El asesinato de George Floyd algo tenía que cambiar en el mundo

by Freedom Socialist Party/Anthony Quintano

En todo el mundo, el imperialismo estadounidense toca su clarín para proclamar que es el máximo representante de una sociedad democrática bendecida por el estado de derecho, la libertad de expresión y las oportunidades económicas. Es difícil saber cuántas personas todavía creen esto, ciertamente no aquellos que han sufrido bajo las ocupaciones e invasiones militares estadounidenses o las prepotentes exigencias del Departamento de Estado y los bancos de EE. UU. Pero quizás todavía había unos cuantos crédulos el 25 de mayo de 2020, el día en que George Floyd, un trabajador negro de Minneapolis, fue asesinado por la policía por una cuestión de $ 20.

Todo lo que ha sucedido desde ese fatídico día le ha mostrado al mundo la verdadera cara de la “democracia” estadounidense. Los responsables de hacer cumplir la ley son los delincuentes; la libertad de expresión tiene que ser defendida en las calles; y las oportunidades económicas han sido completamente secuestradas por una élite profesional y bien educada que sirve a un sistema de clase supremacista blanco dirigido por multimillonarios abiertamente o tras bambalinas.

Algo tenía que cambiar

La chispa que encendió el barril de pólvora fue la manera casual y confiada en que Derek Chauvin, un oficial de policía blanco, asfixió a Floyd frente a espectadores mientras que el hombre desarmado suplicaba por su vida.

El hecho de que esta actitud sea rutinaria de costa a costa en muchas comunidades pobres y de clase trabajadora, pero especialmente en los barrios negros, propagó las llamas desde Minneapolis a todo el país. Y los policías locales no son los únicos con esta actitud; al contrario, dicha actitud es normal en un cuerpo policial racista y en sus agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) a lo largo de las fronteras, de la Oficina Federal de Investigación (FBI) que espía a los estadounidenses del Medio Oriente, y de las otras 17,983 agencias de policía locales, estatales y federales del país. 

El 25 de mayo de 2020, el asesinato de Floyd fue la gota que colmó el vaso. Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan) se formó después de los asesinatos policiales de Michael Brown, Eric Garner y Tamir Rice, de 12 años, en 2014. Fueron seguidos por los asesinatos de Freddie Gray en 2015, y Breonna Taylor y Manuel Ellis en 2020. Todos eran negros. También hubo protestas, sobre su muerte y las de otros, pero no hubo ningún cambio fundamental sino hasta que una joven de 17 años tuvo el valor de grabar a Floyd llamando a su madre y gritando “No puedo respirar”, la misma súplica exclamada por Eric Garner en la ciudad de Nueva York.

Para el 27 de mayo, las protestas que proclamaban “Black Lives Matter” se habían extendido por todo el país y el presidente Trump consideró públicamente el uso de la fuerza militar en Minneapolis. Pero el público (y al menos algunos generales de ayer y hoy) no estaban de humor de que Trump violara la Primera Enmienda.

La ira y la frustración se propagan como incendios forestales

En lugar de terminarse, las manifestaciones se hicieron cada vez más grandes después del 27 de mayo. Lo que comenzó como protestas locales se convirtió en un diálogo a nivel nacional dirigido por los negros sobre el racismo estructural y la raza; la alta tasa de muertes de los negros en la actual pandemia de Covid-19; el fracaso de un sistema de salud privatizado para satisfacer las necesidades de los pobres; los posibles métodos de control comunitario sobre la policía, como el establecimiento de concejos de revisión civiles electas e independientes con personal remunerado, fiscales especiales y el poder de investigar los cargos de corrupción o violencia policial; y retirar el financiamiento a la policía o abolirla por completo.

Los negros de todos los extractos sociales comenzaron a revelar sus sentimientos de alienación, temor, agotamiento, ira y aislamiento en una sociedad que durante 400 años los ha linchado y encarcelado, les ha negado sus derechos humanos básicos a una buena educación y vivienda, y no ha podido reconocer el precio que han pagado en sangre, sudor, lágrimas y mano de obra esclava o barata para enriquecer a este país.

De manera crucial, muchos blancos y otras personas de color escucharon con empatía, eliminando las divisiones raciales que son tan importantes para el poder de la clase dominante de los Estados Unidos. Se unieron a las marchas y protestas. Lo que había comenzado como una protesta predominantemente negra se convirtió en una gran rebelión multirracial contra las opresivas fuerzas policiales locales y contra un gobierno federal indiferente, mentiroso y poco profesional y contra su presidente narcisista. En medio del gas lacrimógeno, las bolas de pimienta y las granadas explosivas, el lema “¡Las vidas negras importan!” resonó una y otra vez. Lo que también parecía presente en la forma en que muchos gritaban dicho lema era la sensación de que cuando las vidas de los negros importaran, las vidas de otras personas oprimidas y explotadas también serían importantes. Creció la sensación de que el cambio fundamental es necesario en todos los aspectos de la sociedad.

Una crisis política en ciernes

Las tensiones sociales generalizadas ya estaban aumentando antes del asesinato de Floyd, por muchas razones tanto recientes como de hace mucho tiempo. Entre ellos estaba el maltrato racista del presidente hacia los inmigrantes, su aprobación pública de la extrema derecha y su descarada hostilidad hacia los defensores de los derechos civiles.

Un sector creciente del electorado ve con creciente escepticismo al presidente y la forma en que funciona la “democracia” en los Estados Unidos. Los ataques a los derechos electorales de los negros se han convertido en un escándalo nacional. El presidente ha defendido a racistas y violadores como “estadounidenses leales” y “muy buenas personas”. El Congreso se encuentra en un punto muerto permanente. Más de 2.2 millones de hombres y mujeres están en prisión, muchos de ellos negros. Y la corrupción gubernamental es una pandemia en sí misma, como en el caso de Alexander Acosta, el ex Secretario de Trabajo y amigo de Trump, quien renunció en desgracia por un acuerdo de culpabilidad que hizo con el multimillonario y financiero pedófilo Jeffrey Epstein.

Había muchas otras razones para desilusionarse. La principal es que la democracia estadounidense se reduce esencialmente a elecciones presidenciales cada cuatro años en las que los votantes pueden elegir entre dos y solo dos partidos defensores del statu quo.

Los jóvenes votantes realmente vivieron en carne propia los límites de la democracia burguesa en torno a la campaña de Bernie Sanders para presidente. Fueron testigos de cómo los poderosos del Partido Demócrata expulsaron a Sanders y lo reemplazaron con Joe Biden, un insípido político veterano cuyo principal atractivo es haber sido el vicepresidente del presidente Obama. Hoy llenan las calles en solidaridad con los jóvenes negros que están liderando un desafío radical a la operación habitual de la política en el centro del imperialismo.

Dada la presencia de las masas en la calle, los demócratas y los republicanos se aferran al poder y esperan que hacer algunas reformas muy débiles a la policía provocará que todos regresen a sus casas. Si no es así, existe la amenaza de enviar militares fuertemente armados y en servicio activo para mantener la paz. Los rumores de una ofensiva emanan regularmente de la Casa Blanca.

Una economía tambaleante es la causa de todo

Las bases para esta expansión de la rebelión en los Estados Unidos han sido establecidas por la crisis estructural del capitalismo. Desde 1971, ha habido una decreciente tasa de crecimiento en los centros capitalistas, así como una crisis climática cada vez más profunda y un enorme crecimiento en la especulación capitalista y el aumento del desempleo.

Estas inclemencias han afectado fuertemente a la clase trabajadora de los EE. UU., sobre todo a la comunidad negra. Debido a siglos de racismo, los negros ocupan el puesto más alto entre los desempleados, sufren de la peor salud y tienen los menores recursos para enfrentar una recesión económica. Las mujeres negras se encuentran en la peor situación, ya que sufren de una discriminación racial y sexual desenfrenada, y por lo tanto se encuentran en la parte inferior de cada grupo salarial. Al mismo tiempo, no reciben asistencia significativa de un gobierno hostil que las ve como vividoras.

Aun así, Trump insiste en que bajo su gobierno a los trabajadores les ha ido muy bien en general, y a los negros específicamente. De hecho, ha habido una erosión lenta y constante de los logros de todos los trabajadores obtenidos en la década de 1960. La enorme brecha de riqueza en los Estados Unidos entre los multimillonarios y los millones de personas sin hogar (muchos de ellos trabajadores negros, desempleados o ambos) habla por sí misma.

Wall Street y la pandemia de Covid-19

Hacia la segunda mitad de 2019, los economistas estadounidenses comenzaron a hablar sobre una próxima desaceleración económica o recesión. Sin embargo, Wall Street seguía acumulando ganancias. Entre el 12 y el 19 de febrero de 2020, el mercado de valores alcanzó un máximo histórico, solo para caer unos días después en el mayor descenso desde 2008. Volvió a caer bruscamente a principios de marzo debido a la pandemia de Covid-19 y a la guerra del precio del petróleo entre Rusia y la OPEP. A nivel mundial, las acciones cayeron un 25 a 30 por ciento a medida que el desempleo en los EE. UU. se disparó.

La sociedad estadounidense estaba al límite. Casi treinta y siete millones de personas habían solicitado el desempleo a mediados de mayo, eliminando los logros laborales desde la recesión de 2008. El sistema de salud estaba en una crisis real y en las noticias se hablaba del número de muertes todos los días, desde la mañana hasta la noche. Asimismo, el sistema de pensiones se vio amenazado por la inestabilidad de Wall Street, y muchos se preguntaban si alguna vez volverían a encontrar trabajo.

A la crisis económica se sumaba la evidencia diaria de la crisis política en Washington, D.C.

La pandemia expuso a Trump en su peor momento: no estaba preparado en absoluto ni tenía interés en dirigir al país para enfrentarse a una verdadera crisis. Sus peligrosas y poco científicas recomendaciones en las conferencias de prensa diarias demostraron una vez más que es completamente incompetente. Como de costumbre, lanzaba muchas amenazas y hacía promesas vacías. Ni siquiera fingió ser el presidente de todos. El eslogan “estamos todos juntos en esto” perdió su sentido debido a la escasez de equipos de protección personal para trabajadores médicos y otros trabajadores esenciales, agravado por el fracaso del gobierno federal para crear un plan nacional de acción contra la propagación de Covid-19.

La cuestión de usar o no usar cubrebocas se politizó hasta el punto de que los populistas de extrema derecha, animados por los medios y grupos políticos de derecha, organizaron manifestaciones en frente de los edificios del Capitolio de varios estados portando descaradamente pistolas y armas semiautomáticas y exigiendo que se abrieran los negocios de nuevo a pesar de la pandemia.

Todos estos factores encendieron el fuego que continúa ardiendo en todo el país, especialmente dado que aún persisten los asesinatos por parte de la policía y que se supo que dos hombres negros, que se encontraron colgados de unos árboles en el sur de California, han sido clasificados como suicidios en lugar de ser investigados como posibles linchamientos.

Seattle: estudio de caso de un movimiento cambiante

Las protestas en Seattle, Washington, han sido de las más fuertes. Los manifestantes cierran regularmente el tráfico de la principal autopista norte-sur que se extiende desde México hasta Canadá desde la explosión de Black Lives Matter. La ciudad y los pueblos circundantes son la sede de docenas de protestas, a veces casi diarias.

En las primeras manifestaciones pacíficas, la policía de Seattle respondió con mano extremadamente dura, lo que llevó al consejo de la ciudad a prohibir el uso de la asfixia y del gas pimienta. Posteriormente, un juez federal dictó una prohibición hasta el 30 de septiembre sobre el uso de granadas explosivas, gas pimienta y gas CS (un arma química ampliamente utilizada por el ejército estadounidense en la Guerra de Vietnam).

La ira de los manifestantes hacia la policía se centró en la estación del Recinto Este en Capitol Hill, un barrio históricamente gay. La policía finalmente se retiró de la estación y se estableció en las calles una comunidad alternativa que se conoció como la Protesta Organizada de Capitol Hill (CHOP, por sus siglas en inglés), en un radio de seis cuadras que incluía un parque donde mucha gente acampó. Los manifestantes mantuvieron a raya a la policía y mantuvieron reuniones periódicas para discutir políticas.

El liderazgo de CHOP ha estado mal definido y ha cambiado con el tiempo. La población mayoritariamente juvenil de CHOP es una mezcla de razas y tendencias políticas, entre ellas radicales como el Partido de Libertad Socialista y Mujeres Radicales, anarquistas, organizadores negros independientes, representantes de negocios negros y muchas de las personas sin hogar de Seattle. Se celebran debates abiertos regulares, pero no se ha definido un objetivo final, aunque una larga lista de demandas comunes incluye la reducción del presupuesto policial a la mitad; el reencauzamiento de esos fondos a las necesidades sociales, particularmente en la comunidad negra; y la anulación de los cargos contra todos aquellos que han sido arrestados durante las protestas.

Dada la falta de liderazgo responsable de CHOP y la creciente irritación de la comunidad que lo rodea, no es difícil imaginar cuál puede ser el futuro de esta ocupación utópica, a pesar de la pasión y el compromiso de muchos de sus miembros. Al momento de escribir este artículo, parece posible que el final esté cerca. Los representantes autonombrados que negociaban con los funcionarios de la ciudad ya habían cedido parte del territorio de CHOP cuando el área se convirtió en escenario de cinco tiroteos, dos de ellos mortal, durante 9 días a partir del 20 de junio. Muchas personas comenzaron a marcharse voluntariamente después de la violencia armada, y la alcaldesa anunció su intención de recuperar el control del área y reinstalar a la policía en el cuartel general del recinto. La hora final llegó el 1 de julio. Después de otro tiroteo que mató a un chico de dieciséis años e hirió a uno de catorce, la policía entró, arrestó a los 20 defensores restantes de CHOP y prometió reabrir el cuartel del recinto.

Mientras tanto, una noticia positiva de Seattle es que una de las discusiones públicas celebradas en la comunidad se centró en un esfuerzo de colaboración para expulsar al sindicato de policía de Seattle del Consejo Laboral del Condado Martin Luther King. Entre los iniciadores de la acción están los Trabajadores Organizados para la Solidaridad Laboral (OWLS, por sus siglas en inglés), un bloque socialista del consejo y el Partido de Libertad Socialista. La resolución fue aprobada con el 55 por ciento de los votos, la primera acción de protesta en todo el país. Es un acto justo que hace mucho que debería haber ocurrido.

Desde la votación en el consejo laboral, OWLS dirigió una protesta multisindical y multirracial en apoyo a empleados públicos negros que se enfrentan a un racismo arraigado en el servicio de transporte del condado. Su lema “La vida de los trabajadores negros importa” ubica a la lucha contra el racismo donde se puede ganar: en la clase trabajadora.

La situación de Seattle, como la de otras ciudades, muestra tanto las fortalezas como las debilidades de un levantamiento masivo espontáneo, así como el papel clave que el movimiento laboral puede desempeñar para brindar enfoque, definición y el peso de sus cientos de miles de trabajadores organizados para luchar.

Una lucha que resuena en todo el mundo.

Cuando las personas más oprimidas de los Estados Unidos se levantan dentro del país más violento y fuertemente armado del mundo, las personas oprimidas se unen a la lucha y la hacen suya.

Al igual que durante la lucha por los derechos civiles de los negros en la década de 1960, las personas marginadas se han convertido en los protagonistas de sus propios países. Están protestando tanto en solidaridad con los negros de los EE. UU. como para exigir justicia y el fin a la violencia policial y el racismo estructural por su propia cuenta.

Algunos cuantos de los lugares en los que han estallado protestas son la Gaza y Cisjordania, el Reino Unido, Siria, Brasil, Argentina, España, Francia, Japón, Corea del Sur, Puerto Rico, República Dominicana, Nueva Zelanda y Australia, mientras que los Dalits super oprimidos protestan contra el sistema de castas de la India.

Reforma policial: ¿es posible?

La movilización de Black Lives Matter comenzó como una lucha monotemática dentro de los límites de la reforma capitalista, para poner fin a la brutalidad policial. Sin embargo, está creciendo para convertirse en un movimiento de múltiples asuntos que plantea demandas que tienen que ver con todos los aspectos de la realidad. Estos incluyen, entre muchos otros temas, buenas escuelas públicas, educación gratuita hasta la universidad, el derecho de los prisioneros a votar, el restablecimiento de la acción afirmativa y el fin del “camino de escuela a prisión”, así como el encarcelamiento masivo. No obstante, el movimiento aún debe reconocer el capitalismo estadounidense como el vínculo que conecta el racismo estructural, el sexismo, la homofobia, la xenofobia, etc., en nuestro país y en el resto del mundo.

Puede ser posible “eliminar el financiamiento de la policía”, si lo que se quiere decir es recortar el presupuesto de la policía y asignar parte de ese dinero a los servicios sociales. Es posible lograr un nivel modesto de control comunitario de la policía a través de concejos de revisión civiles electas e independientes. Tal vez se pueda presionar al Congreso para que apruebe una prohibición de asfixia a nivel nacional en este momento debido al asesinato de Floyd. (Reglas como esta se han instituido a nivel local en el pasado y luego se han ignorado). Es posible que se pueda obtener la aprobación para recortar la cantidad de equipo militar excedente que se envía a las fuerzas policiales locales bajo varios programas federales (esos programas deberían incluir el requisito de usar dicho equipo, ¡al menos una vez al año para poder mantenerlo!). También podría establecerse una base de datos nacional de agentes agresivos y el fin de la inmunidad calificada, doctrina que impide responsabilizar a los policías en ciertos casos de brutalidad.

Sin embargo, la aplicación estricta de estas reformas, en caso de que de alguna manera fueran aprobadas, es difícil de imaginar bajo el sistema político y económico actual, el cual no satisface las necesidades básicas del pueblo. La realidad es que la inestabilidad y la rebelión están creciendo aquí y en todo el mundo, y que la función básica de la policía es ser la vanguardia de defensa del capitalismo contra las masas.

Un aparato represivo es absolutamente esencial para mantener el orden capitalista y el gobierno de una diminuta clase dominante sobre la sufrida mayoría de la clase trabajadora de todas las razas y condiciones. La amenaza para la clase capitalista gobernante es demasiado grande como para que ésta desmantele el poder policial del estado.

Una lucha internacional fundamental

Hoy se habla de “reinventar la policía”, pero a pesar de lo que las personas oprimidas puedan imaginar para mantener a las comunidades seguras, uno tiene que darse cuenta de que la seguridad de la comunidad no es el propósito de la policía bajo este sistema.

La vigilancia capitalista tiene como propósito proteger la propiedad, expandir los mercados y mantener seguros a los ultra-ricos, en todas partes y en todos los países. Y si eso significa encarcelar a millones de personas y matar a otros para mantener una fuerza de trabajo barata y obediente, que así sea.

El capitalismo y la policía están confabulados en un sistema de distribución desigual de la riqueza, lo cual crea escasez para gran parte de la población mundial, y la incesante competencia que es inherente al sistema de lucro.

La mayor fuerza policial internacional es el ejército de los EE. UU., cuyo trabajo es mantener la estabilidad y las altas ganancias en todo el mundo, hecho que coloca a la lucha negra contra el abuso por parte de las fuerzas del orden en la agenda mundial.

La lucha de hoy es revolucionaria e internacional. No podemos poner fin a la militarización de la policía de los Estados Unidos sin poner fin a la militarización del mundo por parte de Estados Unidos. No podemos acabar con el racismo institucionalizado sin eliminar al capitalismo, sistema que surgió de la riqueza creada por un acaparamiento de tierras indígenas y por la esclavización del trabajo negro. Podemos y debemos luchar por reformas de supervivencia, pero estas siempre serán transitorias y sufrirán un ataque constante hasta el día en que la clase trabajadora internacional esté en el asiento del conductor.

La lucha de Black Lives Matter en 2020 está acelerando la llegada de ese día.

 

Fuente: socialism.com

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