Madero, la participación social y el tartufismo político

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Presidente del PAN, Gustavo Madero. Foto: redpolítica.,x

Patricia Barba Avila*

No basta decir solamente la verdad; más conviene mostrar la causa de la falsedad. Aristóteles

No cabe duda de que pese a que continuamente atestiguamos actos de supremo tartufismo(1) entre la clase política al servicio del cártel financiero internacional, muchos de los que escuchamos los lamentos proferidos por Gustavo Madero en la entrevista con Aristegui sobre “la poca participación ciudadana”, no pudimos evitar la estupefacción ante tal nivel de cinismo. Madero no sólo precipitó la aprobación más apresurada de que tengamos memoria de la (contra) reforma energética, sino que dijo que ésta llevaba el “ADN” panista, ya que ni el Congreso Federal ni los 28 estatales que dieron el vertiginoso «sí» a la modificación de los artículos 25, 27 y 28 de la Carta Magna mostraron el más mínimo interés o respeto por la opinión de los sectores sociales que sí participaron y sí se manifestaron en contra de este atraco y lo siguen haciendo.

Lo que este hecho refleja es devastador. Por mencionar un caso emblemático, tenemos un periodismo de excelencia que, dolorosamente, conlleva la entrega a los televidentes y radioescuchas de consorcios como MVS, de un enorme número de spots mentirosos que elogian las bondades de un cártel gubernamental que se ha convertido en uno de los patrocinadores de este magnífico espacio conducido por Carmen Aristegui. En otras palabras: la enorme credibilidad que esta gran comunicadora aporta a una empresa mercantil de comunicación y entretenimiento como la de Joaquín Vargas, nos llega a millones como un delicioso pastel informativo y de análisis que nos tragamos junto con el cúmulo de comerciales que afirman, sin demostrar, que la reforma energética será para beneficio de todos; que la reforma educativa pretende mejorar la enseñanza; que la reforma laboral generaría miles de empleos; que la SCJN –galardonada vergonzosamente por la ONU por su defensa de nuestros derechos (SIC!!!) mientras que la UNESCO denuncia al gobierno mexicano por graves violaciones a los derechos humanos– hace cumplir la Constitución, además de entrevistas a miembros de la burocracia criminal que nos desgobierna en las que sujetos como Madero se atreven a escupir lamentos sobre la poca participación social.

Lo terrible de esto no es sólo que Carmen esté tan acotada que no pueda hacerle preguntas que desnuden su hipocresía, sino que su prestigioso espacio tenga entre sus mecenas a otro conspicuo miembro de la oligarquía enriquecido hasta la náusea merced de la privatización de Teléfonos de México. Lo terrible de esto es que periodistas honestos como Carmen se vean obligados a decirle “señor presidente” a un verdadero criminal y que no exista Ombudsman del periodismo que pueda impedir todos estos absurdos.

No se trata aquí de establecer censura contra nadie; se trata de que programas informativos y de análisis del calibre de Noticias MVS con Aristegui, deberían tener la facultad de aclarar a su auditorio: “los anuncios que acaba de ver y escuchar no coinciden con nuestro criterio” o algo por el estilo, seguido de un análisis profundo que demostrara a la audiencia de esta empresa que los spots que nos entregan de manera abrumadora son mentiras desvergonzadas pagadas con nuestro dinero sin haberlo decidido o aprobado nosotros.

Hace poco expresé ante un consternado grupo de ciudadanos que “nos tienen agarrados de donde más nos duele” refiriéndome no sólo a la circunstancia periodística que arriba describo sino a muchos otros aspectos en los que estamos inmersos como por ejemplo el hecho de que en los Sanborn’s de Slim, el mismo que nos receta las elevadas tarifas de telefonía fija y celular, se vendan libros de la pluma de López Obrador, Anabel Hernández, y otros periodistas y escritores de incuestionable dignidad y críticos del gobierno. El cálculo aquí no podría ser más pragmático y mercantil: el dueño del grupo CARSO, uno de los grandes beneficiarios de los paraísos fiscales, se beneficia lo mismo de los consumidores y fans de la derecha, que de los consumidores que militan o simpatizan con la izquierda…negocio redondo!

Lo que escuchamos en la entrevista con Madero evidencia, además, lo que muchos ya habíamos percibido: que de un tiempo acá, entre las estrategias más socorridas por la Cosa Nostra denominada “gobierno mexicano”, ha estado la adopción de lemas y aspiraciones tanto de la oposición de izquierda como de ciudadanos que en lo individual luchamos por una auténtica democracia. Los ejemplos abundan, desde la implementación de políticas que antes criticaron como “populistas” hasta el plagio de banderas como la participación política de los ciudadanos en los asuntos de trascendencia. En este tenor, la crítica del presidente del CEN panista hacia una sociedad “poco participativa” en el debate sobre la reforma energética, es un caso paradigmático de camaleonismo tartufiano ofensivo de la inteligencia ciudadana.

La hipocresía detrás de este rasgado de vestiduras de este ferviente aplaudidor de la privatización de la renta petrolera, se evidencia en incontables casos, entre ellos, el hecho de que uno de los responsables de la muerte de los 49 niños de la guardería ABC, Juan Molinar Horcasitas, haya sido premiado con la titularidad de la SCT y, posteriormente con su inclusión en el Consejo Rector del Pacto por México (muchos lo conocemos como el “Pacto para joder a México”)… ¿dónde está el respeto de Madero por el clamor de los padres de los pequeños que murieron calcinados y asfixiados gracias a la inmensa corrupción de miembros de su partido? ¿Dónde está la consideración Madero y sus compinches hacia las voces de denuncia contra los delitos perpetrados por Peña Nieto y su pandilla para asaltar la Presidencia de la República? ¿Dónde está el oído respetuoso de Madero hacia las razones y argumentos de los miles de opositores al atraco disfrazado de Reforma Energética?

La forma cruda y brutal con la que han venido imponiendo las decisiones que recibe la Cosa Nostra de sus patrones allende las fronteras, pese a las multitudinarias manifestaciones en contra, demuestran de manera indiscutible que la “indignación” de Madero ante la indiferencia ciudadana no se sostiene si nos atenemos a la política de “ni los veo ni los oigo” exhibida tanto en los mega-fraudes que han impedido que se cumpla la voluntad del electorado que votó por López Obrador en el 2006 y el 2012. De igual manera la vertiginosa celeridad con la que los secuaces de la Cosa Nostra le dieron la bendición a la entrega de la renta petrolera al capital privado nacional y transnacional. En todo este tiempo los panistas y priístas, acompañados por sus comparsas en el Verde, el PANAL y la derecha “chuchiana” han estado perfectamente conscientes de la enorme oposición de amplios sectores sociales a la privatización de lo que por ley constitucional (hasta el 19 de diciembre de 2013) era propiedad inalienable de la Nación.

Por otra parte, la tragedia tartufiana que vivimos en el ámbito comunicacional y político no se constriñe a México, donde un Premio Nacional de Periodismo se le entrega lo mismo a una periodista de excelencia como Anabel Hernández que a Foro TV parido por una empresa especializada en el engaño y la manipulación, sino que lo observamos en las esferas más altas y en organismos internacionales que deberían sustentar su prestigio con hechos y no sólo con discursos demagógicos como es el caso de la ONU, que lo mismo premia a gente de elevada estatura como Lydia Cacho que a un grupo mafioso llamado “Suprema Corte de Justicia de la Nación” que justamente pisoteó los derechos de la periodista y escritora en beneficio de Mario Marín, Kamel Nacif y otros “próceres” de la mafia que se apoderó de México.

Este tartufismo se evidencia igualmente en el Comité Nobel del Parlamento Sueco y la Academia Sueca al otorgar el preciado galardón lo mismo al gigante Nelson Mandela que a su antípoda Barack Obama; la abrumadora inmoralidad que predomina en el ámbito público internacional se exhibe en toda su crudeza en la Universidad de Harvard que admitió a un sujeto tan abyecto como Felipe Calderón dentro de su cuerpo docente, así también en las zalamerías proferidas por Shimon Peres, Presidente de Israel a favor del usurpador Enrique Peña Nieto, difundido todo esto con singular enjundia por el periodismo de alquiler.

Más aún, el tartufismo político lo percibimos también en la postura contra la privatización petrolera adoptada por la “izquierda” chuchiana que lo mismo suscribió el Pacto por México (para joder a México) que impulsa ahora, a toro pasado, una consulta para el 2015, cuando ya las garras de las codiciosas mega-corporaciones estén profundamente clavadas en nuestra riqueza energética… el cálculo politico no podía ser más maquiavélico: quedan bien con dios y con el diablo, es decir, quedan bien con el poder detrás del PRI-AN y rémoras que lo acompañan y, al mismo tiempo, intentan acumular capital político que los apoye en la elección presidencial del 2018.

El respetado comunicador alternativo Rubén Luengas dijo no hace mucho una frase contundente que siempre tengo presente: “no se puede equilibrar la verdad con la mentira”, es decir, que para realizar una actividad informativa de altura y objetiva, no es necesario dar cabida libre a falsedades que no se enfrenten con los imprescindibles cuestionamientos de comunicadores comprometidos. Vaya si tiene razón!

(1) Tartufismo político: Es una expresión alusiva al personaje de Moliére, Tartufo, quien representa la hipocresía y falsedad en su expresión más nauseabunda. Se usa para señalar una práctica política cínica y sin escrúpulos contra el bienestar público.

*La autora es periodistas mexicana de LaNuevaRepública.org (paty.barba50@gmail.com, @setimorena2013; Facebook: Patricia Barba/Comunicación Ciudadana).

 

Guadalupe Lizárraga

Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias en español en Estados Unidos sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de las investigaciones en formato de libro Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017) y El falso caso Wallace (Casa Fuerte, 2018) ambos distribuidos por Amazon.com

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