Inteligencia de EEUU con información falsa pone en riesgo comunidades afganas

Por Rebecca Murray 

Foto: Rebeca Murray / IPS

JALALABAD, Afganistán, dic (IPS) – Una redada nocturna en la localidad afgana de Hakimabad, en la oriental provincia de Nangarhar, muestra el verdadero rostro de la ocupación militar extranjera encabezada por Estados Unidos y lo que significa para la población local.

Qari Mohammad Bashir escuchó a su sobrina gritar desde el jardín del fondo de su casa poco antes de la medianoche del 27 de octubre. Bashir, un comerciante y líder religioso de 33 años del remoto distrito agrícola de Jogyani, tomó una linterna y salió.

“¡No se mueva! Somos de la ISAF (siglas en inglés de Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad)”, gritaron varios hombres fuertemente armados que habían escalado los muros del lugar y se le abalanzaban.

Los soldados extranjeros, acompañados por intérpretes afganos, le ordenaron a él y a su hermano que se desnudaran y se arrodillaran. Los esposaron y les vendaron los ojos, relató Bashir.

“Actuaban con rudeza, me tiraban de la barba y del cuello preguntándome si conocía a ciertos líderes del Talibán, pero no los conocíamos”, dijo.

 Los militares allanaron casa por casa toda la noche en Hakimabad, parte del distrito de Jogyani, registraron los muebles y confiscaron las armas que suele tener la población para defenderse en esta insegura región. En algunos casos, se llevaron dinero, según dijeron varios vecinos a la reportera.

En una de las casas, Zabihullah, de 18 años, relató que su padre, quien trabaja en un proyecto de infraestructura del gobierno, había sido amenazado por combatientes del movimiento islamista Talibán para que dejara su empleo. El muchacho pensó que era un ataque talibán cuando los soldados hicieron volar la puerta con explosivos.

Otro vecino, Asif Amin, profesor del departamento de inglés de la Universidad de Nangarhar, en Jalalabad, la capital provincial, relató que estaba de visita en su aldea cuando allanaron la vivienda familiar. “Se equivocaron porque aquí vive gente común. Si las fuerzas de la coalición les piden que se presenten a declarar, lo harán. Pagan sus impuestos y conocen las reglas. Por acciones como esta la gente puede volverse en su contra”, dijo.

En la madrugada, 10 hombres, entre ellos Bashir, Zabihullah y Raees Jan, de 16 años, fueron conducidos a pie y con los ojos vendados hasta la base militar del distrito, y luego trasladados en helicóptero a la base de operaciones avanzadas de Fenty, en Jalalabad.

Nueve de ellos fueron confinados en aislamiento e interrogados durante tres días sobre sus actividades cotidianas, tras lo cual fueron liberados por separado en el portón principal de Fenty. Le dieron 20 dólares a cada uno para regresar a casa.

Bashir fue conducido en un avión militar y trasladado a lo que él creyó que era la base aérea de Bagram, destino común de las personas detenidas por la coalición encabezada por Estados Unidos. Allí fue interrogado varias veces sobre sus contactos antes de regresarlo a Fenty y liberarlo días después.

“La información de inteligencia era falsa”, arguyó Bashir. “No podemos ignorar que hay talibanes, pero no todo el mundo pertenece al Talibán. Arremeten contra todo”, añadió. Después de esa experiencia, cada vez que se oye un helicóptero, los niños se asustan y dicen: “¡te vienen a buscar!”, relató.

El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, habló el 16 de noviembre ante la asamblea de la Loya Yirga en Kabul, reclamando el fin de los allanamientos nocturnos de Estados Unidos y de las fuerzas de la coalición, como condición para mantener la presencia militar estadounidense después de 2014.

La embajada de Estados Unidos en Kabul elogió la propuesta de la Loya Yirga –una asamblea tradicional consultiva de 2.000 miembros nombrados por el gobierno– que pidió mantener la presencia militar de ese país en suelo afgano por varios años.

Un estudio realizado en septiembre por la Open Society Foundation y la organización no gubernamental afgana The Liaison Office, sugiere que la actuación militar mejoró en la identificación de objetivos militares, la integración de las Fuerzas de Seguridad Nacional, y en reducir la cantidad de víctimas civiles y la destrucción de infraestructura.

Pero, alertó, no disminuyeron los ataques y “el drástico aumento de los allanamientos nocturnos y la evidencia de que estos y otro tipo de operaciones pueden estar dirigidas sobre todo a la población civil con el fin de conseguir información, parece haber superado la tolerancia afgana”.

La actitud de la población hacia las incursiones nocturnas es tan hostil como antes, o incluso más”, añade.

Nuestro investigación había documentado previamente que las bajas civiles registradas estaban por debajo de la realidad “bastante más” y que hubo más de 1.500 personas muertas en un periodo de 10 meses entre 2010 y 2011, según análisis de estadísticas oficiales de Estados Unidos y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). “Seguirán con los allanamientos mientras piensen que son exitosos y que reducen la cantidad de víctimas civiles”, dijo una de las fundadoras de The Liaison Office, Susanne Schmeidl.

“Las fuerzas de ISAF/OTAN avanzan hacia un modelo de redadas nocturnas dirigidas por las Fuerzas de Seguridad Nacional y sostienen que casi lo logran”, indicó Peyton Cooke, responsable del programa de justicia de la organización.

“La Fuerza de Operaciones Especiales (SOF) de Estados Unidos (que actúa con cierto grado de independencia, aunque técnicamente está bajo el mando de ISAF/OTAN) puede, o no, avanzar también hacia ese modelo”, puntualizó.

“No sé si hicieron declaraciones públicas al respecto, pero parte de su misión es trabajar en estrecha colaboración y asesorar a las fuerzas afganas. En ese sentido, la condición de Karzai puede resultar menor, aunque será imposible saberlo sin contar con información de la SOF”, añadió.

En respuesta a la decisión de la Loya Yirga, unos 1.000 estudiantes de la Universidad de Nangarhar protestaron el 20 de noviembre en Jalalabad reclamando el fin de las bases militares permanentes de Estados Unidos, las redadas nocturnas y las prisiones en manos de extranjeros. Rafiuddin, de 36 años, trata de no llorar cuando cuenta detalles de la incursión militar en su casa de Koshkaky, en el distrito de Surj Rod en el norte de la provincia Nangarhar, que sufrió en mayo de 2010.

Las fuerzas de la coalición lanzaron un ataque sorpresa poco después de la medianoche contra su casa. Su sorprendido guardia levantó el arma, pero le dispararon primero. Luego, su hermano Hafizuddin murió instantáneamente tras recibir un tiro en la cabeza.

Cuando su hijo, Habibuddin, de 17 años, corrió a socorrer a su tío, le lanzaron una granada propulsada por un cohete. Sufrió una muerte lenta en la huerta, donde la familia fue obligada a permanecer durante la noche. Un agricultor y sus cuatro hijos que vivían en la propiedad, escucharon el ruido y corrieron a ayudarlos. También les dispararon. En total 10 civiles fueron asesinados.

Atado e interrogado hasta la mañana siguiente, Rafiuddin descubrió que las fuerzas de la coalición buscaban a combatientes del Talibán y sospechaban de uno de los hijos del agricultor.

Rafiuddin, chófer de un legislador de la oposición, contó que tres generaciones de la misma familia habían vivido en esas tierras y dijo no saber nada del Talibán.

“Le dije al intérprete que habían matado a todas las personas que estaban a mi alrededor. Le pedí, ‘por favor, diles exactamente lo que estoy diciendo’. Él respondió: ‘Les dieron información falsa sobre su propia casa, lo siento por usted’”.

 

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