Golpes espectaculares, ciudadanos indefensos: el caso de Ángel María

Campaña en favor de Ángel de María Soto. Foto: perfil FB
Campaña en favor de Ángel de María Soto. Foto: perfil FB

 Ricardo V. Santes Álvarez*

Para Ángel de María Soto

Noticia de primeras planas

El lunes 15 de julio los mexicanos nos enteramos de una noticia impactante: un famoso líder del crimen organizado, el “Z-40”, había sido aprehendido en el estado de Tamaulipas mediante un operativo realizado por la Marina. En conferencia de prensa, un representante de la Secretaría de Gobernación narraba los detalles de la captura, con discurso tan trastabillante que demeritaba la firmeza que se espera del gobierno cuando ventila acciones positivas.

Con todo, el exitoso operativo ocupó al día siguiente encabezados en medios locales y extranjeros. Ni tarda ni perezosa, la agencia antidrogas estadounidense (DEA) felicitó al gobierno mexicano, quien terminaba con lo que calificó como un “despiadado liderazgo”. Barack Obama aprovechó una entrevista para referirse al asunto, asentando que el hecho demostraba el compromiso de Enrique Peña para enfrentar la amenaza transnacional que significa el narcotráfico.

Pronto vinieron algunos desencantos. Expertos en el tema vaticinaron que otro capo ocuparía el lugar del recién aprehendido; la silla, se dijo, correspondería al “Z-42”. Asimismo, que la mentada captura beneficiaba a la organización de otro afamado delincuente, uno que hace algún tiempo “se le escapó de la cárcel” a Vicente Fox. Pero eso no es todo; los especialistas advierten que se espera una respuesta violenta de la delincuencia organizada.

Esto último es lo realmente preocupante para los ciudadanos. En una “guerra” iniciada por el desgobierno de Calderón (que con algunos matices se mantiene en la administración actual), donde se maneja una cifra de más de 80 mil muertes, resulta que muchas de ellas corresponden a gente inocente… y se nos previene que habrá más.

Es poco ya lo que causa sorpresa a la atribulada sociedad mexicana; más muertes no le causarán extrañeza; pero nunca serán admisibles. La captura de un malhechor no puede ocurrir a cambio de sangre inocente; tampoco para recibir una “estrellita” en la frente de manos de la DEA, o el beneplácito del presidente de poderosa nación.

Si realmente la nueva estrategia gubernamental es utilizar la inteligencia, ésta debe extenderse para avizorar acciones que protejan la integridad y los derechos de los ciudadanos. No sólo es cosa de cumplir los compromisos transnacionales sino, sobre todo, los nacionales, aquellos para los que el gobierno en turno fue elegido. Un cambio inmediato, que parece ser sello del sexenio, es enderezar los entuertos heredados de la gestión pasada (el asunto de los generales es una muestra); pero es algo todavía insuficiente. La fabricación de pruebas y culpables es práctica preferida por sobre la investigación inteligente; es una anomalía enquistada en los guardianes e impartidores de justicia, e incluso en círculos del sector privado, y no se erradicará de manera sencilla.

Le plantan droga en su maleta en el aeropuerto de Lima, Perú. Foto: FB
Le plantan droga en su maleta en el aeropuerto de Lima, Perú. Foto: FB

Ciudadanos indefensos

En efecto, la maquinación de probanzas y culpabilidades es un terrible cáncer. Es sin duda una cuenta pendiente de la actual administración federal, pero lo es también de los gobiernos sub-nacionales, el sector privado, y la sociedad en general.

Un caso reciente, que está levantando gran ola de inconformidad e indignación en México y el extranjero, es la detención, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), de la educadora xalapeña Ángel de María Soto Zárate, a quien se acusa de narcotráfico. Todo aconteció en un contexto que se antoja harto sospechoso. Veamos.

Ángel de María, licenciada en educación preescolar, de 23 años, profunda creyente de la fe católica como la mayoría de los mexicanos y miembro de la organización religiosa Comunidad Incienso de Dios, había planeado con bastante antelación un viaje a Río de Janeiro, Brasil. La travesía la realizaría en compañía de otros integrantes de dicha congregación de fe, con la intención de participar en la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Francisco. Muchos de sus conocidos lo sabían porque la joven daba a conocer, por vía de Facebook, el avance de sus preparativos para el anhelado viaje y encuentro con el Pontífice. Llama la atención que este viaje sería el primero que Ángel de María realizaría fuera de México.

El grupo de creyentes partió de México el pasado jueves 11, haciendo una escala en Lima, Perú. Pero ahí empezó el vía crucis para la chica xalapeña, pues se percató que no llevaba consigo su pasaporte. Por tal motivo, ya no podría continuar hacia Brasil. Regresó a suelo nacional el sábado 13.

Al arribar al AICM, Ángel de María se encontró con la desagradable sorpresa que su equipaje no aparecía. Luego de denunciarlo, optó por retirarse. En eso estaba cuando se le informó que su propiedad había sido localizada, pero al ver lo que se le presentaba replicó que no le pertenecía; simplemente no lo reconocía. Sin embargo, el equipaje exhibía un “ticket” que correspondía a la joven, por lo que se presume que personal del aeropuerto de Lima intervino en el asunto cambiando dolosamente el registro.

La maleta se encontraba cargada con cocaína, de manera que a Ángel de María se le instauró averiguación previa número PGR/DDF/SZC/AIM/375/2013-07, y el lunes 15 fue enviada al reclusorio de alta seguridad de Nayarit.

¿Es creíble que una persona que sale POR PRIMERA VEZ EN SU VIDA de su país y PISA EXCLUSIVAMENTE EL SUELO DEL AEROPUERTO de otro país (que por cierto, NO ERA SU DESTINO), regrese al propio “cargada” de droga? ¿Le sustrajeron el pasaporte para obligarle a regresar a México e inconscientemente actuar como portadora? Cuando personal de aerolíneas y autoridades aeroportuarias así lo deciden, todo eso es perfectamente posible.

En círculos sociales de Xalapa existe perplejidad y profunda indignación; sobre todo por tratarse de una persona de probo comportamiento y alto sentido altruista. Lo descrito puede ocurrir a cualquiera; a nuestros hijos, a nosotros mismos. Por ello, lo menos permisible es el silencio.

Recurrentemente tenemos noticias de malos elementos de la autoridad que incriminan a inocentes “sembrándoles” evidencias, teniendo como fin principal la extorsión. Pero en relación al problema que nos ocupa ¿Dónde terminó el cargamento de narcóticos y en manos de quién?

Tal vez el lector recuerde aquel mes de junio de 2012, cuando se suscitó una balacera en la Terminal 2 del AICM, donde unos policías federales mataban a otros policías federales. Todo, se afirmó, por cuestiones de narcotráfico. ¿Se acabó con esa red de complicidades transnacionales entre personal de aerolíneas, autoridades y crimen organizado, o simplemente se dejó al olvido del tiempo? Porque si esa es la clase de servicio, vigilancia y seguridad que persiste en el AICM lo mismo que en otros aeropuertos del mundo, como el de Lima, nadie puede sentirse tranquilo, y lo vivido por Ángel de María es tan comprensible como inaceptable.

Está claro que la corrección de irregularidades y torcimientos de la ley que cometen malos servidores no merecerá una nota en los medios locales; menos en los extranjeros; mucho menos una felicitación de la DEA; y ni soñar con un reconocimiento al presidente de México por parte de su homólogo de Estados Unidos. Pero haría un gran cambio en el rumbo de nuestra deteriorada sociedad el que Peña Nieto muestre interés por actuar en apego a Derecho y justicia, sin distingos, ante un problema que es sumamente grave: la corrupción en las instituciones, públicas y privadas. Es claro que la fabricación de pruebas y culpables es uno de los actos de corrupción más deleznables que se comete en muchos ámbitos; los aeropuertos no son la excepción.

En tanto el gobierno se anima a resolver los pendientes, la sociedad no debe cruzarse de brazos. Reitero que el caso de Ángel de María es tan comprensible como inaceptable. No está cerrado ni debe estarlo; por el contrario, ha de ser el inicio de un imparable movimiento de conciencias y una vigorosa organización ciudadana que, esta sí, cambie el rumbo del país.

*El autor es analista político mexicano.

Twitter: @RicSantes

 

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