Cochoapa el Grande Guerrero, el municipio más pobre de México

Silvia, hija mayor
Silvia, niña na savi, en Cochoapa El Grande Guerrero. Foto: Arturo de Dios Palma

Por Arturo de Dios Palma

COCHOAPA EL GRANDE. Guerrero.- La alegría disimula su pobreza: sonríen y juegan como si tuvieran todo para ser felices.

Silvia, Cenaida e Irma Vázquez Martínez son niñas na savi que durante el día sólo pudieron comer un plato con mole y arroz entre las tres.

Como ellas, son muchos los niños que pasan hambre en el campamento que en la localidad de Pie de Maguey instalaron los pobladores de San Miguel Amoltepec el Viejo tras el paso de la tormenta Manuel . Silvia, Cenaida e Irma cuentan con 11, 8 y 6 años, respectivamente.

Ellas viven con sus padres, Regino Vázquez Calixto y Catarina Martínez Gálvez, en el albergue que improvisaron en Pie de Maguey, en una casa de tablas con techo de lámina de aluminio y con piso de tierra que siempre está húmedo.

Dentro de su casa no tiene prácticamente nada. Su cocina está conformada por una galera, una mesa y un fogón que siempre está al resguardo de su abuelo, Macario Vázquez.

No tiene alacena, ni refrigerador, tampoco alimentos. Pese a sus carencias, estas tres niñas no paran de jugar y sonreír.

Se montan una a la otra, se tiran al suelo húmedo, cantan en su lengua, siempre con una sonrisa. Pero eran más felices allá en su pueblo, en San Miguel Amoltepec. Cenaida así lo manifiesta. Dice que allá cuando iba a la escuela no se enlodaba, también recuerda que cuando llovía sólo tenía que meterse a su casa y ya no pasaba nada.

No sabe bien cuándo es su cumpleaños, pero lo que sí recuerda es que el último se lo festejaron con pozole en San Miguel. El día del recorrido las tres comieron un plato de mole y arroz con “colitas” y pescuezos de pollo. No hubo nada más ese día. Al día siguiente almorzaron tortillas con quelites hervidos. Todo lo preparó Silvia, la mayor, porque sus padres se encontraban en Tlapa buscando más apoyos. Pero esta situación no sólo la sufren estas niñas, sino también los demás pobladores.

En Pie de Maguey no hay trabajo, no tienen tierras para sembrar, los caminos continúan dañados y los alimentos escasean. Por ejemplo, el señor Regino Vázquez Santiago por ahora tiene pocas opciones. Una de ellas es elaborar sombreros de palma que vende la docena a 40 pesos aunque tarde cuatro días en terminarlos, es decir, tres por día.

La casa de Vázquez Santiago, dice, está llena de piedras y ahora vive en terreno prestado mientras espera que el gobierno federal a través de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) le construya su nueva casa. Para eso por lo menos pasarán otros nueve meses.

Familia Vázquez en Cochoapa, uno de los municipios más pobres de Guerrero. Foto: Arturo de Dios Palma
Familia Vázquez en Cochoapa, uno de los municipios más pobres de Guerrero. Foto: Arturo de Dios Palma

Las condiciones precarias de los pobladores de San Miguel no son nuevas. Desde que Cochoapa el Grande se constituyó como municipio se convirtió en el más pobre del país.

En el censo de 2010, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), lo catalogó como el municipio con mayor grado de marginación y rezago social en todo el país.

Según el informe hasta 2010, 80.56 por ciento de las viviendas particulares habitadas no disponen de excusado o sanitario; 62.5 por ciento de población de 15 años o más es analfabeta; 100 por ciento de población sin derecho-habiencia a servicios de salud; 100 por ciento no cuenta con lavadora y 69.44 por ciento no disponen de un refrigerador.

Ahora, después del paso de la tormenta, todo sigue igual, nada más que los pobladores ahora están sin casas.

Han pasado nueve meses desde que pasó la tormenta Manuel y los más de 500 habitantes de la comunidad de San Miguel Amoltepec el Viejo, en Cochoapa el Grande, continúan viviendo en condiciones precarias; peor aún, tendrán que esperan por lo menos otros nueve meses más –según el compromiso de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI)– para habitar las casas que prometió el gobierno federal.

La ayuda del gobierno federal aún en espera. Foto: Arturo de Dios Palma
La ayuda del gobierno federal aún en espera. Foto: Arturo de Dios Palma

La tormenta sepultó más de la mitad del pueblo de San Miguel Amoltepec el Viejo. Un alud de lodo se le vino encima. La escena de hace nueve meses sigue intacta: las casas de adobe, de tabla, las de material y el plantel preescolar Sor Juana Inés de la Cruz, están hasta el tope de lodo.

Los pobladores ahora están en la comunidad de Pie de Maguey. Antes anduvieron de nómadas: primero estuvieron en la orilla del panteón y después sobre una loma desde donde podían ver sus casa enterradas.

En todos los casos, literalmente, los pobladores han tenido que sobrevivir al límite, con lo mínimo de alimento, durmiendo bajo láminas de aluminio en temperaturas cercanas a cero grado.

La ayuda alimentaria de parte del gobierno federal llegó en forma apenas hace dos meses, pero no por una acción propia, sino porque las comunidades damnificadas se aglutinaron en el Consejo de Comunidades Damnificadas de La Montaña, mediante el cual exigieron y lograron que cada mes la CDI a través de Diconsa les entregue 125 kilogramos de maíz y 26 de arroz y frijol.

Celso Santiago Cayetano, el secretario de comisario municipal y uno de los gestores, dijo que si no hubieran emprendido la exigencia la comunidad estaría sufriendo hambruna en estos momentos.

Pero no todos los logros de la exigencia de los pobladores de la comunidad se verán pronto. Lo relacionado a su reubicación y construcción de sus viviendas va a cuentagotas.

A nueve meses en la localidad Pie de Maguey, donde van a ser reubicados y se construirán las 107 viviendas, apenas se ven los trazos de la lotificación.

Los trabajos están suspendidos y se reanudarán hasta después de septiembre, cuando terminen las lluvias.

De acuerdo con Santiago Cayetano, el miércoles 18 se reunieron pobladores con funcionarios de la CDI y personal de la constructora Grupo Oro; les informaron que no trabajarán durante estos meses porque los caminos están dañados.

En esa misma reunión, informó Santiago Cayetano, la dependencia encargada de su reubicación se comprometió a entregar las 107 casas el 15 de marzo del siguiente año, es decir, dentro de otros nueve meses más.

Estas 107 casas se construirán en un terreno de 3.5 hectáreas donado por los bienes comunales. Cada casa medirá 7 metros por 8.

Sin embargo, las casas no serán suficientes para todos los habitantes de San Miguel, pues del censo que realizaron las dependencias federales quedaron fuera las personas que migraron a estados del norte del país para trabajar como jornaleros.

Los casi 37 mil millones de pesos que anunció el gobierno federal que invertirá para la reconstrucción de los daños provocados por la tormenta, acá en Cochoapa el Grande, el municipio más pobre del país, por lo menos no se ven.

Las inundaciones por las tormentas. Foto: Arturo de Dios Palma/Debate
Las inundaciones por las tormentas. Foto: Arturo de Dios Palma/Debate

A las 3 de la tarde, un banco de niebla cubre por completo la comunidad de Pie de Maguey, después de esto los pobladores de San Miguel Almoltepec el Viejo, Cochoapa el Grande –que se encuentran refugiados ahí después del paso de la tormenta Manuel– se meten a sus chozas construidas de madera y lámina para protegerse de la lluvia que en minutos se deja caer. Les continúa lloviendo sobre mojado.

El suelo de la localidad de Pie de Maguey regularmente está lodoso o, en el mejor de los casos, húmedo. La razón: las lluvias que acá en La Montaña no paran. Los rayos del sol sólo se pueden disfrutar por un par de horas.

En la cumbre de La Montaña la niebla siempre está acompañando a los pobladores. En la temporada de lluvias los aguaceros tanto en el día como en la noche se dejan caer con frecuencia. Las lluvias pueden tardar hasta horas, lo que provoca que la humedad en el suelo nunca termine.

Para protegerse, los damnificados de San Miguel Amoltepec el Viejo, que lo abandonaron porque un alud de lodo enterró más de la mitad del pueblo, tienen chozas construidas de paredes de tablas y cubiertas con láminas de aluminio, con piso de tierra. Así, las construcciones son presa fácil de la humedad, del frío. La temperatura en noches de lluvia puede acercarse a los 8 o 6 grados.

En Pie de Maguey no hay alguna casa en condiciones distinta, todas están edificadas con esos materiales, incluidos el preescolar y la primaria.

En el caso de la primaria, que sólo es un techo de lámina y una pared que divide los dos salones, la lluvia entra con toda libertad.

Pero acá no sólo las casas se muestran endebles ante la lluvias, también los caminos. Para llegar hasta Pie de Maguey hay que hacerlo a pie. El transporte público sólo llega hasta San Miguel Amoltepec el Nuevo, que está a unos dos kilómetros de distancia.

Incluso ésta ha sido una de la excusas de la empresa constructora Grupo Oro para no trabajar durante julio, agosto y septiembre en la edificación de las 107 viviendas que se comprometió a entregar la CDI, dependencia encargada de la reubicación de San Miguel Almotepec el Viejo.

Pero ahora las lluvias no sólo complican la llegada al campamento de los damnificados de San Miguel, sino el arribo a la cabecera de Cochoapa el Grande.

Al recorrer la carretera Tlapa-Cochoapa en automóvil se debe ir esquivando deslaves, baches, inundaciones, atravesar parte de terracería, tierra amontonada que maquinaria ha dejado como parte de los trabajos de rehabilitación.

Apenas lo indispensable para comer. Foto: Arturo de Dios Palma/Debate
Apenas lo indispensable para comer. Foto: Arturo de Dios Palma/Debate

Fuente: Debate

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