Corrupción en México: Hidra de mil cabezas

La pareja presidencial en México en medio de escandalos de corrupción. Foto: red/archivo
La pareja presidencial en México en medio de escandalos de corrupción. Foto: red/archivo

Amador Rodríguez Lozano

La corrupción está convertida en el principal mal que padece el país. Por doquier se multiplican los casos de corruptelas de funcionarios y empresarios, que por igual agreden con sus acciones la moral del país y vulneran el patrimonio público. Sí, la corrupción es un mal que se observa por igual en el sector público como en el privado. Los casos más sonados: el de la “casa blanca” de la señora del presidente Peña, la casa del secretario de Hacienda o las del secretario de Gobernación, y así mismo la casa del presidente en Ixtapan de la Sal. Estas corruptelas no únicamente involucran a servidores públicos, sino fundamentalmente a empresas constructoras, que obtienen jugosos contratos de obra pública de manera privilegiada. Aquí se aplicó el adagio popular de que tanto peca el que mata la vaca, como el que le amarra la pata. Satanizan en general al Ejecutivo y su entorno, pero casi no tocan a los empresarios constructores vinculados a estos posibles actos de influencia ilegítima para obtener contratos.

Por doquier se multiplican los casos: presidentes municipales vinculados al narco o comprometidos con empresas constructoras o a empresas prestadoras de servicios. En materia de Seguridad pública hay una tremenda corrupción, los presidentes o los secretarios de seguridad pública estatal o municipal, se embolsan grandes cantidades de dinero en mordidas por comprar a determinadas empresas todo lo que utiliza un policía, desde zapatos, toletes, uniformes, cascos, hasta los escudos de la institución. En este rubro, la corrupción es generalizada en todo el país, pues las asignaciones se hacen directamente con el pretexto de la confidencialidad en la seguridad.

Otro gran negocio que pasa desapercibido son las compras de materiales electorales, boletas, mamparas, etcétera, son aumentados en sus costos en beneficio de las autoridades electorales, quienes se embolsan grandes cantidades de dinero, sin control de ninguna naturaleza, y en el que participan importantes figuras de la política nacional, incluyendo consejeros electorales, que recomiendan o inducen a determinadas empresas. Es importante recalcar que quien inicia el acto de corrupción son estas empresas vendedoras de servicios o vendedoras de artículos diversos, quienes tientan y proponen los porcentajes ilegales a cambio de llevarse el contrato. Ni qué decir de los diputados, federales y locales, que cobran por conseguir apoyo financiero a los presidentes municipales, los famosos “moches”, como los han denominado los medios de comunicación. Pero no sólo los diputados extorsionan, también los funcionarios menores allegados al líder. Con justificaciones como “El líder me permitió que tal proyecto se llevara a cabo, yo lo negocié”, señalan con descaro.

En México, todo es corrupción: quien vende la gasolina, quien repara vehículos, quien gestiona boletos de avión, que por cierto en ambas cámaras del Congreso de la Unión es uno de los grandes negocios. La compra de boletos de avión es altísima y siempre se procura pagar las tarifas más altas.

Por otra parte, está el llamado “chayo” o “embute”, que es la cantidad de dinero que se da a los periodistas de los distintos medios de comunicación, para que hablen bien, o para que hablen mal de otros, o para que no peguen tan duro, o para que cuando se equivoca un político minimice los errores. Estamos refiriéndonos a cantidades astronómicas. En algunos casos se les da directamente en sobres; en otros casos, con los más pudorosos, se les ofrece regalos onerosos. A quienes están en televisión, como López Dóriga, o tienen sus propios programas radiofónicos, los contratos por supuesta publicidad son altísimos, son medios indirectos de cobro.

Pero hay casos todavía más escandalosos, algo nunca visto u oído por mí. Por ejemplo, un secretario de Estado recomienda a varios ciudadanos que necesitan que se le resuelva un problema, que acudan a un despacho para gestionar la posible solución. El despacho pide de entrada 100 millones de pesos por adelantado, para empezar a solucionar el problema en cuestión. ¡Jamás había visto tan insolente y grosera corrupción! No hay sector que se escape. Se dice que el Tribunal Electoral Federal recibió 17 millones de pesos para legitimar una decisión ilegal en la elección de una presidente del Comité nacional, siete para el presidente del órgano jurisdiccional electoral y 10 millones de pesos sólo para repartir.

Por todos lados, de una u otra manera está la corrupción. Esto debe terminar o terminará con el país. Algo tenemos que hacer. Se requieren medidas extraordinarias, que no podrán tomar los actuales partidos políticos nacionales o los actuales hombres y mujeres que toman las decisiones en el país, porque ellos forman parte del problema. La solución habrá de buscarse en otra parte y con otros actores. No veo la posibilidad que esto se reduzca o se combata a corto plazo, casi todo el gabinete federal está involucrado en algo turbio, y no me refiero sólo a los delegados federales, (un amigo me acaba de decir que en San Luis Potosí, donde casi todos los delegados federales son originarios del Estado de México, todos son corruptos sin excepción).

Creo que hasta 2018, será el año donde deberá definirse el nuevo rumbo de la nación. Si, al elegir al nuevo presidente de la República y Congreso federal, deberemos también disputar el nuevo destino de México y de los mexicanos.

Fuente original: Blog del autor.

One thought on “Corrupción en México: Hidra de mil cabezas

  1. Mientras el que está en la cúspide de la pirámide, el presidente de la República sea cínica y descaradamente corrupto, la corrupción seguirá bajando como en cascada a los niveles inferiores, hasta la base misma de la pirámide.

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