Calderón sí sabía: fallos argumentales en sus respuestas a la Embajadora Jacobson

Fallos argumentales en las cinco respuestas que dio el expresidente Felipe Calderón a la Embajadora Roberta S. Jacobson, por sus declaraciones a la revista Proceso.

Guadalupe Lizárraga

  1. Respecto a su argumento de que recibió “muchas amenazas por perseguirlos” pero “que nunca hubiera permitido que funcionarios con vínculos de esa naturaleza siguiera en el gobierno”. Basta recordarle que en su administración, el sistema presidencialista todavía era una característica del régimen. Lo cual significaba: a) La virtual anulación de la división de poderes. b) El control cuasi absoluto sobre su club político-partidista y c) La discrecionalidad del presidente en la toma de decisiones del Estado. En este contexto, que el presidente hubiera sido amenazado resulta no sólo inverosímil, sino incoherente con el papel de víctima. Además una respuesta contradictoria, puesto que si se sentía amenazado por perseguirlos, ¿con qué autoridad hubiera impedido que sus funcionarios crearan vínculos con el narcotráfico? Calderón sí sabía.
  1. En la administración de Calderón, miles de inocentes fueron a prisión casi perpetua por nada. ¿Quién podría fungir como una “fuente imparcial” para confirmar los “rumores” de que García Luna, el superpolicía que fabricaba culpables desde el Estado, coordinaba gestiones con el narcotráfico? ¿Cuántos comandantes de la PGR, de la Policía federal, o miembros de las Fuerzas Armadas, fueron torturados, ejecutados extrajudicialmente, o siguen en prisión, o en el exilio, por haber denunciado o detenido a narcotraficantes en auténticos operativos? Calderón sí sabía.
  1. De todos es sabido que no podría existir el tráfico de estupefacientes en México sin la colaboración –sea por acción u omisión– de al menos una parte del establishment estadounidense. La llegada de Felipe Calderón a la presidencia significó no sólo compromisos heredados con el narcotráfico, como parte de los contubernios transexenales del PRI-PAN. Sino también tuvo que ceder en soberanía con esta parte del establishment, tuvo que estar de acuerdo con los que diseñaron la política internacional de combate al narcotráfico, es decir, con los Estados Unidos. Para ello tuvo que participar eliminando de facto a los grupos de actividades ilegales en territorio mexicano que no eran admitidos por los diseñadores de la política. De allí, que el combate al narcotráfico fuera parcial y genocida, a cambio de recursos millonarios, equipo y armamento para implementarlo. Fue parte de la Iniciativa Mérida. Al mismo tiempo, Calderón tuvo que “construir” nuevos administradores de esos compromisos heredados, que fue uno de los papeles que jugó García Luna, entre otros oscuros personajes al frente de las instituciones “antinarco”, para garantizar el control político. Calderón sí sabía.
  1. Para este punto, Calderón dice que “las dependencias del gobierno mexicano funcionaban como un equipo interstitucional autorizado para interactuar y cooperar con las agencias estadounidenses”. Por lo tanto, reitero, cedía en soberanía, porque las dependencias mexicanas funcionaban como lo requería Estados Unidos, y no había necesidad de cambiarlas. Tuvieron que trabajar con García Luna, sostiene la Emb. Jacobson, “porque no tenían alternativa”. Al buen entendedor, pocas palabras: ésa era la alternativa, porque era parte del control necesario de Estados Unidos a los supuestos controladores del narco en México. Calderón sí sabía.
  1. Si el Gobierno de los Estados Unidos hubiera querido informar a Calderón de los narcofuncionarios que operaban en su gobierno, lo hubiera hecho; pero queda claro que si no lo hizo fue porque sabía que Calderón era parte de los mismos hechos.

Respuesta de Felipe Calderón

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