La Mañanera, el moderno ateneo digital

El presidente comparece ante sus peores detractores, todos los días.

Rigoberto Vargas

Andrés Manuel es el presidente constitucional de nuestra nación. Y más allá de tirios y troyanos, se esperaría de parte de los ciudadanos, todos, aceptar el mandato de las mayorías que democráticamente asistieron a las urnas a manifestar su voluntad. 2018 fue el año de toda una generación que porfiaba en el sueño de ver sus convicciones hechas realidad; habían pasado 89 años de la instauración de un régimen vertical, autoritario y lejano a los intereses de las inmensas mayorías. Los promotores de la fatalidad, de la abulia, de la dejadez y la desesperanza fueron derrotados en una contienda ejemplar en 2018.

Hemos sido testigos de la ola de corrupción que ha sido el mayor lastre en la historia de nuestra patria; ese fue el diagnóstico de siempre de López Obrador, y emprender una titánica batalla contra su preminencia en la vida pública, es un imperativo ético insoslayable que puede ser cuestionado, pero no se puede negar su trascendencia generacional.

Las naciones tienen un tiempo más lento que los hombres y las empresas, sus proyecciones de futuro deben pensarse en décadas, y un proyecto de nación en siglos. Bajo esa convicción, los padres fundadores de nuestra nación, pensaron un proyecto que no acaba de nacer, luego de haber sentado las bases en el Constituyente de 1917.

Andrés Manuel lo sabe, y con ese reto, todos los días se presenta a dar la cara ante lo que es el mayor reto: la prensa mexicana. Sabe que solo tiene el poder de su palabra, que está solo contra las maquinarias que habían venido haciendo fortunas inmensas, en colusión con un sistema de gobierno corrupto y depredador del erario. Es así como pretende hacer valer el poder de su palabra, de sus convicciones y tencidad para cambiar el rumbo de este lastimado país, agobiado por la desesperanza y la desesperación, sometido por la casta ladrona, por la prensa maniquea que sólo el primer año del anterior gobierno, se chupó cinco mil millones de pesos para acallar las voces de periodistas y dueños de medios ansiosos de riqueza a cambio de su silencio; eso cambió, y el primer año de gobierno redujo a 200 millones el gasto en publicidad. Un golpe seco a los vocingleros del poder imperante.

Por eso la prensa y la mafia del periodismo están muy enojados, y no tienen reparo en hacerlo notar.

Pues bien, el presidente da la cara, se presenta de cuerpo entero y se empeña en que todo lo anterior ya no existe. Las cifras macroeconómicas son favorables, el ambiente nacional empieza a ser menos hosco; así se puede demostrar con las encuestas que le dan del 70 al 80% de aceptación de la ciudadanía, echando por tierra los denuestos insistentes de la prensa corrupta y las redes sociales alimentadas por una horda de fúricos emisarios del pasado que insisten en restablecer su época de prebendas y complicidades.

La mañanera es un moderno ágora digital al que asisten los mexicanos todos los días al despuntar el alba. Ahí se debate, se trata la cosa del interés público y ese ateneo evoluciona; se convierte en el foro más visto del país, ahí no solo se recibe la crítica fundada o no, se dan instrucciones, se encara al futuro, se giran memorandas verbales con la expresión: ya nos está oyendo tal o cual funcionario, y seguramente lo va a ver; es más, que se reúna contigo, que se tome como una orden presidencial resover este asunto.

Mucho hay por hacer, muchas las fallas y errores del presidente, muchos los malos funcionarios que le rodean, muchos arribistas que se tienen que ir depurando, muchas practicas del pesado que se niegan a morir; pero también hay un espíritu de cuerpo colectivo, un impulso comunitario que empuja y empuja a la nación adormilada por décadas y siglos de dominación, esclavismo, desesperanza, abulia e incertidumbre. Eso ya cambió, reitera como mantra el Comandante Supremo de la Nación Mexicana.

México suena ya en el mundo, y suena fuerte.

Los dueños de los dineros globales miran con lupa a lo que ha sido por 500 años, un cuerno de abundancia y saqueo fácil; aceptan la cruzada anticorrupción y saben en el fondo, que la riqueza de nuestra patria no va a terminar en los próximos 300 años. Para entonces, tendremos que asistir a nuevos horizontes, nuevos paradigmas civilizatorios, y, quizá para esos días, la raza cósmica ya estará habitando las estrellas, teniendo en la tierra, el paraíso y base de su expansión estelar.

Mucha agua pasará por los lechos de los rios, caudales de armonía y concordia inundarán la vista de los hombres, alamedas de esperanza y floridos campos de desarrollo humano se verán retratados en las pupilas del nuevo hombre. Mientras tanto, la lucha por quitarle el garrote de la inquina a nuestros adversarios deberá ser consigna, seguir extendiendo la mano comedida al oponenete político, y construir una narrativa donde se ponga en el centro de toda urgencia, a las generaciones por venir. Una hermosa apuesta a la que deberemos asistir. Esperemos, tercos, a verlo.

Rigoberto Vargas

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