Empalme Sonora: El silencio ante el narcoterrorismo

PRIMERA PARTE

Por Guadalupe Lizárraga

EMPALME, Sonora.- Había recibido dos amenazas antes de que mataran a su familia si no aceptaba “tirar cristal”. Se referían a la venta de metanfetamina en Empalme, Sonora. Una droga más potente y barata que la cocaína. Con la primera amenaza, José de Jesús Luna Franco no les hizo caso. Hacía dos meses que lo habían despedido de su trabajo en el Ayuntamiento de Empalme, y vendía tacos dorados en el puesto de su padre, en el centro de la ciudad, y organizaba torneos de futbol para niños. “Tenía muchos conocidos”, le decían. Pero él reiteró su rechazo a vender droga. Los sicarios le dijeron que “como era culón, que si no trabajaba para ellos, lo iban a dejar sin familia”. Con la segunda amenaza, José de Jesús se quedó en silencio hasta que se marcharon sus agresores. Conocía muy bien a uno de ellos, había sido su compañero de clase en la escuela primaria. A los demás los identificaba porque eran conocidos en la ciudad, sabían a qué se dedicaban además de aterrorizar a la gente.

El 10 de septiembre de 2019, José de Jesús se encontraba en su casa, en la colonia Libertad, con su esposa Perla Verónica Viera Arreola, su hijo Dayron de 7 años, su hija Keily de 2, y su hermano Cristian Abel de 25, tres años menor que él. Cristian había ido a la casa de José de Jesús porque había discutido con su esposa, y mientras descansaban les narraba la situación. Perla fue a la cocina por un vaso de agua, cuando vio por la ventana que llegaban unos hombres en dos camionetas. Dos de ellos traían armas y los otros dos unos bidones de gasolina. Corrió con su esposo espantada, pero apenas alcanzó a decirle de los hombres, cuando éstos ya habían abierto la puerta a patadas para introducirse hasta el cuarto donde estaban.

Uno de los hombres le dijo a José de Jesús que “lo quería ver el patrón”. Lo sacó a golpes, y con una pistola en escuadra, le golpeó la cabeza. Otro de los hombres dijo “mátenlos a la verga”, y José de Jesús sintió un profundo coraje, se levantó y empujó con todas sus fuerzas al hombre que sostenía un arma larga, al otro lo golpeó en la cara, y salió corriendo de la casa, descalzo y en shorts. Intentaba que lo siguieran para sacarlos de su casa, pero los hombres le dispararon y una de las balas le atravesó el hombro derecho; otra, le rozó la pierna izquierda, y cayó sobre el pavimento. Desde allí alcanzó a ver su casa en llamas.

II

José de Jesús se fue caminando herido hasta las viejas vías del ferrocarril, cerca de un boulevard, donde un chofer de tráiler lo auxilió. Duró siete días para reponerse. Varios medios de Estados Unidos lo dieron por secuestrado, sin investigar más. Los medios nacionales no le dieron cobertura. Se iba enterando de su familia por las redes sociales y la prensa local. Su hijo Dayron Jesús había fallecido al día siguiente del incendio con quemaduras de tercer grado en el 95 por ciento de su cuerpo. Se había quedado escondido debajo de la cama para resguardarse de los hombres que se habían llevado a su padre. Una persona lo sacó de la casa a los minutos del incendio, pero ya había sufrido mucho. Keily, su hija menor, primero había sido traslada a Guaymas, pero por la gravedad de sus heridas, la trasladaron a un hospital especializado en Sacramento, California, donde aún se encuentra en cuidados intensivos. Sus quemaduras fueron de tercer grado, en el 90 por ciento de su cuerpo, había perdido una pierna, y unos dedos de una de sus manos. La niña había sido sacada de la casa en llamas en brazos de su madre. Pero eso también le costó la vida a Perla, de 31 años. Falleció el 23 de septiembre, y alcanzó a identificar a los agresores en su declaración ministerial. El hermano de José de Jesús, Cristián Abel falleció el 20 de septiembre. Tenía quemaduras de segundo grado en el 58 por ciento de su cuerpo. También alcanzó a declarar ante el ministerio público y a identificar a los agresores.

 

Dayron Jesús Luna Viera, de 7 años, falleció por quemaduras de tercer grado en el 95 por ciento de su cuerpo, víctima de ataque narcoterrorista. Keily, 3 años, se encuentra en cuidados intensivos en un hospital de California.

III

La voz de Perla, esposa de José de Jesús:

“Recuerdo que la persona que estaba parada por fuera de la casa gritó a las otras personas que nos mataran a la verga a todos, en eso escuché varios disparos y las personas que traían la gasolina empezaron a rociar toda la casa, y de pronto vi que una persona se agacha y prende un encendedor, y se empieza a quemar toda la casa. Yo corro para con mis hijos para el cuarto para salir por la puerta de atrás de la casa, pero estaba cerrada, y veo que la casa está en llamas, y agarro a mi hija Keili y la saco entre las llamas, pero salimos todas quemadas, y me metí a una tina con agua junto con mi hija, ya que no soportaba el dolor. En eso escucho que mi hijo Dayron estaba llorando dentro de la casa y veo que varios carros se paran enfrente de la casa, ya que se estaba quemando, y una persona que no sé quien es, vi que se metió a la casa y sacó a mi hijo Dayron todo quemado. En eso llegó mi suegro, y subió a su carro a mi hijo Dayron, y se lo llevó al hospital. Después llegó la Cruz Roja, y nos trasladó a mí y a mi hija Keili al hospital de Empalme. Quiero decir que si viera estas personas en fotografía, en video o en persona las reconocería plenamente porque tengo grabadas sus caras. Por ningún motivo pienso regresar a Empalme, estoy aterrorizada por lo que nos sucedió, y temo por mi vida y la de mis hijos. Estoy segura de que estas personas van a intentar hacernos daño de nuevo”.

José de Jesús Luna y su esposa Perla Verónica Viera.

La voz de Cristian Abel, hermano de José de Jesús

“Traían en sus manos unos garrafones de gasolina y rociaron toda la casa. Uno de ellos gritó: ‘Los vamos a matar a todos, porque vamos a quemar la casa’. Cuando sacaron a mi hermano, se oyeron unos dispararon y mi cuñada salió corriendo a ver, pero ya no miró a mi hermano. Cuando regresó al interior de la casa, uno de los hombres se agachó a encender la gasolina, y rápidamente se escuchó un silbido y un flamazo. Fue cuando mi cuñada agarró a la niña para salir por atrás pero la puerta estaba cerrada, y nos regresamos por la puerta principal. Ya afuera, escuchamos a Dayron que estaba gritando, y una persona de tantas que había allí se metió por el niño. Ya lo sacó muy quemado, luego llegó mi padre, agarró a mi sobrino y se lo llevó al hospital. Ya no quiero regresar a Empalme, tengo mucho miedo, estoy aterrorizado por esas personas”.

Cristian Abel Luna y el niño Dayron Jesús, víctimas del ataque narcoterrorista en Empalme.

IV

En la declaración ministerial que alcanzó a dar Cristian Abel Luna antes de morir, señaló que reconoció a los cuatro hombres que entraron a la casa, golpeando la puerta, dos armados y los otros dos con bidones de gasolina. Dijo que eran “muy mentados en Empalme por andar en la venta de droga… Uno de ellos que es el Cano Ballesteros agarró a mi hermano del brazo, jaloneándolo, para que se saliera y pegándole en la cabeza con una pistola… Mi cuñada le gritaba a mi hermano que se saliera por los niños. También andaba Jesús Hernández Esquivel, de apodo El Oliver, quien traía un rifle en sus manos, otros dos de nombre Damián Díaz Romero, de apodo El Flaco, y José Ignacio Ruiz Cortez, de apodo El Mojarras”.

En el expediente judicial se señala que los imputados reflexionaron en su actuar, traían armas de fuego sin autorización legal, traían recipientes con gasolina, allanaron la morada y golpearon la puerta hasta abrirla para introducirse al interior de la casa. Estos fueron José Ignacio Ruiz Cortez (a) El Mojarraz, Damián Díaz Romero (a) El Flaco, Jesús Hernández Esquivel (a) El Oliver, y Alejandro Ballesteros Patiño (a) El Cano Ballesteros. Los que se quedaron en los automóviles eran Juan Carlos Real Nieblas (a) El Mocho y Jorge Enrique Cuesta Grajeda (a) El Caballo.

 

Los cargos imputados a los agresores por parte de la Fiscalía de acuerdo con la calificación jurídica fueron homicidio calificado en número dos y tres, homicidio calificado en grado tentativa, allanamiento de morada cometido por incendio con alevosía, premeditación y ventaja, asociación delictuosa y terrorismo. Sin embargo, en el desarrollo del proceso, el cargo de terrorismo previsto y sancionado en el artículo 133 Bis del Código Penal de Sonora fue eliminado. El expediente especifica que “no se establece” este delito porque “no se desprende que de dicha conducta delictuosa haya tenido como fin causar alarma, temor o terror en la población de Empalme, Sonora, ni hayan puesto en peligro la seguridad de dicha población, siendo el objeto jurídico tutelado del delito en estudio la integridad física y jurídica de la nación mexicana y la seguridad interna del Estado”.

Pero la sociedad de Empalme, Sonora, se sintió agraviada. Exigió al presidente municipal que no se realizaran eventos del Día de la Independencia porque estaba de luto y por temor a nuevos ataques. Una sociedad que no comprende la crueldad de los sicarios, y muestra su indignación y temor en las redes sociales, así como su solidaridad con las víctimas. Pero para esta sociedad, pese al escamoteo jurídico del artículo 133 Bis, se trata de narcoterrorismo. 

 

Torneos de futbol para niños en los que participaba José de Jesús Luna con su equipo.
Uno de los entrenamientos con niñas y niños por José de Jesús Luna.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *