Democracia e izquierda: entrevista con Michelangelo Bovero

Michelangelo Bovero, filósofo discípulo de Norberto Bobbio Foto: percyacunhavigil.blogspot.com

Por Guadalupe Lizárraga

Michelangelo Bovero, filósofo político y coautor de diversas obras con Norberto Bobbio, nos habla de las exigencias a las que se ve inducida la izquierda en el contexto político actual. Imparte cátedra en la Escuela de Turín, una de las más reconocidas en los ámbitos del Derecho y Ciencia Política. En su reciente visita a México, aceptó ser entrevistado sobre la Izquierda y su relación con la democracia, en un momento en que ambos conceptos muestran sus debilidades frente al predominio del mercado.

Guadalupe Lizárraga: ¿Tú estarías de acuerdo con la tesis de que “ser de izquierda”, como una opción que aspira a ser legítima en un orden democrático, equivale a defender la igualdad social?

Michelangelo Bovero: Ahora sí. Primero, ser de izquierda quiere decir que alguien es de derecha, depende de los contextos. Contextos en donde hay hombres, movimientos que hacen referencia al valor del orden; si tú eres un liberal puro y duro, eres de izquierda frente a los demás. Derecha e izquierda son conceptos relacionados, relativos, no son identidades substantivas.

En todo caso, a la altura del desarrollo político del mundo actual, ser de izquierda quiere decir hacer un esfuerzo de interpretación del valor de igualdad, y por supuesto, los problemas graves, serios, del mundo son de enorme, de escandalosa desigualdad social, éste es el asunto. Pero, todo esto es muy genérico. ¿Qué quiere decir igualdad social?¿qué quiere decir cómo se logra? ¿Qué tienes que hacer para alcanzar algo que se parezca a igualdad social? Cuando hemos dicho que ser de izquierda quiere decir luchar en pro de la igualdad social no has dicho casi nada, el problema se queda ahí.

GL: Si para ser de izquierda tomamos como referente la defensa de la igualdad social ¿no estaríamos implicando que el mercado produce desigualdad?

MB: Sí, pero hasta ahora algo como el mercado es insustituible. El problema es doble. Primero, cómo hacer para poner límites a la lógica del mercado para que no llegue a dominar todos los sectores de la vida social, incluso el sector político.

Segundo lugar, desigualdad todavía es una palabra genérica, ¿cuál desigualdad? ¿en qué términos? Tú puedes decir: “un hombre es libre”, pero no tiene sentido decir “un hombre es igual”. Un hombre es igual o no igual o desigual a otro ¿en qué cosa? Cuando se enfrenta a un problema de igualdad con desigualdad, siempre tienes que contestar primero a las preguntas ¿igualdad o desigualdad?, ¿entre quién y en qué cosa?

El vacío de las ideas de izquierda, hoy en el mundo, no en México ni en Italia, ahora se fija justamente en este asunto, en este hecho. En el hecho de que, después de la quiebra del mundo socialista y de la idea misma del socialismo cuando de la crisis profunda, no se ha logrado tener éxito en los esfuerzos de una nueva interpretación del valor de la igualdad y de los hechos de desigualdad.

GL: El mercado, entonces, ¿produce desigualdad, además del supuesto de la formación de oligopolios, monopolios o contubernios con la autoridad política?

MB: Nuestros amigos economistas te contestarían que el mercado de por sí no implica sino excluye los oligopolios o monopolios. Nosotros sabemos muy bien que no existe el mercado perfecto en ningún lugar. Pero no es éste el asunto, en todo caso, el mercado como mecanismo de distribución de bienes produce desigualdad, incluso si no hubiera oligopolios, monopolios, pero el problema es el que te comentaba antes. Lo insustituible del mercado: la libertad.

Es una utopía sin significado en el mundo actual la abolición del mercado. El punto radica en la lógica de la mercantilización de las relaciones sociales; no hay un sector que no transfiera sus problemas a los otros sectores, en primer lugar al sector político. Algo como el mercado político, por supuesto, existe en todo el mundo, y es todo lo contrario de lo que podemos pensar bajo conceptos como democracia o igualdad.

GL. ¿No estarías avalando una vieja tesis de Marx, la teoría de la explotación?

MB. Quizás no. Mi gran viejo amigo Marx –el cual yo pasé estudiando cinco o seis años de mi vida-, al contrario de lo que se piensa en la cultura actual, tuvo muchas razones. La teoría de la mercantilización mundial es profecía justa, correcta de Marx, pero quizás los problemas son verdaderamente problemas. Los más graves hoy, no son sencillamente el problema de la explotación, sino es el problema de la desigualdad bíblica, lo que paradójicamente había visto de cualquier manera el maestro de Marx, Hegel. Es decir, en el mundo están cerca una de otra, la infinita miseria y la infinita riqueza, nosotros podemos ver en el mundo actual esto, esto es el verdadero problema.

GL: Otro de los puntos relevantes para la izquierda hoy, es el contenido axiológico en sus planteamientos ¿cuáles serían los valores o máximas que promovería la izquierda como propios?

MB: Para contestar esta pregunta hay que hacer un pequeño salto de lo que diríamos antes. A mi parecer, el mayor peligro que corre el mundo, incluso así llamado desarrollado, es el de la extinción, el del extinguimiento de la capacidad subjetiva de los sentimientos.

Eso radica en los problemas del video-poder. Bueno, la política en el mundo de hoy, no va hacia una solución aceptable si no logramos la capacidad de ser sujetos; por esto, yo creo que en el contexto de los problemas de la desigualdad social tienen que tener, en primera plana, un proyecto de izquierda.

El primer lugar, en este contexto, tendría que otorgárselo al problema de la capacitación de los individuos. No dejarse manipular por los medios de comunicación es un problema de educación cívica.

La única –qué lástima–, pero la única cosa que comparto con la izquierda italiana, es eso: invertir en el sector de la educación pública, de la educación cívica en todos los niveles, desde los chiquitos hasta la universidad, hasta la investigación científica. Lo que no se logra en ninguna parte del mundo desarrollado. Los que se quedan en la universidad y realizan investigaciones científicas son simplemente lugares privilegiados.

GL: Invertir en la educación pública ¿sería una diferencia fundamental con la derecha?

MB: Sí, yo creo que sí. A las derechas no les importa nada de la educación igualitaria. La derecha es el mundo del privilegio, por eso yo creo que las izquierdas, geográficamente hablando, tendrían que apuntar muchas de sus energías hacia un proyecto de capacitación humana.

Bobbio habla que una de las grandes promesas incumplidas de la democracia es el ciudadano no educado. El asunto es éste, invertir energía, proyectos, fuerzas hacia una idea de educación a la ciudadanía.

GL: El proyecto general de una nueva izquierda ¿se resolvería en un estado liberal democrático o por el contrario, polarizaría con él?

MB: El estado liberal democrático es irrenunciable. ¿Qué quiere decir estado liberal democrático? Quiere decir un estado en el que tú como individuo, tú quiere decir cualquiera, como individuo tienes libertades garantizadas; puedes desplazarte a algún lado como quieras, puedes expresar tu opinión como quieras, puedes reunirte con alguien como quieras, puedes crear asociaciones como quieras, éstas son libertades irrenunciables que nos llegan de la tradición liberal, pero son universalizables e irrenunciables.

Primero, un estado liberal democrático quiere decir que a nadie le corresponde el derecho de decirte qué tienes que pensar o qué tienes que decidir, esto es irrenunciable. Luego, hay dos espacios donde puedes intentar proyectos de mejoramiento de la sociedad, de hacer una sociedad mejor, la óptima sociedad es enemiga del bien –decían unos filósofos–, pero no se trata de plantear el asunto de una óptima sociedad sino de una sociedad mejor. Bueno, la sociedad mejor se puede pensar bajo ciertos principios de valor, implementando ciertos principios de valor a cambio de otros, ¿cuál es el valor de la izquierda? justamente la igualdad, pero unas ciertas igualdades.

La justicia es un asunto de igualdad, es una cuestión de igualdad. La justicia, el principio de justicia, como sabemos desde hace más de dos mil años de historia occidental es tratar a los iguales como iguales y a los desiguales como desiguales. La justicia no es a cada quien la misma cosa, sino a cada quien lo que le corresponde bajo ciertos criterios.

GL: ¿En qué se diferencian estos planteamientos de los de la derecha?

MB: A cada quien la misma cosa, en algún tiempo fue un planteamiento equivocado de algunas izquierdas, por ejemplo de La sociedad de los iguales de Babeuf, que está equivocado porque está en contra de todo principio de modernidad, en el sentido bueno del término, que quiere decir el primado de la identidad individual sobre cada identidad colectiva, quiere decir el primado de lo que yo selecciono, de lo que quiero hacer, pero que quiero ser sobre lo que es mi identidad, como dicen los filósofos, adscriptiva.

Tú no has elegido ser mujer, esto es un pedazo de tu identidad, pero de tu identidad adscriptiva, no electiva. Bueno, una sociedad mejor como proyecto de izquierda quiere decir mayor espacio a las elecciones, a la posibilidad de volverte lo que quieres volverte y no lo que eres como nacimiento.

* * *

Estas últimas líneas dichas por Bovero, nos invitan a reflexionar en el proyecto de nación que queremos como mexicanos. Cuando Bovero habla de “mayor espacio a las elecciones, a la posibilidad de volverte lo que quieres volverte”, inevitablemente me enfrento a varias cavilaciones: en el proyecto de nación que queremos los mexicanos, y en el papel de la izquierda en esta gran tarea; en el tipo de sociedad que queremos pero sobre la base de la instauración del estado liberal-democrático. Éste ya no está más a debate. Un estado moderno es un estado liberal democrático. La pregunta empieza aquí: ¿bastaría con eso?

Pensar en un proyecto de izquierda o de derecha es hablar ya sobre la base de un grupo de derechos y libertades que, nos dice Bovero, son irrenunciables, inalienables. Derechos y libertades que no son de izquierda ni de derecha: son el requisito primordial para ser ciudadanos. Sólo así podremos ser capaces de elegir nuestro rumbo histórico; antes de ello, mientras las izquierdas –y pienso aquí especialmente en la izquierda mexicana– no sean capaces de construir su identidad histórica y política, en el marco de las exigencias de nuestro tiempo, estaremos en el círculo perenne de la simulación.

Mientras siga habiendo resistencia al paso de la modernidad, aun estado plena y genuinamente democrático y liberal, seguiremos siendo “menores de edad”, y antes de aspirar a un proyecto de nación desde la perspectiva de izquierda o de derecha, tenemos que buscar la posibilidad de elegir lo que queremos ser: simplemente ciudadanos, en el sentido original del concepto.

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