Cubanos en Costa Rica: Déjenlos ir

Cubanos varados en Costa Rica. FOTO: BBC
Cubanos varados en Costa Rica. FOTO: BBC

L. Alberto Rodríguez

La primera vez que ví a un “refugiado politico” cubano fue en la fastuosa colonia Polanco, de la Ciudad de México. Me llamó la atencion la enorme cadena de oro que colgaba de su cuello. Junto con otros cuatro, el personaje vestía también unos zapatos Flexi sin calcetines y una camisa de no muy mala calidad. Pensaría que se trataba más de un grupo musical que de un piquete de luchadores por la democracia; pero, vale, que aquí nadie está para prejuzgar. Lo que acaso pudo alentarme a sacar conclusiones es que éste sujeto de pronto se me acercó y me dijo con un acento muy marcado, pero en un volume bajo, como cuidando que su voz no se escuchra lejos: “Oiga compadre, ¿está interesado en agua de colonia, perfume para su mujer….?”

Recordé la escena por estos días en los cuales circulan fotografías de cubanos y cubanas varados en Costa Rica. Como sabes, desde el mes de noviembre poco más de 1, 600 cubanos y cubanas se encuentran varados en ese país, intentando cruzar Centroamérica y México hasta la frontera con Estados Unidos. La idea es que, una vez ahí se ampararen en la Ley de Ajuste Cubano, decirse exiliados politicos con el objetivo de obtener estancia legal en el país norteamericano. Pero luego de dos meses, apenas han sido liberados unos cientos de ellos y ya se habla de una crisis migratoria.

“Crisis migratoria”. Es una fuerte sentencia por estos días. Al leerla o escucharla me remoto a las balsas de familias sirias en Turquía; o los disparos a mansalva de ‘rednecks’ contra mexicanos; o los narco-secuestros de migrantes centromericanos en su cruce por México. ¿Pero pensarlo de un puñado de cubanos que yacen en Centroamerica con boletos de avión, handbags, snickers y gafas de sol? Quizá también vendan perfumes.

Pero no. Declaran estas personas que “persiguen un sueño de libertad”: llegar a Estados Unidos y comportarse como “yuma”. No es esto algo bueno o malo, necesariamente. Cada persona en su irrenunciable individualidad puede asumirse libre de la manera que más le acomode a sus intereses, ambiciones, riqueza intelectual, contexto socio-político, valores morales… Personalmente he sido testigo del real significado de “refugiado politico”. En México hay que cruzar la calle para encontrar alguno. No precisamente un extranjero. Puede ser un fotoperiodista local, huyendo de las autoridades dentro del propio país, o un grupo de familias buscando a sus 43 hijos desaparecidos.

Debido a esto, lo único que se desea es que la crisis de cubanos varados en centroamérica se resuelva debidamente. Que lleguen a México sanos y salvos donde ya les esperan asociaciones como la Casa del Balsero y Emigrante Cubano, organización experta en la trasiego de cubanos hacía Estados Unidos vía Cancún. Pagando su cuota de 10 mil dólares, llegarán a la Florida donde han de engrosar las filas de la clase trabajadora estadounidense; pagarán impuestos, créditos, salud, vivienda y los costos de una vida nueva.

Y que lo hagan sin presiones de fuera. Que vivan y los dejen vivir. Que los dejen en paz los lobbystas de las fundaciones cubano-americanas y que no intenten sacar raja política de un grupo de personas que unicamente aspira a comprarse un Prius y vestirse de Dockers, como en Cuba no pueden hacerlo. ¿Que de malo tiene eso? Nada. Y menos aún si terminan de normalizarse las relaciones entre La Habana y Washington. Ya no habrá necesidad de arriesgar la vida de cientos de mujeres, hombres y niños cubanos, haciéndolos dejar la isla para llegar a Centroamérica, tirando miles de dólares a la basura. Por mucho menos dinero habrán de tomar un vuelo directo entre las Floridas. Solamente un tonto se opondría a ello. Un tonto, o alguien muy astuto que no quiere perder el negocio de la emigración illegal. ¿Será por eso que algunos se empeñan en sabotear las relaciones Cuba-EEUU?

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