Debate y ficción de los medios pagados con recursos públicos

Medios mexicanos difunden versión del PRI

Homero Izaguirre*

Después de toda la controversia a causa del debate entre los candidatos a la presidencia de México y el partido Morelia (Monarcas) – UANL (Tigres) que fueron transmitidos a la misma hora, así como la postura empecinada de los dueños de las televisoras de no ceder para transmitirlo, me encuentro con un sentimiento profundo de preocupación en cuanto a la calidad de argumentos que se esgrimieron y cómo se siguen manipulando las campañas en los medios mexicanos. La relevancia del debate radica en conocer qué candidato es el más adecuado para afrontar la situación actual del país, para sacarlo del hundimiento y la sangre en el que está inmerso, y después de verlo, escucharlo y analizarlo, razonar para emitir nuestro voto.

La mayoría de las veces se aprovechó el tiempo tan corto para evidenciar en lo que se ha convertido la política actual, y esto hay que razonarlo. Pregunto ¿quién les dijo a estos candidatos que tiene pertinencia pública cómo se reparten las culpas de su mala gestión en el pasado? Es verdad, que se necesitan soluciones, propuestas, sin tanto “choro político”; es más, sin una sola gota de “rollo político”. Se necesitan respuestas directas, contundentes, claras para las mayorías, que el ciudadano común en México pueda entender y confiar. De qué le sirve a la señora, vendedora ambulante en un crucero, saber los millones de pesos que se gastaron en minutos al aire de televisión, o lo que se gastan manipulando y “chayoteando” a la prensa mexicana. ¿Comprenderá esta señora lo que significa este despilfarro y cómo le afecta directamente a sus bolsillos? Considero que lo que le sirve es saber quién le está robando este sustento diario para que no vote por ese partido.

¿De qué sirve saber qué pasó con la niña Paulette? Lo que necesitamos saber es dónde falló la justicia y quién fue responsable de cubrir la impunidad de ese crimen y de todos los demás, incluyendo el historial delictivo de los propios candidatos, para ya no votar por ese partido. Las soluciones pues, tienen que traducirse en acciones concretas. No en imágenes pagadas en los periódicos y las televisoras.

Hay unas cuantas preguntas más que quisiera dejar al aire, ¿hace cuánto tiempo saben estos candidatos que en estas fechas estarían luchando por la presidencia? ¿Esto es lo mejor que pudieron preparar? ¿Es lo que creen que merece el pueblo mexicano? ¿Acaso no sería mejor y más honesto que pudieran dar respuestas espontáneas e improvisadas en vez de tener mucho tiempo para recitar sus propuestas? ¿Por qué el IFE pide orden, si es el primer organismo en faltar a la seriedad de un ejercicio democrático al que tenemos derecho por ley los ciudadanos? Al son de los reclamos, lo que hace el IFE es pedir una disculpa, a manera cínica y jocosa, después de usar nuestros impuestos para pagar vedettes. Y todo México, al revés. ¿En qué lugar hay algún tipo de orden y estabilidad actualmente? ¿Dónde esta el interés real por la gente? ¿Por qué escuchamos las mismas frases, las mismas promesas, las mismas formas de evadir respuestas e incluso… la misma forma de faltarse el respeto y buscar la misma manera de desprestigiar al otro?

No creo que lo correcto sea buscar al mejor partido político y defenderlo, todos han incurrido en faltas a la ciudadanía y tropiezos en sus gestiones. Pero la contienda en la que su resultado define nuestro futuro próximo debe ser tomada con la mayor seriedad posible, empezando por las propias organizaciones que convocan como es el IFE y los directamente involucrados como son los partidos. ¿O es mejor seguir como ovejas a una multitud por que el murmullo resonante dice que es el mejor? ¿O es más sensato seguirle la corriente a los medios y votar por el partido que representa el mayor número de políticos corruptos, para no correr ningún riesgo? ¿Quién ofrece una solución viable y próspera a los problemas sociales más urgentes del país?

Desgraciadamente las razones que se escuchan con frecuencia para negar el apoyo a un candidato son argumentos como “ella no, porque es mujer”, “el otro tampoco por que es de los de antes”, “aquél no por que está loco” y “el que queda menos, por quien lo apadrina”. ¿Basarnos en rumores, especulaciones, lo que alguna persona cercana nos comentó o el spot transmitido en un medio masivo es suficiente para decidir?

Ser un ciudadano responsable, razonable y pensante implica meditar en lo que es más sano para la sociedad, para todos, para el país y para las generaciones más jóvenes. Claro que es muy difícil para estas generaciones creer que vamos a salir del atolladero con los cauces que hay, pero es a lo único que podemos tener acceso para continuar con mediana estabilidad.

Hay que escuchar a los candidatos, pero también hay revisar quién es cada quien, y analizar las reacciones mediáticas, porque son éstas las que están construyendo las mentiras con las que nos imponen vivir los próximos seis años. Lo improvisado y espontáneo del debate demostró la realidad cuando son personajes preparados para dar la imagen “agradable”, pero fabricada y empaquetada para su consumo o bien, para su aceptación en las masas.

No hay que olvidar el pasado reciente, es necesario tener memoria y preguntarnos: ¿Quién ha beneficiado más a México? ¿Quién ha sido más congruente con sus actos y su gestión pública? ¿Quién tiene más compromiso moral con la gente? Tomando en cuenta que las televisoras y sus empleados siempre han impuesto a los que claramente los favorecen y que la decisión final debe ser tomada individualmente sin dejarse influenciar por lo que los dueños de los medios quieran transmitir, es importante que cada ciudadano piense en su país a la hora de emitir su voto.

Es una era donde a muchos la tecnología pone al alcance la información sin censura. Tal vez sea hora de arrancarnos la costumbre y apagar la televisión para encender la computadora, así tendríamos otras versiones de lo que está sucediendo en México. Ya no es posible aceptar lo que nos inculcan las televisoras mañosamente, sin buscar una mejor solución para informarse, analizar, y decidir.

Por otro lado, no está de más recordar a todos aquellos que tienen acceso a la información y buscan la manera de conocer otra realidad, que acerquen esta información a quien todavía no puede hacerlo por su propia cuenta, y con esto se ayuda a construir un bien común. Si nos hacemos a la idea de decidir la mejor opción para el país, es necesario informarnos bien. Hay que recordar que somos nosotros, la mayoría, quienes se verán principalmente afectados si no tomamos con firmeza las riendas de un gobierno que necesita ser controlado por todos nosotros, nos esperan muchos años más de violencia, pobreza e inestabilidad.

Es menester pensar en que la situación de México va más allá de asegurar un puesto público, es recordar que a los millones de personas en el país actualmente se encuentran sufriendo por violencia, inseguridad, pobreza, hambre, falta de oportunidades, que el Distrito Federal no es la media de los estados. ¡Decidir por quien votar es un asunto nuestro, no de las televisoras!

Es hora de que México despierte, y se deje de ficciones.

*El autor es analista mexicano.

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