La feroz especulación en el comercio internacional de las mascarillas N95, en tiempos del Covid19

Por Dianeth Pérez Arreola

PAÍSES BAJOS.- Ante la pandemia del Covid 19, los gobiernos del mundo han estimulado un nuevo mercado: el de las mascarillas y otros insumos sanitarios para hospitales. Sin embargo, la falta de empresas especializadas para abastecer la demanda internacional genera un nuevo tráfico. Empresarios ajenos a la producción y comercio de mascarillas y equipos de protección sanitaria ven una oportunidad de negocio tras la enfermedad que ha paralizado al planeta.

El sábado 2 de mayo el periódico De Volkskrant publicó una nota sobre la fallida compra de mascarillas N95 por parte de las autoridades holandesas. Era un recuento de los hechos sobre la frustrada intención del hospital Erasmus, en Roterdam, de adquirir 5 millones de mascarillas N95 por 32.5 millones de dólares. El Ministerio de Salud de Países Bajos estaría como garantía de la operación; el precio era alto –6.50 dólares por pieza– pero las mascarillas urgían y la compra fue autorizada.

La reconstrucción de los hechos escrita por Frank Hendrickx narra que, el 19 de marzo, cuatro camiones vacíos, escoltados por miembros del Servicio Especial de Intervenciones –una unidad de élite de la Policía Holandesa–, esperaron en vano la entrega de las mascarillas en las afueras de la ciudad de Lelystad, donde se supone estaba la empresa holandesa que las tenía.

El acuerdo había sido puesto en marcha por Ilja Bonsen, director de una empresa de consultoría en la ciudad de Leiden. De su red de contactos, él invita a Jon Beville, dueño de la empresa americana The Beville Group. Beville investiga el mercado de producción de mascarillas en Turquía tras el brote del Covid-19 y contacta a su vez con Sinan Kalpakcioglu, ex director del club turco de futbol Galatasaray. Encuentran a la empresa PSL Vale, de Estambul, representada por Halil Ibrahim Usta, quien dice poder entregar cinco millones de mascarillas N95, y además asegura que se encuentran ya en un almacén en Países Bajos, relata la nota periodística.

Cuando Holanda muestra interés, Beville pide una comisión del 10 por ciento: 3.25 millones de dólares. Como al país le urgen las mascarillas, los supervisores de la operación aceptan la comisión. El día acordado para la entrega y pago de las mascarillas, el 19 de marzo, los turcos con los que ha hablado Beville no pueden viajar a Holanda debido a las restricciones impuestas en aeropuertos para frenar el Covid-19. De repente, aparece en escena una joven pareja que dice representar a la empresa PSL Vale, y son llevados a una sala de juntas del hospital AMC en Ámsterdam, desde donde darán seguimiento al pago y a la entrega de las mascarillas.

Mientras tanto –sigue el relato de Hendrickx– el Deutsche Bank y el hospital LUMC de Leiden son quienes se encargan de los detalles financieros de la operación. Pero sale a la luz que PSL Vale ha hecho negocios con un misterioso mexicano de California, y que hay que pagarle también a él una comisión de 1.34 millones de dólares. El mexicano, a su vez, negoció con una pequeña empresa de la ciudad de Lelystad donde supuestamente estaban las mascarillas, y había que extender dos cheques para ellos por 45 mil y otro por 418 mil euros. “El Deutsche Bank reporta a la policía una transacción irregular, también por el involucramiento del mexicano”, dice la nota en De Volkskrant. El trato se cae y la pareja turca regresa a casa sin los cheques que pedían.

Sitio digital del empresario mexicano en California, José Antonio Rojo Zamora

El mexicano misterioso de California

La identidad del mexicano en referencia es José Antonio Rojo Zamora. Una de sus empresas es Cannabiz Catalyzers, con sede en San Diego, California. En internet, hay una extensa biografía que incluye su meteórica carrera como empresario, con menos de 40 años de edad y un corto paso por Ámsterdam, donde según su biografía, descubrió su verdadera vocación: la industria legal del cannabis.

En entrevista telefónica, Rojo Zamora cuenta sobre él y de los nanosensores que podrían detectar el Covid 19 en espacios públicos y fronteras:

“Mi relación es con distribuidores autorizados de 3M. Ahora estoy en medio de dos ventas que se están haciendo a través de estos distribuidores autorizados. Inicialmente ése no es mi negocio. Yo tengo una empresa de tecnología que se llama 0321 Technologies, ahí hacemos software, yo soy el Chief Technology Officer y tengo un socio que trabajó para el gobierno federal estadounidense por 37 años. La mayoría del trabajo que yo hago es en el mundo del cannabis medicinal, tengo 15 licencias de cultivo, manufactura y distribución directa y tengo una agencia de mercadotecnia. En realidad, mi negocio fuerte es la tecnología, por una inversión que tuvimos de 90 millones de dólares; estábamos usando unos nanosensores para marcar genéticamente la semilla o la planta y poder seguirla y que no haya mercado negro. Cuando pasó esto del Covid, tuvimos que usar los sensores para detectar patógenos como el de Covid. Estamos a 90 días de poder tener el artefacto ya en mano, que se podrá usar en aeropuertos, hospitales, fronteras y funciona soplándole dos litros de aliento y así identifica el patógeno al momento”.

–¿Cómo se involucra en la compra de mascarillas?

–Yo, por tener estas conexiones con Gobierno de México, con el presidente de México, con agencias federales estadounidenses y ahorita tengo 2,500 pies cuadrados de cultivo de cannabis para el gobierno americano, militar y la DEA… están haciendo unos aceites medicinales. Por estas conexiones, una amiga del DF (sic) a finales de febrero me dijo “máscaras”, luego me llegó otro amigo que trabaja con un senador en México y me dijo también “máscaras”, y me empezó a llegar a mi inbox ese tipo de requerimientos. Luego empecé a ver más apogeo en LinkedIn.

–¿Qué pasó en Holanda?

–Hay tres personas. Están los que aparecen en los papeles de la empresa de Lelystad, Ivan Hoefer y Reinier Woltersom. Luego, la persona con la que yo hablé, el 12 de marzo, se llama Ahmed, muy maleducado. Me dijo “somos verdaderos, pero necesitamos saber si tú eres un comprador verdadero”. Le dije que yo necesitaba saber que él era un distribuidor autorizado de 3M porque no puedo distraer a mis clientes. Él me comunicó después con Reinier. Un poquito más profesional, pero igual. Yo lo que quería era que me enseñaran las certificaciones y me las mandaron. Eso y hasta una licencia de negocio de la cámara de comercio. Me metí a Google y vi que si estaba la fábrica y todo estaba bien (el sitio de internet que vio, tomaba el nombre de una empresa legítima. Terminaba en .com y fue creada apenas dos días antes de la venta frustrada: el 17 de marzo de 2020. Actualmente está inactiva). Para ese entonces me llegan mensajes por LinkedIn de unos turcos.

Yo ya tengo una manufactura que está en China, de 3M y dos distribuidores autorizados. La manera en que funciona es directamente con los abogados de 3M. El proceso es siempre protegiendo al comprador; se utiliza una compañía que no deja ir los fondos hasta que lleguen los camiones. El fraude pasó a principios de marzo, pero de marzo hasta ahorita la ley universal ha cambiado; cada país tiene sus normas. Por ejemplo, en Estados Unidos no pueden subirle el precio más del 10% ni para comisiones. Si pasa un avión y va a algún lugar y pasa por el espacio aéreo norteamericano lo van a bajar y le van a quitar todas las máscaras, han pasado muchas cosas desde entonces. Ahorita como estamos haciendo estas ventas es protegiendo al comprador mediante una compañía que no deja ir los fondos hasta que los camiones son cargados y por ley americana 3M tiene que poner los camiones, eso es nuevo. Esto no existía a principios de marzo.

 

Sinan Kalpakcioglu: ex director del club turco de futbol Galatasaray. Intermediario. Lo contacta Beville. Imagen: Detalle del perfil de FB.

La injerencia de los turcos

Rojo Zamora, explica que empresarios turcos lo contactaron por la red LinkedIn. Fue así que se puso en contacto con ellos.

–Querían un depósito del 40%. Sinan Kalpakcioglu y otras tres personas, que operaron como intermediarios, también me contactan: Adam Karali, Ozkan Dogan y Halil Ibrahim Usta. Éste último aparece en la factura como el representante de la empresa PSL Vale. Ellos son los compradores mayoristas; ellos le iban a vender a la Universidad Erasmus. Empezamos a avanzar, pero los compradores están medio violentos, medio agresivos, supuse que por la situación de la enfermedad, todo mundo andaba desesperado. Les pregunto ¿qué es lo que necesitan?, y ellos responden: “necesitamos un depósito y un contrato”. Yo inmediatamente me amarré con contratos. Primero con los turcos, les hice que me hicieran un contrato donde me ponían la cantidad de la comisión que me tocaba a mí, cuál era el precio, a quién le iban a pagar y ese contrato tenía la información del distribuidor de Holanda, la información del comprador, o sea de los turcos, y la información mía como si yo fuera el intermediario. Entonces sigue avanzando todo, llega un punto en el que los distribuidores me dicen “te vamos a mandar un invoice (factura), necesitas pagarlo inmediatamente”. Entonces les digo que no vamos a pagar nada, que no vamos a dar ningún depósito y Sinan me dice sí, hay que pagarlo, ya nos dieron todos los papeles. No, no, le dije, voy a decir que nos den el invoice y vamos a Holanda. Me dijeron “te vamos a dar el invoice, todo mundo dice que va a venir, vienen a la planta y no compran nada”. Eso te dicen para que les sueltes el dinero. Les dije que me enviaran el invoice, vamos a ir nosotros con él en la mano a tocarles en la puerta y decirles aquí está y venimos a pagarlo.

Ellos, los turcos, querían un acuerdo por 200 millones de euros, pero yo no quería que el depósito se hiciera del 10% de esa cantidad, era demasiado dinero, peligro. Lo que hice fue hacer dos contratos para este cliente. Uno por los 200 millones y uno más chico por 5 millones, en la prensa holandesa solo hablan del de 5 millones. En ese contrato va el distribuidor (la empresa de Lelystad), el comprador turco y yo como intermediario. Cuando esto pasa me compran un boleto de avión a Holanda y les digo que quiero que me aseguren un boleto de regreso porque están pasando cosas muy raras y no me quiero quedar atorado en Ámsterdam. Volé de Ciudad de México a Atlanta el día 18 de marzo. Ahí en cuanto estoy a punto de abordar hacia Ámsterdam, se para una señora y nos dice a todos que Europa acaba de cerrar sus fronteras y ya no me pude subir y me vine a casa, a San Diego.

Esa madrugada yo estoy en el teléfono –es de día en Europa–, y Adam Karali, otro intermediario, quien le presentó a Sinan va manejando desde Bélgica a Holanda. Hay representantes del Deutsche Bank en la operación. Yo dije a los turcos que no teníamos por qué pagarles depósito, vamos a ir con un cheque en la mano y decirles que estamos ahí para pagar, que si quieren o no. Ése era el plan, pero yo ya no pude ir. De repente, por teléfono, Adam me dice: “Llegamos y no había nada, todo era falso”. Le hablé al tal Reinier y negaba todo. Yo le dije que allá él, pero que yo sabía que estaban involucradas las autoridades holandesas y que lo iban a encontrar. Me dijo que ellos no tenían nada que esconder y siguió negándolo todo.

–¿Usted iba a cobrar una comisión de 1.34 millones de dólares?

–Los 1.34 millones que menciona la nota están mal. Era mi comisión, pero iba a ser mucho más porque eran más máscaras, era la transacción de los 200 millones. La operación de venta de 5 millones de mascarillas, sumaban 32 millones y medio de dólares a 6.50 por unidad. A mí me tocaban 39 centavos por máscara, o sea 1 millón 950 mil dólares. Mi comprador eran la empresa turca PSL Vale, que tenían un representante en Bélgica, y uno de ellos tiene oficina en Nueva York, en Manhattan. Los que trataban de hacer mal las cosas fueron Ahmed, Reinier e Ivan. Yo sigo trabajando con Sinan. Tenemos una venta de 200 millones de mascarillas para Florida, Texas, New Jersey y Los Angeles. Sinan me trajo a la clienta.

–¿Lo han contactado las autoridades holandesas para hablar del caso de las mascarillas?

–No. Gracias a Dios, nadie gastó nada y nadie perdió dinero. Por mí, estoy dispuesto a hablar si así lo solicitan. Los mexicanos tenemos mala reputación, yo quiero limpiar mi imagen y ayudar también a nuestro país.

–¿Ha intentado realizar otra operación comercial en Holanda?

–No.

–¿Y en México?

–Ahorita estoy en eso, hay un requerimiento del estado de Yucatán y de Oaxaca. De los tres distribuidores que tengo, dos solo están vendiendo a organizaciones gubernamentales, no a compradores privados. Lo que pasa en México es que los hospitales ni siquiera tienen los recursos para localizar a gente como yo, ¿quién los tiene? La gente de dinero. Una cosa es facilitar un servicio y llevarte una comisión pequeña y otra cosa es hacer un negocio y jugar con los recursos en un caso de emergencia.

La oportunidad de la estafa

Si el empresario mexicano hubiera usado Google también para buscar información sobre el número de teléfono de Ahmad (el supuesto vendedor verdadero) –ya de entrada sospechoso por ser un número de Tailandia, con domicilio en Turquía–, se hubiera encontrado con que ese número aparece en una larga lista de estafas y de empresas con páginas inactivas donde está como número de contacto. Entre los bienes que decía distribuir había mascarillas N95, pero también papel, guantes, insumos para consultorios dentales y hasta patas de pollo congeladas.

Rojo Zamora presentó a este medio la factura enviada por la falsa empresa holandesa y todos los teléfonos de los implicados en la fallida operación. Cuando esta periodista contactó a Sinan, dijo que él no era parte de la empresa PSL Vale, que él era un mediador. Al preguntar sobre el supuesto proveedor holandés y la factura apócrifa, señaló: “por lo que sé, Antonio le dio esta falsa factura a PSL Vale… no tengo nada que ver con eso. Antonio fue quien introdujo la empresa holandesa a PSL”.

–¿Es cierto que siguen haciendo negocios juntos usted y José Antonio Rojo Zamora?

–Después del incidente en Holanda, Antonio me escribió diciéndome que él tenía un vendedor de máscaras 3M. Le dije que yo tengo un comprador, pero que mi cliente necesita pruebas de la existencia de las máscaras… todavía estoy esperando oír de Antonio. Sin pruebas no hay trato.

–¿Es cierto que usted, Adam, Okzan y Usta lo contactaron via LinkedIn y que ustedes venderían la partida a la universidad?

–Nunca contacté a Antonio. No tenía idea de quién era él. Tampoco conozco al supuesto equipo que vendería las mascarillas a la universidad holandesa. Ni el comprador ni el vendedor eran mis contactos. (Sobre este punto, Rojo Zamora asegura que el contacto se dio porque Ozkan hizo un grupo en redes sociales con todos ellos: Sinan, Adam, Halil Ibrahim Usta y Ozkan, quien aparece como administrador).

–¿Cómo se involucró en la venta de mascarillas para Holanda?

–Ya dije todo lo que sabía a la policía holandesa y al periodista holandés, ya no quiero seguir masticando este desafortunado evento una y otra vez… el mercado está lleno de compradores y vendedores falsos, junto con ladrones y estafadores. Éste no ha sido el primer escenario falso con el me que encuentro y no creo que será el último. Sobre el escenario holandés, hice lo que pude para que la universidad no sufriera daños financieros y lo logré. No contestaré más preguntas.

La empresa PSL y la supuesta falta de stock

El representante de PSL Vale, Halil Ibrahim Usta, por su parte, comentó vía Whatsapp que la venta en Holanda no se había realizado por falta del stock, y las negociaciones habían terminado alertando a las autoridades. “En principio ningún pago fue requerido por parte del vendedor sin antes confirmar la existencia del material. La empresa mexicana enfatizó la necesidad de un prepago por parte nuestra, y nosotros no lo hicimos porque nunca vimos el stock. Alertamos a las autoridades holandesas y dimos por terminada la actividad comercial sin ningún daño”, expresó.

Los intermediarios de la operación, Ahmed y Ozkan Dogan, no respondieron mensajes.

Ilja Bonsen, el negociador inicial del trato, describe el mercado de mascarillas como “el viejo Oeste”, en un artículo de su autoría en la revista NCT de abril, y en la nota de De Volkskrant dice que la necesidad de contar con mascarillas es tan urgente que estaría dispuesto a comprarle a Willem Holleeeder si él las tuviera (en referencia al criminal número uno de Holanda, condenado en 2019 a cadena perpetua por siete asesinatos, pero ya había cobrado notoriedad desde 1983 por el secuestro de Alfred Henry “Freddy” Heineken, el dueño de la cervecera).

 

Otras transacciones en América

De acuerdo con el sitio digital scamsurvivors, el nombre de la falsa empresa holandesa que aparece en la factura facilitada por el empresario José Antonio Rojo Zamora, tuvo una nueva operación el 14 de abril de 2020. Es una venta a Estados Unidos de 100 mil máscaras N95 marca 3M a 1.4 euros por unidad con costo total de 140 mil euros. Enviaron una factura idéntica en formato a la que usaron para la venta en Holanda, ésta de 56 mil euros, que representan el 40% del costo total. La fecha del documento es el 16 de abril de 2020.

Los defraudadores utilizaron alevosamente la ubicación de una compañía legalmente registrada en Holanda, compraron el dominio que terminaba en .org (el utilizado en marzo era el mismo, pero terminaba en .com) a nombre de Jan D Powers en Chicago, Illinois, en Estados Unidos, el 28 de marzo de 2020. Es decir, después de la fallida venta en Holanda, nueve días después cambiaron de .com a .org.

La última comunicación de la supuesta empresa al potencial comprador fue el 19 de abril de 2020: “Hola, los detalles de la cuenta son correctos. Entonces su banco se negó a transferir el pago porque era sábado. Intenté realizar el pago el lunes por la mañana o aún puede pagar a través de bitcoin, que es rápido y fácil de confirmar”.

También se encontró que la empresa aparece en la página de internet www.tradeindia.com como proveedor de equipos de protección bajo el dominio que termina en .org y el sitio tiene una función que indica que el representante de la empresa “se encuentra activo”.

 

Ahí se describen los detalles de la empresa así:

“Es uno de los principales proveedores de productos de higiene desechables y ropa de trabajo protectora, que cubre 100 mil metros cuadrados con más de 200 empleados. Establecido en 2012, Yi-Ya se dedica a combinar tecnología y producción a través de nuestro esfuerzo y creación consistentes; nuestros productos se venden bien en todo el mundo. Nuestros productos principales incluyen productos no tejidos, productos de plástico y ropa de trabajo, que son ampliamente utilizados en hospitales, atención médica, industria alimentaria, laboratorio, salón de belleza, uso diario, etc”.

El diario holandés no menciona a la empresa legal de la que los presuntos defraudadores están usando nombre y dirección. Sin embargo, en el servidor de Google, aparece la imagen y el nombre que aparecía en las ventanas del local. Asimismo, su página y un número de teléfono celular. El sábado 9 de mayo, esta reportera tuvo contacto con ellos.

El dueño explicó que ya había informado a la policía sobre el uso ilegal que hacían del nombre y la dirección de su empresa. Dijo que había hablado sobre esto también con gente de Bélgica y que no quería que su nombre se hiciera público porque teme por la seguridad de su familia.

Su empresa estaba enlistada como proveedor en Trade India, y seguían usando su dirección. A los pocos días comentó que estaba ocupado haciendo los trámites para cambiar el nombre de su empresa cuanto antes. Dijo que iría otra vez a la policía, que creía que habían eliminado el sitio de internet tras la fallida compra del 19 de marzo y que tal vez no sabían de la nueva página. “No tenemos idea de quién está detrás de todo esto. Han ido demasiado lejos”.

Pese al reporte al área de High Tech Crime, de la policía holandesa, la página de internet de los estafadores sigue activa.

 

El robo de datos de empresas

La utilización de los datos de una empresa legal para estafar es territorio conocido para quien esté detrás del número de teléfono de “Ahmad”:

www.adresenmetalscrap.com: Página web de empresa de chatarra creada el 15 de diciembre de 2018. Inactiva. Sede en Tailandia y Turquía.

www.spdaoil.com: Página web de venta y distribución de aceite comestible de Ucrania, creada el 6 de julio de 2018. Inactiva. Sede en Tailandia y Turquía.

www.thaispdgloves.com: Página web de venta de insumos para consultorios dentales creada el 27 de febrero 2019. Inactiva. Sede en Tailandia. Información robada del sitio Shopping Medexpress Gloves.

www.thaispdcopypaper.com: Página web de venta de papel creada el 18 de febrero de 2019. Inactiva. Sede en Tailandia y Turquía.

Además:

  • El número de teléfono aparece como contacto en un negocio de venta de patas de pollo congeladas de Brasil, en el directorio comercial argentino solostocks.com.ar
  • El número de teléfono aparece como contacto en la empresa Energik International, reportada como fraudulenta en la página signal-anarques.com por vender artículos diversos y nunca entregarlos.
  • Energik International está registrada también como proveedor en tradeindia.com como fabricante de mascarillas y en www.go4worldbusiness.com -un directorio comercial de la India- y en www.ec21.com -un directorio comercial de Corea- como proveedor de aceite de girasol.
  • El sitio stop419scams.com publica ese número de teléfono en febrero 2019 en una lista de estafadores africanos viviendo en Tailandia.

 

Dianeth Perez Arreola

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