Caravana 43, la internacionalización del caso Ayotzinapa

Movilización del 26 de febrero en Nueva York por los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Foto: Franisco Ramírez
Movilización del 26 de febrero en Nueva York por los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Foto: Franisco Ramírez

Francisco Ramírez

Hace algunas semanas en la capital del mundo, Nueva York, tuvimos la visita del mexicano Julio César Guerrero, organizador general de la Caravana 43 Ayotzinapa en Estados Unidos, un recorrido con fines informativos que harán los padres de los 43 estudiantes víctimas de desaparición forzada en Iguala Guerrero. Julio César reunió a los grupos y colectivos de activistas mexicanos en la ciudad de Nueva York, una de las sedes de la caravana. Por lo que decía y hacía, percibí a un hombre honesto, consciente de la gravedad de lo que sucede en México y con un sentido humanista, usado así como una pieza más de ajedrez que mueve el universo. La lucha social como una herramienta para el bien e inteligencias para organizar eventos magnos, obedeciendo las necesidades de los momentos trágicos de México.

Con una actitud humilde, Julio Guerrero nos presentó el ambicioso plan que tenía para internacionalizar la demanda de justicia por Ayotzinapa, poner en evidencia la verdad y destacar la dignidad de los estudiantes masacrados por la avaricia despiadada de los gobernantes en México. El plan, explica, es una caravana que cruzará los Estados Unidos en tres secciones: la costa Este, la Oeste y el centro del país, pasando por diferentes estados y ciudades para informar a las comunidades de la verdad.

Nosotros, activistas en Nueva York, seríamos responsables de acoger a los tres grupos que coincidirían en esta ciudad. El trabajo de Julio Guerrero, como él lo enfatizó, es organizar: ni vocero, ni víctima. Como todos en la caravana, señaló, cumpliría su única función: coordinar. Este primer contacto me remontó a tres ocasiones del pasado reciente, cuando otros coordinadores vinieron en busca de ayuda para sus caravanas, y nosotros como grupo #YoSoy132NY y el grupo Nuevo Santuario, del padre Juan Carlos Ruiz, respondimos a esos pedimentos. Fue la Caravana por la Justicia y Dignidad de Javier Sicilia, la Caravana “Abriendo puertas a la esperanza” dirigida por el padre Alejandro Solalinde, y la Caravana de Ex-braceros que justamente venían a reclamar su dinero retenido ilegalmente por el gobierno mexicano. Intensos movimientos en los últimos años, desde que México ha caído en manos dictatoriales.

Con esas caravanas del pasado reciente, el contacto entre los activistas y mexicanos solidarios quedó allí a la mano, y el compromiso, arraigado. Ahora, la ayuda que otorgan los grupos de mexicanos y estadounidenses para esta caravana de padres de familia de los estudiantes de Ayotzinapa, también ha sido respaldado y aceptado con mucho entusiasmo. Para nosotros, los mexicanos que hemos sido expulsados por la miseria o la violencia de nuestro país, participar en un evento tan noble y digno para dar la mano a nuestros hermanos del estado de Guerrero es motivo de gran honor y privilegio. Quienes participamos en ello, asumimos la seria responsabilidad de ayudar a difundir la verdad y construir la justicia, cuando en nuestro país, ambos caminos están bloqueados por el mismo gobierno. Este evento será de gran alcance, pues ya son cinco meses protestando en las calles de Nueva York por la tremenda injusticia que viven nuestros hermanos estudiantes de Ayotzinapa.

Unas semanas después de que Julio Guerrero se presentara con nosotros, vi un video que me conmovió por su pureza, una vez más me topé con la dignidad, y es que allí en ese corto video filmado en México, vi a los padres de Ayotzinapa junto Julio, agradeciendo honestamente y con ese lenguaje del corazón a los mexicanos en el exterior que les brindan ayuda para realizar a la caravana. Me pregunté viendo a Julio, cómo un ser humano puede estar de repente aquí y unas semanas estar allá, en México, organizando, haciendo discursos, informando, quizás hasta arriesgando su vida. Eso es lo que yo vi, pero para saber todo el recorrido que un organizador tiene que hacer para llegar a ver realizado el propósito, la idea hecha realidad, la Caravana 43, habría que estar en sus zapatos.

Señalo lo anterior porque recientemente circuló un post en la red, donde aparece en imagen el organizador Julio Guerrero con un político estadounidense de alto calibre, el congresista Luis V. Gutiérrez. El post fue una crítica de mexicanos de Chicago a Julio porque se retrataba con un político, al que le llamaron incluso “lacra” y echaban por la borda todo el trabajo del organizador de la Caravana 43. Llama la atención que con esa mirada tan corta de quien puso el post descalificando el trabajo de Julio y del mismo congresista, se pretenda lograr éxito en una empresa tan compleja como es la atención de la comunidad política internacional y de derechos humanos.

Al señor de Chicago hay que decirle que los políticos no todos son iguales, ni Estados Unidos es México. En un momento tan dramático para los padres de los estudiantes desaparecidos, los políticos estadounidenses son piezas claves para el éxito de la caravana y de la internacionalización del caso Ayotzinapa, ya que las luchas sociales no se ganana con palos, piedras o protestas, menos aislándonos. Los padres de Ayotzinapa requieren el trabajo de cabildeo con políticos de la comunidad hispana, y es necesario que sean escuchados. Es un apoyo para evidenciar a un gobierno criminal como el de México que tiene censurada la información y reprimida cualquier expresión de demanda de justicia.

El cabildeo con los políticos estadounidenses para hablar sobre temas como los crímenes del Estado mexicano es necesario para desvelar la dictadura disfrazada de México. Las reuniones de los padres en Nueva York con quienes han hecho de la política su modus vivendi es parte pues de estos logros que se requieren en una caravana, incluso llegar a la Casa Blanca en Washington. Recuerdo que cuando vino el Padre Goyo recalcó la importancia de usar las vías legales y existentes de manera inteligente. Cuando la justicia en nuestro país es un asunto de elites y dinero, se vuelve legítimo y estratégico recurrir a los organismos internacionales de derechos humanos y buscar el apoyo de políticos de otros países, como los padres de Ayotzinapa lo hicieron ya con los congresistas del Parlamento europeo.

No me queda más que decir que el riesgo de un luchador social es grande, está en riesgo su integridad moral, emocional y física. Pero también cualquier movimiento que haga será oportunidad para ser juzgado por los que no hacen nada. No pongo las manos al fuego por nadie, ni defiendo personalidades, sin embargo no puedo dejar de reconocer el trabajo con honestidad como el de Julio Guerrero, que enmarcado en la búsqueda de justicia abre puertas y forja caminos para dar un poco de luz a quienes no encuentran consuelo por sus hijos desaparecidos. No faltará quien saque ventaja de muchas formas de la Caravana 43, pero al final se logrará lo que queremos todos, la visita de los padres, aquí en Nueva York y en otras ciudades del país, para que nos sigan enseñando cómo luchar con dignidad.

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