El ayuntamiento de Culiacán reclama 30 mil pesos a una minusválida

 

Miguel Alonso Rivera Bojórquez

Martha Guadalupe Picos Ocampo
Martha Guadalupe Picos Ocampo

CULIACÁN, Sinaloa.- Esta es una de esas historias no contadas, de seres humanos que enfrentan obstáculos y adversidad en busca de justicia, que vagan en un eterno peregrinar sin ser escuchados, ignorados, en un mundo donde reina la indiferencia y la falta de conciencia social.

Martha Guadalupe Picos Ocampo nació el 17 de mayo de 1992, en la humilde cuna de Daniel Picos Cárdenas y Rosa María Ocampo Enríquez. Sus 23 años de vida han sido de lucha debido a secuelas de meningitis, con retraso psicomotor, razón por la cual tiene que desplazarse con ayuda en una silla de ruedas.

Así la encontramos tocando puertas en el Palacio Legislativo.

Su hablar es fluido pero los músculos del cuello y la espalda se observan rígidos y sus movimientos corporales de manos, piernas y brazos se encuentran severamente afectados.

A pesar de la adversidad Martha Guadalupe siempre ha buscado superarse a pesar de un hogar disfuncional al separarse sus padres.  Estudió hasta el tercer semestre de la carrera de Licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Sinaloa, sin embargo tuvo que dejar sus estudios debido que la administración del presidente municipal Moisés Aarón Rivas Loaiza le quitó la beca de dos mil pesos que le había brindado el anterior alcalde Héctor Melesio Cuén Ojeda.

Joven inteligente y perseverante, actualmente ella subsiste de lo que le pagan sus vecinos por ayudar a sus hijos a hacer tareas.

Martha Guadalupe vive en el Fraccionamiento Villa Bonita, por la Calle Cerrada de las Minas Número 5966, entre Avenida Urales y Cerrada Cerro Siete Gotas, de esta ciudad de Culiacán, Sinaloa.

Debido a que se separaron sus padres tienen problemas con la vivienda, ya que su padre era el titular de ese crédito hipotecario y ya no ha pagado las mensualidades. A lo anterior hay que agregar que tampoco su padre quiso firmar un documento para que se le cedieran los derechos de la vivienda a su madre.

En esa pequeña casa Martha Guadalupe vive con su mamá y su hermano Esteban, de 19 años de edad, quien trabajaba de cocinero en un restaurante y ya no pudo seguir estudiando por la difícil situación familiar.

Además que, Esteban, a su corta edad ya tiene dos hijos a los que también tiene que mantener. Actualmente Esteban se encuentra incapacitado debido a que le sacaron el apéndice. Esteban tiene el pendiente de sus hijos porque tiene que darles sustento y tampoco tiene dinero.

Martha Guadalupe vive también con su pareja Joel Adán Aguilar, quien era jornalero agrícola en Chihuahua y actualmente se encuentra desempleado. Tienen a una niña de cuatro años de edad, Teresita Guadalupe.

El celular de Martha Guadalupe es 6673075499, quien incansable, sigue tocando puertas para sacar adelante a su familia, buscando trabajo y apoyo para retomar sus estudios para salir adelante.

Ocupa trabajo, obviamente apoyo para estudiar y su sueño sería contar con una computadora.

Como si fuera poco, después de tanta adversidad, a eso se suma la siguiente interrogante:

“Una pregunta, no tenemos agua en la casa, la tenemos cortada y cada mes nos sigue llegando un recibo de mil pesos. Desde el 2012 nos la cortaron porque no teníamos dinero para pagar pero no entiendo porque cada mes la cuenta aumenta mil pesos”, dijo.

Trae el recibo de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado (JAPAC) en sus manos.

JAPACEs insólito, pero el documento fechado con el 23 de septiembre de 2015, señala una cuenta por cobrar de $30,761.00 (treinta mil setecientos sesenta y un pesos).

De esa cantidad, en efecto, el desglose muestra un adeudo vencido de 1,134.50, 13,023.29 de adeudo rezago y 14,895.80 por recargos moratorios.

Hay que mencionar que la cuenta también contempla 10 pesos por notificación de adeudo, 92 pesos por cooperación pro bomberos y 257.40 por servicios de agua que no deberían cobrarse porque no hay agua.

Sin embargo, sin falta, cada mes, el recibo llega con 1,134.50 pesos de cobro adicional.

La humilde casa no tiene vidrios en el primer cuarto porque su padre, como no quería que estuvieran ahí, los quebró.

Ante todo lo anterior, Martha Guadalupe sigue su peregrinar, sin importarle las barreras arquitectónicas y la sordera de las autoridades y funcionarios públicos insensibles, esperando despertar la receptividad y respuesta social para recibir el apoyo que le permita seguir luchando por superarse.

​Donde pasa va dejando sus sueños y el ejemplo de su sonrisa.​

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