Charleston: el racismo alimentado desde el pasado

Dylan Roof, de 21 años, responsable del asesinato en Charleston. Foto: Lastrhodesian.com
Dylan Roof, de 21 años, responsable del asesinato en Charleston. Foto: Lastrhodesian.com

Stephen Durham

El Partido por la Libertad Socialista se une a millones de norteamericanos y expresa sus condolencias a las familias, amigos y congregación a la que pertenecían los ciudadanos asesinados en Charleston, Carolina del Sur, a manos del racista blanco Dylann Roof.

Apoyamos a los movimientos sociales #BlackLivesMatter (#LaVidaDelosNegrosImporta) y #StandWithCharleston (#EnApoyoaCharleston) que llaman a realizar acciones de protesta contra estos crímenes y las fuerzas que los instigan, así como a la Iglesia “Mother Emanuel”, la cual ha sido un símbolo de la resistencia negra.

En medio de los disparos en la Iglesia de Charleston, una niña negra yacía inmóvil, fingiendo estar muerta para evitar el ataque, pero no pudo eludir los gritos del agresor blanco: “Ustedes violan a nuestras mujeres y se están apoderando de nuestro país”. Este hombre de apenas 22 años, sólo estaba reciclando las viejas afirmaciones del Kux Kux Klan y de los Nazis cuya ideología él abraza manifiestamente tanto en palabras como en hechos. Roof intentaba detener las crecientes protestas contra los policías racistas asesinos que continúan disparando y lastimando impunemente a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Sus palabras iban encaminadas a inflamar una guerra racial aún latente en este país.

También tenía el propósito de destruir todo lo que la Iglesia Metodista Episcopal Africana representa en la lucha contra el racismo y la servidumbre forzada. Esta iglesia fue fundada por Denmark Vesey, quien había sido esclavo y que en 1822 planificó la revuelta de esclavos más grande en la historia de los Estados Unidos. Vesey fue capturado y ahorcado antes de que la revuelta tuviese lugar y la iglesia fue incendiada por una turba blanca. La historia de esta revuelta fue suprimida por los ricos esclavistas que manejaban el mercado de esclavos negros. Sin embargo, el hijo de Vesey reconstruyó la iglesia que, además, se convirtió en un punto de llegada del Ferrocarril Subterráneo.  En la década de los 1960’s, se transformó en un centro de derechos civiles y laborales.

Ésta no es la primera iglesia negra en ser atacada. Entre 1995 y 1996, alrededor de 30 iglesias del Sur fueron incendiadas por racistas. Claramente, las fuerzas del racismo blanco vuelven a las andadas otra vez, y sus objetivos son gente de color, inmigrantes, judíos, sindicalistas, mujeres y homosexuales. Esto requiere un amplio movimiento de autodefensa.

El pasado no está muerto. Estas acciones de racismo y xenofobia no se quedaron en el pasado, están vivan y entre los jóvenes. Las balas disparadas por Roof hicieron añicos el mito de que ahora vivimos en una sociedad post-racial. El Klan y los Nazis florecen en condiciones de crisis económica, ofreciendo chivos expiatorios a los despojados y oprimidos. Son el producto de un capitalismo que tiene que dividir para conquistar, que busca que el 1% continúe con sus privilegios mientras el 99% restante lucha por sobrevivir.

Al mismo tiempo, el presidente Obama denuncia la violencia racista y policiaca, pero la única solución que ofrece es el control de armas, culpando al Congreso por su indiferencia hacia este problema. Sin embargo, la policía es la que tiene las armas y las dispara contra ciudadanos negros y pobres. ¿Es el desarme una solución real al problema de violencia y racismo?

Las leyes para el control de armas no combaten la falta de igualdad, la discriminación y los altos índices de encarcelamiento y arrestos motivados por el racismo. Tampoco combate el desempleo que sufre la gente de color, ni la segregación en vivienda, escuelas y salud, que son la causa de tanta desesperación y desesperanza social para las comunidades afrodescendientes, siendo precisamente las víctimas el sector más desprotegido de las leyes de control de armas. En Florida, la ley “protégete a ti mismo” sirve para proteger a racistas paranoicos mientras que Marissa Alexander, una madre negra, pasó cinco años en la cárcel por disparar al techo para detener a su abusivo esposo que la estaba estrangulando.

Mientras, la bandera confederada ondea en lo alto del Capitolio de Carolina del Sur, es claro que los problemas de racismo en este país van mucho más hondo que unas cuantas

declaraciones públicas de que “algo debe hacerse” y evitar que los policías continúen matando gente de color.

El futuro nunca será seguro mientras tengamos que seguir enfrentando los crímenes del pasado y del presente. Este país se construyó con la sangre de los esclavos negros, los nativos norteamericanos y los inmigrantes. La violencia desplegada en la Iglesia Madre Emanuel es tan antigua como el país y el sistema capitalista en el que se ha fundado.

El Partido por la Libertad Socialista lucha por una nueva sociedad, una sociedad en la que todos disfrutemos de la abundancia generada por los trabajadores; en la que la piel blanca, el sexismo, la homofobia, la desigualdad, la destrucción ambiental y la guerra sean cuestiones realmente del pasado.

Los invitamos a unirse a nuestra lucha.  ¡Hay mucho por hacer!

Traducción: Patricia Barba Ávila

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *