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Al filo de la navaja

Regresiva resolución de la SCJN en materia de derechos humanos en México

La SCJN en México decide avalar detenciones sin orden judicial, sólo con el criterio de “sospecha razonable” de las policías, en un momento de crisis generalizada de derechos humanos

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Raúl Ramírez Baena

“Preferible tener recomendaciones de Derechos Humanos que malandros en la calle”

Ricardo Ortiz Gutiérrez, presidente municipal de Irapuato

Los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) han actuado en los últimos años con vaivenes. En momentos, es vanguardista y progresista en sus resoluciones en torno a los derechos humanos y en ocasiones es regresiva y conservadora. Su conformación plural, cargada hacia la parte conservadora, permite este rejuego.

La Reforma Constitucional del 10 de junio de 2011, considerada la más importante desde la promulgación de la Carta Magna en 1917, establece en el artículo 1º, entre otros, el principio de PROGRESIVIDAD de los derechos humanos.

Este principio se define así por la propia Corte: “El principio de progresividad de los derechos humanos se relaciona no sólo con la prohibición de regresividad del disfrute de los derechos fundamentales, sino también con la obligación positiva de promoverlos de manera progresiva y gradual”.

Derivado de una acción de inconstitucionalidad presentada por la CNDH a la SCJN, respecto a varios artículos del Código Nacional de Procedimientos Penales (CNPP), los Ministros tomaron días atrás una decisión que contradice su propia definición de “progresividad”.

El debate se dio en torno a que los artículos del CNPP impugnados por la CNDH prevén la inspección de personas y vehículos por parte de la policía sin una orden judicial previa y de manera escrita. Aun teniendo como antecedente un alud de quejas y denuncias de la ciudadanía por estos motivos, la decisión de la SCJN fue en el sentido de avalar posibles actos de molestia y de afectación a las libertades de reunión, de movimiento y de tránsito de ciudadanos por parte de las policías, a pesar de que estos derechos están amparados por los artículos 9, 11 y 16 Constitucionales, en un país donde el abuso y la brutalidad policíaca son regla común.

No tardaron en aparecer fuertes críticas en las redes sociales y la preocupación expresada por la CNDH, académicos y organizaciones civiles de derechos humanos.

Ante ello la SCJN se apresuró a aclarar: 1) la policía no puede inspeccionar a personas y vehículos a su antojo; 2) la inspección a un automovilista puede realizarse derivado de una infracción de tránsito; 3) en ningún momento se permiten cateos a domicilios sin orden judicial; 4) la policía sólo puede realizar actos de inspección si se encuentra abierta una inspección criminal; 5) en caso de flagrancia de delito, (la revisión) procede sólo si hay sospecha razonable de que la persona coincide con las características del sujeto denunciado; 6) la policía puede también inspeccionar cuando el delito ya fue cometido y hay una investigación en curso por parte de la policía y del MP; 7) procede la inspección de un vehículo si el agente observa hechos o circunstancias que lo hagan suponer que se está cometiendo un delito y, finalmente, 8) que es ilegal y arbitraria cualquier inspección que no se realice en casos de flagrancia o cuando no haya una investigación.

A pesar de las aclaraciones de la Corte, expertos en materia de seguridad pública, como Ernesto López Portillo, expresan: 1) la SCJN avala más poder y menos controles a policías ineficientes, abusivas y no profesionales, que se basan en criterios ambiguos y subjetivos en la detención de las personas; 2) no existe un mecanismo ciudadano, judicial y policial ni hay auditorías externas independientes que supervisen la legalidad de las detenciones; 3) los Jueces de Control no se encuentran presentes al momento de la detención, por lo tanto, sus criterios se basan en los partes policiales que suelen justificar las detenciones arbitrarias, 4) si la policía puede realizar detenciones basadas en denuncias previamente presentadas, ¿por qué no emitir previamente órdenes de aprehensión para legalizar las detenciones?, y 5) los mecanismos policiales aplicados a la fecha no han abatido el narco, la inseguridad y el crimen.

En México, la experiencia ha mostrado que las policías realizan deficientes investigaciones o simplemente no las realizan, y que las policías y los militares cometen innumerables detenciones de personas basados en un torcido criterio de “sospecha razonable”, simulando flagrancia de delitos y sembrando armas y drogas en las personas y en los vehículos, que dan lugar a múltiples violaciones a los derechos humanos como detenciones arbitrarias, falsa acusación, tortura, desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales, dominando la impunidad.

¿Qué nos espera entonces con esta resolución de la SCJN? Que se legitimen las violaciones a los derechos humanos por parte de las policías por la falta de controles constitucionales en la detención, y que predomine entre estos la idea popular de que todo sospechoso detenido en la vía pública es un delincuente en potencia, un “malandro” y criminal, por encima del sagrado principio de presunción de inocencia y del respeto al debido proceso.

Sin exagerar, en México domina la máxima villista de “fusílenlo, luego veriguamos”, que hace papilla los derechos amparados por la Constitución. La Corte abandona sus propios criterios sobre el principio de Progresividad al avalar las detenciones sin orden judicial, reforzando criterios como los del presidente municipal de Irapuato y de una masa social desinformada, dominada por el miedo y la venganza antes que la justicia, sin medir las consecuencias en la afectación a la dignidad de las personas, derivadas de los excesos y desvíos de autoridades simuladoras, incapaces y abusivas.

Al filo de la navaja

Ofensiva ultraderechista en América Latina

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“Esa biblia reinterpretada desde un hombre moderno norteamericano es el origen de la posibilidad de una nueva Biblia, eso es hoy usado por la OEA y la nueva política norteamericana que se está retirando de Medio Oriente. Se habían alejado de América Latina, pero como en Irak e Irán han sido derrotados, vuelven a Latinoamérica y la quieren recuperar. Eran sutiles los métodos pero hemos vuelto a los golpes de Estado”
Enrique Dussel

El Golpe de Estado en Bolivia (que, contrario a lo que muchos niegan, sí fue un Golpe de Estado porque arribó un gobierno fuera del marco constitucional de ese país, sin elecciones de por medio, sin declaratoria de ausencia del presidente Evo Morales por el Congreso y sin mayoría legislativa que lo avalara), es el corolario de una fuerte campaña continental, al amparo de Donald Trump, para que la ultraderecha fascista, evangelista, blanca, ultranacionalista y neoliberal, se haga del poder en los países de América Latina para enraizar el neoliberalismo.

La irrupción político-ideológica-económica de la ultraderecha Continental se da por la vía judicial-electoral como en Brasil, en la forma de “Golpes Blandos”, o por la fuerza policíaca-militar-legislativa como en Bolivia, para revertir la influencia y los avances económicos y sociales de líderes antineoliberales y progresistas, no necesariamente izquierdistas (para el experto en geopolítica Alfredo Jalife, ya no hay derecha e izquierda en el mundo, sino globalistas y nacionalistas; globalistas puede ser, por ejemplo, China, y nacionalistas, Trump).

Debido a la globalización de la economía, la mayoría de los países latinoamericanos sucumben a la presión neoliberal: mediante el voto popular unos pasan de un gobierno neoliberal progresista a uno neoliberal conservador, o viceversa, es el caso de Ecuador, Brasil, Argentina y Uruguay. Bolivia experimentó este cambio de un día a otro a través del Golpe de Estado. Así, cuando un pueblo vota por un candidato progresista o conservador, no necesariamente quiere decir que la consciencia popular se identifica con esa corriente ideológica. Votan más bien por un cambio de régimen por el hartazgo debido a la corrupción y la inseguridad, como México, Brasil y Ecuador.

En la realpolitik del S. XXI, ningún Estado, por muy progresista, socialista o antineoliberal que sea, puede abstraerse del globalismo mundial neoliberal, ni Cuba, Venezuela, Argentina y México, que tienen que abrirse al mundo.

El factor evangélico

España y Portugal conquistaron en el S. XVI a Mesoamérica y a Sudamérica con la Cruz y la Biblia Católica por delante. Hoy, como se ha mostrado crudamente en Bolivia, la conquista ya no es de un país a otro, sino de una economía social a otra de corte ortodoxa neoliberal, que, con la Biblia Evangélica como estandarte, destruyen las bases del Estado laico y construyen poco a poco otra base social intentando destruir los valores, la identidad y la cultura de los pueblos originarios mediante la enajenación y la alienación popular (como “Pare de Sufrir”), cuyas tradiciones estorban a los planes del capital financiero internacional y los oligopolios, liderados por los EUA. Es el nuevo despojo de los bienes y las riquezas culturales, sociales y naturales de los pueblos.

Cuba, Venezuela y Nicaragua han resistido los embates del imperio que se dan a través de la penetración ideológica evangélica y del capital financiero internacional mediante unilaterales e ilegales bloqueos financieros, económicos, mercantiles y políticos contra estos países por parte de los EUA, gracias a sus políticas sociales y, aprendiendo del Golpe Militar de Pinochet en Chile contra el presidente Salvador Allende en 1973, gracias a que mantienen la lealtad de las cúpulas militares a pesar de fuertes cañonazos en dólares que el imperio les ha ofrecido; a pesar de la OEA, brazo político de Washington y de la propaganda en su contra desplegada por la prensa global y convencional.

México se cuece aparte
Como el resto de los países de América Latina, México no está exento de la penetración evangelista a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, y del cada vez más fuerte posicionamiento de la cúpula militar en el gobierno.

El Presidente AMLO ha apostado por dos lances arriesgados: por un lado, desde su campaña electoral estableció una alianza con las corrientes evangélicas para que arriben al Congreso, ofreciendo a representantes de las iglesias Católica, Anglicana, Evangélica, Luz del Mundo y de la Cienciología, además de las iglesias Luterana, Budista, Musulmana, Sikh y Judía integradas al Consejo Interreligioso de México, participación en el proyecto social y político de la Cuarta Transformación. Además, ha ofrecido a la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, concesiones en medios de comunicación para difundir sus mensajes religiosos y la distribución de su “Cartilla Moral”.

Por otro lado, AMLO ha superado los espacios políticos otorgadas por Calderón y Peña Nieto a la cúpula militar, al fortalecer la presencia del sector castrense en la vida civil en torno al urgente combate a la inseguridad y al crimen, asuntos de seguridad pública de competencia exclusiva de la autoridad civil, concesionando a la Guardia Nacional militarizada estas funciones.

¿Sera que AMLO quiere tener cerca al “enemigo” para controlar a la derecha y a la ultraderecha, con el riesgo de que el Estado sea rebasado por las corrientes evangélicas y las cúpulas militares, como ha sucedido en otros países del Continente a lo largo de la historia? Esperemos que no.
*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

Por Raúl Ramírez Baena*

“Esa biblia reinterpretada desde un hombre moderno norteamericano es el origen de la posibilidad de una nueva Biblia, eso es hoy usado por la OEA y la nueva política norteamericana que se está retirando de Medio Oriente. Se habían alejado de América Latina, pero como en Irak e Irán han sido derrotados, vuelven a Latinoamérica y la quieren recuperar. Eran sutiles los métodos pero hemos vuelto a los golpes de Estado”

Enrique Dussel

El Golpe de Estado en Bolivia (que, contrario a lo que muchos niegan, sí fue un Golpe de Estado porque arribó un gobierno fuera del marco constitucional de ese país, sin elecciones de por medio, sin declaratoria de ausencia del presidente Evo Morales por el Congreso y sin mayoría legislativa que lo avalara), es el corolario de una fuerte campaña continental, al amparo de Donald Trump, para que la ultraderecha fascista, evangelista, blanca, ultranacionalista y neoliberal, se haga del poder en los países de América Latina para enraizar el neoliberalismo.

La irrupción político-ideológica-económica de la ultraderecha Continental se da por la vía judicial-electoral como en Brasil, en la forma de “Golpes Blandos”, o por la fuerza policíaca-militar-legislativa como en Bolivia, para revertir la influencia y los avances económicos y sociales de líderes antineoliberales y progresistas, no necesariamente izquierdistas (para el experto en geopolítica Alfredo Jalife, ya no hay derecha e izquierda en el mundo, sino globalistas y nacionalistas; globalistas puede ser, por ejemplo, China, y nacionalistas, Trump).

Debido a la globalización de la economía, la mayoría de los países latinoamericanos sucumben a la presión neoliberal: mediante el voto popular unos pasan de un gobierno neoliberal progresista a uno neoliberal conservador, o viceversa, es el caso de Ecuador, Brasil, Argentina y Uruguay. Bolivia experimentó este cambio de un día a otro a través del Golpe de Estado. Así, cuando un pueblo vota por un candidato progresista o conservador, no necesariamente quiere decir que la consciencia popular se identifica con esa corriente ideológica. Votan más bien por un cambio de régimen por el hartazgo debido a la corrupción y la inseguridad, como México, Brasil y Ecuador. 

En la realpolitik del S. XXI, ningún Estado, por muy progresista, socialista o antineoliberal que sea, puede abstraerse del globalismo mundial neoliberal, ni Cuba, Venezuela, Argentina y México, que tienen que abrirse al mundo.

El factor evangélico

España y Portugal conquistaron en el S. XVI a Mesoamérica y a Sudamérica con la Cruz y la Biblia Católica por delante. Hoy, como se ha mostrado crudamente en Bolivia, la conquista ya no es de un país a otro, sino de una economía social a otra de corte ortodoxa neoliberal, que, con la Biblia Evangélica como estandarte, destruyen las bases del Estado laico y construyen poco a poco otra base social intentando destruir los valores, la identidad y la cultura de los pueblos originarios mediante la enajenación y la alienación popular (como “Pare de Sufrir”), cuyas tradiciones estorban a los planes del capital financiero internacional y los oligopolios, liderados por los EUA. Es el nuevo despojo de los bienes y las riquezas culturales, sociales y naturales de los pueblos.

Cuba, Venezuela y Nicaragua han resistido los embates del imperio que se dan a través de la penetración ideológica evangélica y del capital financiero internacional mediante unilaterales e ilegales bloqueos financieros, económicos, mercantiles y políticos contra estos países por parte de los EUA, gracias a sus políticas sociales y, aprendiendo del Golpe Militar de Pinochet en Chile contra el presidente Salvador Allende en 1973, gracias a que mantienen la lealtad de las cúpulas militares a pesar de fuertes cañonazos en dólares que el imperio les ha ofrecido; a pesar de la OEA, brazo político de Washington y de la propaganda en su contra desplegada por la prensa global y convencional. 

México se cuece aparte

Como el resto de los países de América Latina, México no está exento de la penetración evangelista a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, y del cada vez más fuerte posicionamiento de la cúpula militar en el gobierno. 

El Presidente AMLO ha apostado por dos lances arriesgados: por un lado, desde su campaña electoral estableció una alianza con las corrientes evangélicas para que arriben al Congreso, ofreciendo a representantes de las iglesias Católica, Anglicana, Evangélica, Luz del Mundo y de la Cienciología, además de las iglesias Luterana, Budista, Musulmana, Sikh y Judía integradas al Consejo Interreligioso de México, participación en el proyecto social y político de la Cuarta Transformación. Además, ha ofrecido a la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, concesiones en medios de comunicación para difundir sus mensajes religiosos y la distribución de su “Cartilla Moral”. 

Por otro lado, AMLO ha superado los espacios políticos otorgadas por Calderón y Peña Nieto a la cúpula militar, al fortalecer la presencia del sector castrense en la vida civil en torno al urgente combate a la inseguridad y al crimen, asuntos de seguridad pública de competencia exclusiva de la autoridad civil, concesionando a la Guardia Nacional militarizada estas funciones.

¿Sera que AMLO quiere tener cerca al “enemigo” para controlar a la derecha y a la ultraderecha, con el riesgo de que el Estado sea rebasado por las corrientes evangélicas y las cúpulas militares, como ha sucedido en otros países del Continente a lo largo de la historia? Esperemos que no.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

 

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Al filo de la navaja

Latinoamérica, laboratorio del cambio social

Latinoamérica lucha por su autonomía e independencia mientras enfrenta los embates de Washington

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Raúl Ramírez Baena

Los últimos procesos electorales y sociales en América Latina se han distinguido por varios fenómenos políticos.

1.- Por un lado, hay una marcada tendencia del electorado que lleva al poder a políticos conservadores del ala derechista, de corte neoliberal, como Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile, Lenin Moreno en Ecuador, Iván Duque en Colombia y, ahora, Luis Lacalle en Uruguay o, de plano, ultraderechistas como Jair Bolsonaro en Brasil. Aunque después son repudiados por el mismo pueblo. El caso más brutal es el Golpe de Estado en Bolivia que impuso en la presidencia a la golpista senadora Jeanine Áñez, sin elecciones de por medio ni mandato expreso de órgano constitucional.

2.- Estos políticos llegan al poder por una manipulada campaña electoral o por la fuerza, a pesar de importantes logros sociales de sus antecesores, como los Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, José Mujica y Tabaré Vázquez en Uruguay, Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil y Evo Morales en Bolivia.

3.- Los Kirchner, Correa y Tabaré y sus corrientes políticas y candidatos, fueron vencidos en elecciones aparentemente democráticas donde el electorado fue orientado hacia un cambio de régimen: del progresismo (con sus excesos) al conservadurismo neoliberal.

4.- Lula y Dilma fueron víctimas de un “Golpe Blando”, es decir, un Golpe de Estado sin violencia y sin militares tomando las calles y las principales instalaciones de gobierno, que contó con el apoyo de un Poder Judicial corrupto y cómplice de la asonada para quitarlos del poder y llamar a nuevas elecciones en donde, con una debilitada fuerza de izquierda y con sus dos principales figuras bajo proceso penal, Lula y Dilma, procesos fabricados para quitarlos del camino, gana Bolsonaro. Algo parecido intentaron fabricar en Bolivia, argumentando un “fraude” en la tercera reelección de Evo Morales.

5.- El Golpe de Estado más burdo, largamente preparado mediante la infaltable corrupción de la cúpula militar, es el de Bolivia. A golpe de dólares trataron de fabricar un golpe quirúrgico del nuevo estilo, sin Marines, bombardeos a la casa presidencial, represión, presos, torturados y ejecutados como en las dictaduras de los 70 y los 80. Más no contaron con la respuesta de un digno pueblo indígena patriótico, forjador de una nación pluriétnica y pluricultural. No tardó en aparecer el racismo, la discriminación y la represión, terminando con presos, torturados y ejecutados. Todo ello, ante la parsimonia de los órganos de la ONU y la vergonzosa complicidad de Luis Almagro, Secretario General de la OEA, “el Ministerio de las Colonias”.

6.- Caso aparte merecen los procesos chileno y colombiano, en el que las fuerzas sociales irrumpen espontáneamente ante la sorpresa de todos, cuyo origen es la creciente desigualdad y pobreza social. Chile, donde la resistencia juvenil y femenil ha tomado la vanguardia y ha ofrecido una tenaz resistencia contra la brutal represión carabinera del agobiado presidente neoliberal Sebastián Piñera, que se sostiene con alfileres a pesar de la fuerte presión de las movilizaciones diarias que demandan su dimisión. Lo más grave para el statu quo, es la demanda de cambio del modelo de desarrollo neoliberal. Chile, la joya de la corona, el modelo y ejemplo de desarrollo neoliberal gracias a la dictadura pinochetista (cuya Constitución sigue vigente), se derrumba estrepitosamente.

7.- Venezuela, Cuba y Nicaragua resisten estoicamente la ofensiva imperial. Los regímenes de estos países, contrario a lo que piensan muchos y a lo que promueven a diario los medios globales convencionales, a pesar de los bloqueos económicos, financieros y tecnológicos y de las duras sanciones ilegales y unilaterales de Washington contra estos pueblos, estos gobiernos tienen un gran apoyo popular y de sus fuerzas armadas que hace casi imposible un Golpe de Estado blando o duro, aún a costa de los esfuerzos permanentes de Washington y del poderoso lobby de Miami y sus aliados financieros por denostar a estos regímenes. Por la propaganda denostativa, no es fácil para el ciudadano común entender la semilla social sembrada por Fidel Castro, Hugo Chávez y la Revolución Sandinista en estos países.

8.- México no puede quedar exento del panorama de cambio y resistencia en el Continente a partir de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia. Un cambio de régimen en torno al modo y estilo diferente de gobernar, con el sello de la austeridad, de un efectivo combate a la corrupción y a las cuotas de poder y de un discurso anti neoliberal (con todo y sus errores) no es fácil aceptar y asimilar por una clase política, empresarial y mediática acostumbrados a vivir en el exceso y la comodidad a costa del saqueo a la nación. El cambio tiene sus costos. Uno de ellos se observa en la dura reacción de los sectores de la derecha, de los grupos económicos afectados por estos cambios y de la oposición política-ideológica, que perdió sus posiciones de poder ante el avasallador golpe electoral. Ahora intentan reagruparse para dar la batalla política e ideológica, aún pesar de que son los causantes de la tragedia nacional.

En resumen, América Latina es hoy un laboratorio de cambios. Atrás de las asonadas, movilizaciones, bloqueos, presiones político-económicas y golpes blandos y duros contra gobiernos democráticos, populares y antineoliberales, están Washington, el capital financiero internacional, las oligarquías criollas, las trasnacional y los incontrolables poderes fácticos.

Foto: ElPaís.cr

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Al filo de la navaja

México: La batalla por la Comisión Nacional de Derechos Humanos

La batalla por la CNDH va más allá de impugnar la legitimidad a su titular

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Raúl Ramírez Baena*

En solidaridad con el pueblo de Bolivia y con
su presidente constitucional Evo Morales

La disputa por la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) no escapa de la polarización en que ha caído la sociedad mexicana, sobre todo a partir de la llegada de AMLO a la presidencia.

El primer cambio de titular de la CNDH en la 4T ha resultado en una dura confrontación entre las dirigencias de la nueva oposición, el PAN, el PRD, Movimiento Ciudadano y el PRI con MORENA y sus aliados, que en la sorda lucha política han expresado “fraude” en el conteo de votos en el Senado que dieron el gane a Rosario Piedra Ibarra.

En esta coyuntura se han manifestado también dirigentes de ONG, activistas y académicos que protestan por considerar falta de transparencia e irregularidades en el procedimiento de elección de la terna a votar en el pleno del Senado.

Doña Rosario Ibarra de Piedra (madre de la recién nombrada titular de la CNDH, Rosario Piedra Ibarra), reconocida el mes pasado con la Medalla Belisario Domínguez, máxima presea que otorga el Senado mexicano, mantuvo siempre una firme postura crítica en torno a la CNDH, a la que llamó “engendro de Salinas”.

A pesar de haber sido postulada dos veces a la presidencia de la República en 1982 y 1988 por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (la primea mujer candidata en el país); en 1985 diputada federal por el PRT, en 1994 nuevamente diputada federal por el PRD, y en el año 2006, senadora de la República bajo las signas del PT (por acuerdos parlamentarios), por convicción propia, Rosario Ibarra de Piedra nunca ha militado en partido alguno.

Su hija, Rosario Piedra Ibarra, no sólo milita en MORENA, sino que fue una de sus fundadoras, dirigente y candidata en 2018 a una diputación federal en Nuevo León, que no ganó. Sin embargo, según la ley, esto no la descalifica para ser postulada a la presidencia de la CNDH (artículo 9º, fracción IV de la Ley de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos: “No desempeñar, ni haber desempeñado cargo de dirección nacional o estatal, en algún partido en el año anterior a su designación”).

Para aclarar, Rosario Ibarra de Piedra no es lo mismo que su hija Rosario Piedra Ibarra, víctima indirecta por la desaparición de su hermano Jesús Piedra Ibarra por el ejército. Participa activamente en el Comité ¡Eureka!, fundado por su madre, demandando la presentación de los presos, perseguidos, desaparecidos y exiliados políticos de la Guerra Sucia de los años 70 y 80, pionera en la lucha por los derechos humanos en México, madres que nunca han sido recibidas por presidente alguno, AMLO incluido.

Doña Rosario Ibarra sorprendió a todo México con el mensaje leído en el Senado por su hija Claudia Piedra en la entrega de la Belisario Domínguez, dejando en manos de AMLO (no “regresándole”) la presea con la consigna de que se la devuelva “junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos y adorados hijos y familiares y con la certeza de que la justicia anhelada por fin los ha cubierto con su velo protector. ¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!”.

Es difícil que se reponga el procedimiento para una nueva terna para la CNDH, legítima demanda de ONG, académicos y activistas que por años han trabajado por los derechos humanos en México, que consideran un proceso viciado de origen.

Pero tampoco abona confundir ni estigmatizar negativamente a Rosario Piedra Ibarra, que no es ninguna advenediza ni contraria al movimiento social, al contrario; tampoco impedir por la fuerza su toma de protesta como lo ha anunciado la fracción del PAN en el Senado. Ni bombardear las redes sociales con bots, provocando la confusión con manipuladores mensajes ideologizados y contaminados, dignos de la peor época Macartista: “… sí hubo fraude en el nombramiento de la defensora de criminales y terroristas de la Liga Comunista 23 de Septiembre PT, Rosario Ibarra de Piedra, al frente de la CNDH (ya se aclaró, no se trata de Doña Rosario Ibarra sino de su hija, Rosario Piedra)”.

O estas otras perlas: “Es el fin de la autonomía de la CNDH, ahora cómplice de los ASESINATOS Y VIOLACIONES A DERECHOS HUMANOS de víctimas por parte de la Dictadura de López Obrador, ella defenderá solo criminales al servicio del presidente… Ella fue cómplice de sicarios comunistas y es ahora nombrada por MORENA como titular de Derechos Humanos. Rosario Ibarra de Piedra es una falsa activista, dedicada a la defensa de la impunidad criminal (amnisitia) (sic) en favor de criminales comunistas, creadora de la organización que funciona como lobby comunista, “Comité ¡EREKA!” (sic), dedicada a hacer apología de los crímenes perpetrados por los miembros de la ORGANIZACIÓN TERRORISTA Liga 23 de Septiembre, asesinos del empresario Eugenio Garza Sada…”

Ahora, Rosario Piedra Ibarra, como presidenta de la CNDH, deberá demostrar congruencia en defensa de la independencia y autonomía de la institución, con la corriente crítica que representa, con la herencia de lucha de su madre y con la crítica fundamental que a la institución: el exceso de legalismo, de burocratismo, de altos salarios, de su alejamiento y poca empatía con las víctimas, de su lentitud y falta de seguimiento de sus resoluciones y de su zalamería con el mandatario en turno (con sus honrosas excepciones).

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El Falso Caso Wallace

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