hace bajo el efecto de alguna droga y dice lo que le han inculcado para que lo diga. Si alguien duda de esto, es muy sencillo, que se dejen de videos borrosos y dudosos y la lleven directamente a la televisión y a la vista de todos, con total transparencia, que vuelva a declarar. Juana Hilda es inocente como lo es Brenda y por ende, los otros tres detenidos o cuando menos, si hubiese alguien culpable, no es como dice la señora Miranda.

Platicamos sobre las acusaciones y le doy mis opiniones en las que estamos todos de acuerdo.

Nadie que va a secuestrar a una persona y sus cómplices esperan que llegue al departamento con la víctima, se va con él al cine, por la misma lógica se hubiese ido a Televisa para anunciar el secuestro. Y si se ha ido al cine y regresan al departamento, no es posible que luego le digan a la señora que lo bajaron de la camioneta entre dos ¿Iría Juana Hilda a prepararle la cena sorpresa? Detalles absurdos, como absurdas son las contradicciones. Por un lado, supuestamente lo descuartizan y hasta Brenda baja las bolsas en donde va el descuartizado; por otro, un niño ve cómo lo bajan entre dos hombres. Y qué decir de la sierra en donde nadie escucha nada y del tiro del que nadie sabe nada, salvo el niño que no estaba esa noche en el edificio y… etc.etc. Pero sobre todo, han matado a alguien que no aparece, que no hay cuerpo.

Me habla de la foto en la que se ve el rostro vendado de Hugo. Foto de la que ha demostrado con la fecha, que no pudo ser sacada cuando dicen y por ella. Pero hay otras cosas importantes, si en la foto está muerto, ¿cómo mandarla para pedir rescate? Está claro que la familia puede descubrir y -es lo más fácil-, que está muerto, luego no van a pagar el rescate si ya lo mataron y si está vivo, para qué vendarlo y aparentar que está muerto, que es la sensación que da esa foto.

La madre saca comida y me pone un plato, ante mi negativa me indica que siempre trae comida de sobra. Brenda se pasa a mi izquierda pasando por la banca y la mesa con su figura de gacela.

Comemos. Un rato más y es la hora de retirarse, las cinco de la tarde. El tiempo se me ha pasado sin darme cuenta.

El padre se ha despedido antes. La madre y la hija se funden en un abrazo.

Hasta el final Brenda no deja de mostrar el terror que le produce el poder desmedido de la señora Miranda. Siente una impotencia total ante el poder de esta señora que le ha dado por destruir la vida de unas jóvenes mujeres que en su vida hicieron mal a nadie porque en sus corazones no existe la maldad, esa maldad que ha llevado a otra persona a destruirlas a ellas.

Brenda tiene miedo, mucho miedo, ahora ha oído que la pueden trasladar a Nayarit, al parecer esto no es cosa de Miranda, sino de que quieren reagrupar a las mujeres que van por delito federal. Aunque tampoco sería raro que Miranda metiese baza en el asunto, su poder, lo hemos visto una y mil veces, es ilimitado y para ella, estas dos mujeres, son de máxima peligrosidad. Me hace gracia, yo me encargaría de tener a las dos mujeres a mi cargo con la total seguridad de que no representan ningún peligro, de que son menos peligrosas que un mosquito a diez kilómetros de distancia, la peligrosa, la verdaderamente peligrosa de esta historia, es precisamente Isabel Miranda Torres. Ella sí, puede secuestrar, torturar, entrar y ordenar en prisiones, mandar a jueces y dictar sentencias. ¡Cuánta idiotez!

Me despido de Brenda y salgo con su mamá. Atrás queda una mujer inocente, una mujer que tan sólo vivía la vida y a quien le han destruido esa vida. Una vez escuchó un nombre, un nombre que quisiera no haberlo escuchado nunca, Hugo Alberto Wallace Miranda, y sin tener nada que ver con él, sin conocerlo siquiera, se convirtió en su desgracia.

Nos vamos juntos la madre y yo hasta el DF. Como poco antes, le brillan los ojos cuando recuerda aquellas botas que le gustaban usar a Brenda cuando era niña e iba a la escuela.

–De niña cómo le gustaba acariciar a los animales –me dice la madre– ¿Crees que ella va a hacer daño a alguien?

La amargura de la mujer es infinita.

Por otro lado, para cualquiera que lo vea, éste es un caso vergonzoso para México. Por un lado, se supone que la señora Miranda hizo lo que no pudo hacer la policía, tratando a ésta de inútiles; esto, mientras no se conoce la realidad y en cuanto uno ve ésta, se da cuenta de que las leyes son una auténtica basura, se dice que todo el mundo es inocente mientras se demuestra lo contrario. Aquí, en México, sin demostrarse nada, inocentes están en la cárcel y lo más grave, porque una señora sin ser autoridad en nada, lo manda. Y hay más, si un juez da una condena, a la señora le parece poca y hasta habla con ministros para que se les imponga más alta y condena e insulta al juez, con esta situación. ¿Quién va a ser el juez que juzgue con imparcialidad y justicia y se atreva a poner en libertad a los inocentes?

La señora Miranda no es la heroína que nos muestra la televisión, la señora Miranda es una millonaria que compra seres sin conciencia como si fuesen mercancía. La señora Miranda no ha detenido ni encarcelado a ningún secuestrador y asesino como lo anda presumiendo en todos los lados. La señora Miranda, a golpe de dinero, ha encarcelado y arruinado la vida de inocentes.

*El autor es mexicano de origen vasco, y dirige el blog Cárcel de Mujeres. Su texto original puede ser leído en este enlace: Habla Brenda.

10 thoughts on “Brenda Quevedo Cruz, una voz que intenta callar Isabel de Wallace

  1. No mames, eres un ridículo, escribes una nota periodistica con aires de poema, ¿que pedo we? y esa tal Brenda está horrible, no mms. De seguro amas a los judíos.

    Quiero llorar por tus bellas palabras. Jajajaja.

  2. Jajajaja muy cierto.
    Ahora bien hay dudas de que en México hay tanta corrupción y las leyes no se aplican con justicia.
    Pero también es muy cierto que hay gente que no acepta que sus hijos o parientes sean delincuentes y que ciegamente los quieran defender; solo analicen lo siguiente.
    Un ex ministerial, una teibolera, una “edecan” y un par de sujetos sin oficio son una combinación que da mucho que pensar.

  3. Hay, si era tan letrada y brillante, que viajo por toda Europa, por qué se fue de mojada a EU, a esconderse de un delito que no cometio? vaya con la tipa toda una fichita.

    1. Luis Miguel es escritor, no periodista. Es autor de varios libros.
      Tenía un blog, carceldemujeres.wordpress.com el cual fue borrado cuando Isabel Miranda de Wallace lo mandó arrestar porque denunciaba al caso Wallace. El fue quién publicó la ficha signalectica de Hugo Alberto Wallace.
      Cuando lo arrestaron, activistas abrieron el blog carceldemujeres2.wordpress.com con información rescatada del primer blog.
      Estuvo un año y medio en Chiconautla por denunciar el falso secuestro de Hugo Wallace. Lo acusaron de ser terrorista del ETA.
      Cuenta esta experiencia en su libro “Tras las rejas de Chiconautla”

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