IFE, entre la jactancia y la frivolidad

Leonardo Valdés Zurita, prsidente del IFE Foto: red

Francisco Bedolla Cancino*

Dura, muy dura debe haber sonado la declaración hecha por AMLO la semana pasada sobre la eventualidad de la comisión de un fraude electoral el próximo 1 de julio, que motivó al día siguiente que el presidente del Consejo General, Leonardo Valdés, arropado por el pleno de los consejeros electorales sentenciara en su sala de prensa que “La voluntad de los ciudadanos expresada en las urnas, el voto libre y secreto, será el único criterio que decida quién ganará la Presidencia de la República […]”.

Se trata, si bien miramos, de una declaración de defensa obligada a cargo del árbitro de la contienda en relación al cumplimiento de sus obligaciones constitucionales y legales: ofrecer a la ciudadanía una organización comicial ajustada a los principios democráticos de libertad y justicia. En tal contexto, no hay lugar a la sorpresa sobre la igualmente valentona que pronta reacción del Consejo General del IFE, pero sí la hay en cuanto a la pobreza de las razones que sustentan la confianza en que no habrá en unas semanas trucos ni ventajas indebidas que contravengan la voluntad mayoritaria de los mexicanos: los mecanismos de participación, vigilancia y monitoreo electoral en que inciden ciudadanos, representantes partidistas, observadores electorales y visitantes extranjeros.

Hace dos décadas, en los años mozos del IFE, el recurso argumentativo del consejero presidente hubiese sido de “diez”, digno de aplauso. En 2012, lo que éste revela, en tratándose de la máxima autoridad organizativa, es una mezcla muy grave de desconocimiento y menosprecio sobre los que hoy en día son los riesgos mayores de la democracia electoral: la inequidad en el acceso a los tiempos oficiales; el incumplimiento de los pautados por parte de los canales de radio y tv; la precariedad de la cultura cívica promedio; la mala capacitación de los funcionarios de casilla; la irrupción de los mercados “negros” de tiempo mediático (“infomerciales”); el fraude informativo, sea bajo la forma de encuestas “rigurosas” o de debates “chatarra”; las campañas denigratorias; la intrusión del financiamiento ilegal en las campañas; y las formas sofisticadas de compra-venta del voto.

Así las cosas, bueno hubiese sido que Valdés y consejeros que le acompañan enfrentaran el presagio del fraude electoral mencionado por el candidato de las izquierdas con razones de peso, es decir, ofreciendo argumentos y evidencias contundentes de que los riesgos de la democracia electoral ya señalados han sido neutralizados de manera exitosa por la acción del IFE. Por desgracia para nuestra endeble democracia, las condiciones en que discurre la contienda presidencial contravienen el decir del consejero presidente, no sólo porque todos los riesgos se han actualizado en este proceso en diversa medida, sino porque nos acercamos a un final de fotografía entre el primero y el segundo lugar, en medio de un clima de opinión polarizado por las señales de que, preso de las lógicas partidocráticas, el IFE ha sido torpe y lento para proveer condiciones para una comunicación política abierta y deliberativa así como para una competencia justa, sin ventajas indebidas para competidor alguno.

Finalmente, en lugar de decir por qué la compra-venta de votos ha dejado de ser un riesgo pese a que uno de cada dos mexicanos padece algún grado de pobreza, el IFE optó por el camino simplón: aseverar, por decreto, que no hay de qué preocuparse, pese a los indicios cada vez mayores de los errores en la impresión de las boletas, del fracaso en la construcción de ciudadanía y en la capacitación de los funcionarios de casilla.

Para colmo de todos los males, en el IFE se elude una cuestión fundamental: que hoy el Consejo General, más que una solución, es parte del problema de la desconfianza. La mala noticia para ellos y para el futuro del país es su carencia de autoridad moral ─y técnica─ para arbitrar un resultado cerrado. Lamentablemente, el IFE que hoy tenemos bambolea entre la jactancia y la frivolidad.

El autor es Doctor el Filosofía Política y actual Director Académico de la Universidad en Desarrollo, Campus Puebla.

2 thoughts on “IFE, entre la jactancia y la frivolidad

  1. EPN es un perro rabioso… Como lo acabaremos si ya será el presidente? Eso de que sería el presindete ya estaba grabado, sino pues les recomiedo el librito “LOS SEÑORES DEL NARCO” de Anabel Hernandez…

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