Es la historia, Enrique

Peña Nieto con la reina Isabel en Londres. Foto: red
Peña Nieto con la reina Isabel en Londres. Foto: red

Ramsés Ancira

No importa que tan apuesto luzca, poco sirve lo grandioso que parezca el cartel que proclama en el Reino Unido “El Día de México”; o las alabanzas de los capitalistas al presidente que con un “partido minoritario” ha logrado imponer reformas que vencen las tradiciones. El peso de la historia es demasiado, el viaje en carroza real al estilo Cenicienta, en versión Walt Disney, funciona en las telenovelas pero ofende en la política de un país donde el Partido Verde se gasta mil millones de pesos de nuestro dinero y lo multan sólo con el cinco por ciento. Donde sale tan barato robar.

“Las puertas de Los Pinos se abren desde adentro”, contó Luis Donaldo Colosio que le decía Raúl Salinas de Gortari para convencerlo de asistir a las reuniones en las que Carlos Hank González, Joseph Marie Córdoba Montoya y otros políticos y empresarios se reunían, no para discutir los grandes problemas nacionales, no para planear la forma de mejorar la política social, sino para saber qué negocios se podían hacer al amparo del poder.

Colosio reveló que detestaba acudir a estas reuniones y por eso, cuando lo mataron, nadie en su sano juicio pudo creer la teoría del asesino solitario, por mucho que haya loquitos fácilmente manipulables como pudo ser Mario Aburto. Además, porque nunca se esclarecieron otros crímenes simultáneos ni por qué el dirigente del PRI en Tijuana, Antonio Cano, había pedido expresamente que no hubiera policía local en el acto celebrado en el estado entonces gobernado por el Partido Acción Nacional. Tampoco se permitió a las autoridades locales participar en las investigaciones posteriores.

Jueves 22 de enero

The Economist publica el editorial El Pantano Mexicano con un subtítulo por demás significativo: “No entiende que no entiende”. Días después, Enrique Peña Nieto desmiente que no entienda y declara en el extranjero que sí sabe que hay un clima de desconfianza e incredulidad que atribuye a los crímenes en Iguala del pasado 26 de septiembre.

Sí sabe entonces Peña Nieto que es parte del problema.

Su gobierno detiene a los narcotraficantes La Tuta y Z-42. Antes ya lo había hecho con el sanguinario Z-40, y eso sería bueno; pero lejos de que esto contribuya a saber cómo le hicieron los Zetas para asesinar a 72 migrantes y a los pasajeros de autobuses de Omnibus de México (que fueron enterrados con todo y camiones), lo que sucede es que no sólo se encierra a los presuntos genocidas, se aísla en una prisión de máxima seguridad a la verdad que pudiera desentrañar los crímenes más brutales que se han cometido en el planeta en el Siglo XXI, solo comparables a los crímenes de guerra en Bosnia Herzegovina, durante la última década del siglo pasado.

No sólo se dedicaban a las drogas en Michoacán, también al chantaje a empresarios de todos los niveles, desde los tortilleros hasta los concesionarios de canales de televisión por cable, desde los limoneros hasta los aguacateros, pero también a los mineros que explotan el cobre.

Para sacar el metal y venderlo en China, La Familia requería llevar toneladas hasta la costa para poder embarcarlos. Ahora mismo hay buques de carga chinos detenidos por cargas presuntamente ilegales. Pero para esto, como para obtener los buldozers con los que enterraron a las víctimas de las masacres de San Fernando se requiere la participación de funcionarios locales y federales. Por las regiones donde operaban muchos de ellos serían priistas.

Puede entenderse, aunque no justificarse que el gobierno federal tema tocar a militares por los casos de Tlatlaya y Ayotzinapa, aunque al menos en el primer caso sea obvio que no había razones para fusilar a 15 personas que ya se habían rendido, por otra razón que no fuera silenciarlos. Tampoco ha querido darnos explicaciones de por qué los soldados desalojaron a los normalistas de Ayotzinapa de una clínica privada de Iguala cuando había un joven muriéndose. Abandonar a un moribundo es un delito no sólo para militares, sino también para civiles.

Mientras tanto a Raúl Salinas sí le abrieron desde afuera las puertas de su exoneración y de los millones de dólares que depositó en Suiza con pasaportes falsos con el sello del Estado mexicano; y el líder legislativo del PRI, Emilio Gamboa Patrón, opera para Peña Nieto a pesar de que está demostrado que negociaba con particulares leyes federales, como la del juego (http://www.eluniversal.com.mx/nacion/142796.html).

Por si fuera poco, no contamos con una Fuerza Aérea policial que pudiera reaccionar con prontitud y eficacia cuando ocurren crímenes de alto impacto, como pudieran ser los de diputados federales o periodistas… ah, y contra lo que hacen Podemos, en España o Syriza en Grecia el argumento de venta que hace el secretario de Hacienda es que también en 2016 habrá recorte del gasto público por lo que no habrá infraestructura y seguirán las condiciones para mantenernos jodidos.

Cuatrocientos años antes de Cristo, Platón describió la oligarquía como un modelo de Estado en el que sólo importaban los cargos públicos y los lujos superficiales para unos cuantos. Nos preguntamos: ¿cómo los vestidos de diseñador extranjero ostentados ahora por Angélica Rivera de Peña en Londres? Dijo también que la oligarquía daba lugar a la Democracia cuando el Partido de los Pobres se imponía al de los Ricos, entonces nacía la Democracia, aunque esta también acababa corrompiéndose y cediendo el paso a la Tiranía.

Según dice Platón en el Libro VIII de La República, para ser buen gobernante es necesario cultivar el espíritu, sobre todo con la música, y el cuerpo con la gimnasia. Sabemos al menos que el gobernador del Banco de México no sabe nada de esto último.

Y decía también Platón que los defensores del pueblo se asemejaban a los adoradores de un templo de Zeus que comían carne humana. Les gustaba tanto que se convertían en lobos y acababan depredando a los que antes defendían, así nacía otro modelo de gobierno: la Tiranía. Hay que poner en duda, como lo afirma la propaganda del PRI, que ellos crearon la UNAM y el Politécnico, pero en todo caso eso sería en el pasado porque ya no construyen ciudades universitarias, ni vías férreas porque mantener los lujos de los priistas y los excesos de su socio Verde, cuesta más caro que reforestar bosques o limpiar ríos. Son nuestros hombres lobos del Siglo XXI

¡Qué más quisiéramos que celebrar contigo, Enrique, el Día de México! ¿Pero sabes qué? No sólo nos lo impide la historia, también el triste presente.

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