El paquetazo del FMI para México

 

Raúl Ramírez Baena*

En los 30 años recientes de neoliberalismo, el sistema económico capitalista ha sumado poder al presionar mediante crisis y con un mayor control a los Estados que han seguido las reglas del Fondo Monetario Internacional y del sistema financiero de los países hegemónicos.
Noam Chomsky

Cual vil país bananero, el pasado 3 de octubre fueron anunciadas por el gobierno de Lenin Moreno (que no hace honor a su nombre), en Ecuador, una serie de medidas neoliberales para cumplir servilmente con las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI). El llamado “paquetazo” (Decreto 883).

Estas medidas impuestas unilateralmente por el mandatario ecuatoriano, imponen la eliminación del subsidio a las gasolinas, la disminución del 20 por ciento de remuneración para los contratos ocasionales, la reducción de 30 a 15 días de vacaciones a los empleados públicos y la eliminación del impuesto de salida de divisas, entre otras iniciativas tendientes a la flexibilización de la fuerza de trabajo que, por supuesto, se suman a una constante imposición de políticas hambreadoras y antipopulares definidas por los organismos financieros internacionales y que se han venido desarrollando en los últimos años, tanto en Ecuador como en otros países del continente, cuyas consecuencias provocan también el aumento gradual de las migraciones.

Gracias a la movilización social, sobre todo de los pueblos indígenas del Ecuador, y después de la fuerte represión y toque de queda que arrojó varios muertos, heridos, encarcelados y desaparecidos, el presidente cedió al establecer una mesa de diálogo y a derogar el paquete económico impuesto por el FMI.

Las inefables recetas para México

Como si nada hubiera pasado en Ecuador con el rechazo popular a las recetas neoliberales de uno de los principales organismos representantes del capital financiero internacional, y las graves consecuencias de sus políticas impuestas a los países del continente, ahora, el FMI se atreve a proponer para México el libreto a seguir:

  1. Gravar los alimentos con el impuesto al valor agregado (IVA), medida agresivamente regresiva en tanto que la población pobre destina un porcentaje más alto de sus ingresos a este rubro que las clases medias y altas.
  2. Liberar al mercado los precios de las gasolinas con el absurdo argumento de que subsidiar el costo de los combustibles favorece a los ricos (identificados como poseedores de automóviles), sin tomar en cuenta que con esa medida se aumenta también el costo de las mercancías, incluso de los artículos de la canasta básica; de los servicios de transporte público urbano y foráneo, y que millones de familias dependen del automóvil como instrumento de trabajo.

El FMI no se percató o no quiso ver las multitudinarias protestas de enero del 2017 en el país, en rechazo al gasolinazo de Enrique Peña Nieto, medida que contribuyó a colocar a su partido, el PRI y sus aliados, en la antesala de la derrota electoral del 2018.

  1. Otra medida consiste en implementar una reforma para aplicar impuestos a la propiedad y el registro de vehículos, como la tenencia, para reducir las transferencias del gobierno central a los estados y municipios y reducir las participaciones federales.
  2. Y como cereza del pastel, el FMI propone a México liberar la inversión de la iniciativa privada en Pemex. Ni más ni menos que entregar la explotación petrolera, el petróleo y la producción secundaria a las trasnacionales.

A pesar de que el FMI es un órgano de las Naciones Unidas, sus políticas impuestas a los países del Tercer Mundo están fuertemente vinculadas a los intereses del capital financiero, de los oligopolios, las trasnacionales y las economías altamente industrializadas, cuyas inversiones en los países de la periferia buscan ser protegidas a costa de lo que sea.

Para México, el FMI argumenta que la situación financiera de Pemex “sigue siendo débil, su deuda es elevada y la producción había estado cayendo hasta hace muy poco”. Que el plan de negocios de AMLO (las refinerías, para reducir la importación de gasolinas) limita la cooperación con firmas privadas.

Y más aún, de no aplicarse su programa, presagia un panorama sombrío para México, que para 2019, el crecimiento de la economía del país se redujo de 0.9 por ciento que el FMI tenía en julio pasado, al 0.4 por ciento, “como producto de la revisión anual que realizó el directorio ejecutivo del organismo”. Para 2020, su actualización bajó a 1.3 desde el 1.9 por ciento anterior.

Es indudable que este libreto de ajuste estructural cuenta con el aval de la clase empresarial y los opositores al régimen, chocando con las políticas económicas y sociales trazadas por el presidente López Obrador, y no sólo eso, de llevarse a cabo, tendría un fuerte impacto en los derechos civiles, económicos, sociales, culturales y ambientales de la población; que provocará mayor pobreza en la población, más desplazamientos, más migraciones, más violencia homicida e institucional, más adicciones y tráfico de drogas y más economía informal.

¿Dejaremos que el FMI imponga sus planes a México?

Raul Ramirez Baena

Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, AC. Articulista de opinión en La Jornada de Baja California y Los Ángeles Press.

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