El debate #YoSoy132 y la relación México-Estados Unidos

Imagen de la red

Por Ricardo V. Santes Álvarez

El debate entre tres aspirantes presidenciales organizado por el movimiento #YoSoy132, fue exitoso. Se construyó enteramente por ese sector de ciudadanos jóvenes, informados y ocupados en contribuir al fortalecimiento de la libertad de expresión y la vida democrática en México. Se llevó a la práctica al margen de la sanción y acartonamiento de la instancia formal, el IFE, y en mismo se apreció a tres candidatos más “al natural”, que por momentos tuvieron oportunidad de dialogar entre sí, tanto con voz como con lenguaje corporal.

Fue un triunfo compartido también por todos los mexicanos, pues amén de mostrar que la organización y el acuerdo permiten los avances, evidencia que los millones de pesos del erario público que se gastan en debates oficiales nada tienen que ver con su calidad; confirma que los montos utilizados para este tipo de acontecimientos no se justifican.

Los temas acordados se materializaron en preguntas que inquietan no sólo al #YoSoy132 sino a muchos más; algunas ya habían sido tratadas, por lo que esta vez las posiciones de los candidatos se ampliaron. Los temas más controversiales fueron el asunto de los monopolios (televisoras, CFE, Pemex), y el de la inseguridad, que se vincula al negocio de las drogas y a la relación con Estados Unidos.

Sobre los monopolios, los tres aspirantes coincidieron en la necesidad de evitarlos, pero disintieron en cuanto a las formas; sobre todo en el caso de Pemex, pues en tanto que el candidato del Panal, Gabriel Quadri de la Torre, apostó por la modernización mediante la privatización y libre competencia, el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, planteó la modernización del sector mediante una reforma que combata la corrupción al interior de la empresa y permita reestructurarla, haciéndola eficiente con apoyo privado donde sea necesario, pero no mediante la privatización absoluta.

Decidida a confrontar a López Obrador, la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, se manifestó a favor de reformar Pemex, asumiendo que es lo que rechaza el candidato de las izquierdas; aunque mostró una postura ambigua y Quadri le demandó mayor precisión; sin aceptarlo, Vázquez Mota exhibió coincidencia con López Obrador al postular complementariedad en inversión pública y privada, si bien mantuvo la ambigüedad al inclinarse también por la libre competencia que planteó Quadri.

Respecto a la seguridad interna, la candidata oficial apuesta a continuar la estrategia de la derecha gobernante; la pregunta es: ¿podía ser de otra manera? Gabriel Quadri, favorece el fortalecimiento al estado de Derecho, es decir, orden y control, que en esencia repite la receta de Felipe Calderón. El candidato López Obrador rechaza la política de ocurrencias vigente, que ha causado la violencia, proponiendo un diagnóstico del problema y la atención de sus causas últimas; esto es algo consecuente con los principios de igualdad y equidad que están en la raíz del pensamiento de izquierda.

El asunto de las drogas fue similarmente polémico. Para Quadri, la solución es sencilla: hay que eliminar la política prohibicionista; así se terminaría el negocio. Tal vez acierte, pero no debe olvidarse que de ese lucrativo negocio se han servido influyentes personajes que, a los ojos de todos, viven como ciudadanos (y funcionarios públicos) honestos. En ese sentido, la legalización encontraría fuerte oposición de poderosos grupos de interés.

Para Vázquez Mota, el tema debe consultarse con los Estados Unidos pues ambos países deben actuar de manera corresponsable. Es lo que ha demandado Calderón a Washington. En la práctica, sin embargo, la corresponsabilidad funciona entre países pares en capacidad de influencia, no así donde existen relaciones asimétricas como la que mantienen México y Estados Unidos, donde lo que ocurre es sumisión del débil ante el poderoso. Es conocido que Estados Unidos aporta el dinero y las armas, así como el consumo de las drogas, mientras que México ofrece la nota roja de violencia y muertes, además de la producción y las vías de tránsito. Por ello, la corresponsabilidad que pregona Calderón, y que ahora enarbola Vázquez Mota, no significa lo mismo en uno y otro lado. Para López Obrador, por su parte, el asunto debe tratarse, primero, internamente: Lo que debe privilegiarse es el interés de los mexicanos; respetando a otros países pero defendiendo el respeto que México se merece de los demás.

En tanto que Vázquez Mota se aferra al discurso de la corresponsabilidad, López Obrador va a la raíz de las relaciones internacionales al defender el principio de la soberanía. No obstante, ambos se quedan en la medianía; obvian que ninguna postura es ciento por ciento pura. No se debe seguir acríticamente los pasos de Calderón, ignorando que existe un México que demanda cambios en la estrategia contra la inseguridad y el negocio de las drogas; tampoco puede soslayarse que la globalización incide en esos problemas, lo que obliga a una interlocución con otras naciones y a una reflexión sobre la soberanía tradicional.

La discusión sobre este espinoso tema fue por demás interesante, pues aportó indicios sobre el rumbo futuro de la relación de México con los Estados Unidos si alguno de los tres debatientes llega a la presidencia. Por una parte está el mantenimiento del statu quo con Vázquez Mota, y por otra, una readecuación del esquema de colaboración bilateral que atienda aspectos estructurales de base, con López Obrador.

Alternativamente, queda la estrategia que ya esboza el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, al anunciar la inclusión en su equipo de un asesor militar colombiano. Con ese personaje, la guerra frontal contra el crimen organizado transmutaría a una con sazón sudamericano, con todo lo que ello implique; pero que en todo caso, no dejaría de ser guerra ni terminaría con la violencia que ha marcado al actual régimen.

Es factible que el color partidista de quien asuma la presidencia de México sea lo que menos importa a Estados Unidos; empero, la crisis de seguridad que afecta a México produce una preocupante inestabilidad social que ya impacta en la Unión Americana, y eso sí enciende las luces de alerta en Washington. Felipe Calderón y Barack Obama bien pudieron haber discutido el asunto en la reciente reunión del G20 en Los Cabos. El mexicano ya se va pero Obama tiene la opción de repetir en la presidencia, de manera que la elección mexicana debe importarle; lo mínimo que debe cuestionarse es qué tipo de vecino al sur conviene más y qué candidato ofrece mejores garantías de estabilidad social.

A lo anterior hay que agregar que, luego de la reunión del G20, la declaración de Calderón haciendo votos porque la elección presidencial sea limpia y apegada a la ley muestra a un presidente interesado en dejar el cargo con decoro y reconocimiento por parte de la comunidad internacional. Tiene razón, esa sería su mejor tarjeta de despedida de la presidencia, y de presentación en una posible actividad en el exterior.

Volviendo al debate, entre otros temas adicionales, dos se abordaron de manera suave y con franco oportunismo: La atención a las comunidades indígenas y el sector de los jóvenes. Sobre el primero, se vio a una Josefina Vázquez Mota aseverando que conoce perfectamente cada rincón del país, y que los usos y costumbres “tienen que apegarse a los derechos humanos”. A un Andrés Manuel López Obrador reafirmando su trabajo sobre los asuntos indígenas en su estado natal y en sus recorridos por toda la República. Y a un Gabriel Quadri visionando un México indígena trilingüe. Veremos si la próxima administración trata la cuestión indígena, finalmente, con la seriedad que amerita.

El segundo aspecto, la atención a los jóvenes, fue utilizado por los candidatos para posicionarse ante sus interlocutores, pretendiendo recibir su beneplácito y, por supuesto, su voto en la jornada del 1 de julio. En esto hay que subrayar un endeble entendimiento de la emergencia del movimiento juvenil. A la candidata del PAN habría que señalarle que el #YoSoy132 no se integra por menores de edad o huérfanos buscando el regazo materno, como para merecer expresiones condescendientes como “queridos jóvenes” (que nos hace recordar aquel de “querida amiga”); mucho menos se merecen ocurrencias como la de sacar de la manga un gabinete de potenciales colaboradores que, como ella misma reconoció, no estaban enterados, y que por cierto, alguno se pronunció de inmediato rechazando tal posibilidad.

Al candidato del Panal vale decirle que el #YoSoy132 no está conformado por ingenuos como para aceptar la insinuación que ser joven es coincidir con “propuestas liberales” y ser viejo es sinónimo de quedar estancado en principios estatistas. Similarmente al señor López Obrador hay que aclararle que el movimiento sostiene no estar contaminado por ideologías partidistas y voluntarismos como para ser acrítico de sus propuestas y lugares comunes; no se conforma con eso y se lo hizo saber. En resumen, si alguno de los candidatos se presentó al tercer debate pensando que iba a convencer a los jóvenes con palabras melosas, tecnicismos o retórica, pienso que se equivocó.

Es de lamentar la ausencia en el debate del puntero en las encuestas “serias”, el candidato Peña Nieto. Creo que aunque el movimiento se declaró en un momento anti-Peña, no todos compartieron ese pronunciamiento; y aunque así haya sido, los asesores de Peña Nieto debieron considerar su participación en el evento. El argumento insostenible de que no estaban dadas las condiciones para asistir fue contraproducente para Peña (aunque él no lo ve así), pues perdió la oportunidad de mejorar su imagen ante quienes han sido sus más fuertes y auténticos críticos. Al despreciar el encuentro, perdió prácticamente toda oportunidad de tener algún voto de ese importantísimo sector social, justamente el que ahora acelera el cambio democrático que el país demanda. Sobre la excusa para no asistir, habrá que decirle a Peña Nieto que el #YoSoy132 aglutina solamente belicosos pensadores, fabricantes de visiones y planes para cambiar el país. No está constituido por porros que le pudiesen haber representado un peligro mayor, como al parecer supuso.

En lo inmediato, el debate sirvió para que los jóvenes del #YoSoy132 tuvieran una posición clara, y diría yo, definitiva, sobre qué candidato(a) merece su voto. Porque a diferencia de lo que algunos aseguraron de que el movimiento es pro-AMLO, en realidad se integra por una pluralidad de posiciones. Los tres aspirantes lo sabían y por eso atendieron la invitación. Tal vez quienes en un primer momento apoyaban a López Obrador hoy apoyen a Vázquez Mota, o viceversa; o tal vez elijan a Quadri de la Torre. Incluso puede ocurrir que, a escasos días de la elección, el movimiento llegue a consensar hacia quien inclinará su preferencia; porque el voto informado, razonado y conveniente, es una opción real, como lo demuestra el desplegado aparecido ayer en el periódico La Jornada, firmado por personajes de distintas trincheras, partidistas y apartidistas.

Coincido con quienes afirman que quien ganó el debate fue la ciudadanía, y si hubo un perdedor fue precisamente quien rehusó debatir y dejó una emblemática silla vacía.

Concluyo apuntando que hubo fallas técnicas para ver el debate. No obstante, peor que eso fueron los reprobables obstáculos impuestos para tal fin por gobernantes autoritarios. Un ejemplo es lo que ocurrió en el puerto de Veracruz, donde las autoridades locales coartaron a los ciudadanos la posibilidad de ver el evento en la plaza pública. No cabe duda, en estos días, Veracruz es noticia.

*El autor es investigador del Colegio de la Frontera Norte en Baja California

Twitter: @RicSantes

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