MORENA y la continuidad del proyecto

Patricia Barba Ávila

  • El presidencialismo y el culto a la personalidad en tiempos de la 4T
  • La urgencia en la formación de cuadros dentro y fuera de MORENA

Ten fe en el progreso. La madre Tierra se enorgullecerá dentro de poco al ser pisada por hombres en vez de rebaños. El sol comienza a besar sus frentes en lugar de quemar sus espaldas.

Ricardo Flores Magón

No es desconocido para los ciudadanos que seguimos con enorme interés el curso de la nueva administración, que dentro de la dirigencia del Partido-Movimiento de Regeneración Nacional existen enfrentamientos y serios problemas de diversa índole, en un entorno de evidente pluralidad de concepciones entre sus militantes, adherentes y simpatizantes, acompañada de una preocupante falta de formación de cuadros políticos que garanticen la consecución del Proyecto Alternativo de Nación y la 4T así como su continuidad después de que AMLO concluya su sexenio.

Ha expresado el presidente López Obrador, con justa razón, que se debe buscar la convivencia entre ciudadanos de diferente convicción política o religiosa. Por supuesto que así debe ser. Sin embargo, esto no significa que dentro de un partido-movimiento masivamente votado para ejercer el poder en beneficio de una esperanzada ciudadanía, no deba haber una definición política clara y, por ende, una urgente y obligada formación de cuadros políticos. De hecho, en uno de sus congresos, se tomó la decisión de destinar una partida presupuestal para este propósito, el cual debe ir necesariamente de la mano de la aprobación de una auténtica reforma educativa que redunde en una educación formadora de individuos que con sano escepticismo y alto nivel de análisis, participen de manera activa en decisiones en beneficio de la sociedad.

En este tenor, varios de los que hemos venido siguiendo puntualmente las actividades de la actual administración, especialmente a través de las “mañaneras”, tendríamos que señalar algo que tal vez pase inadvertido para la totalidad de los millones de militantes y simpatizantes de Morena pero no para una enfurecida y menguada oposición y sus fans: el lenguaje y la actitud que frecuentemente adoptan los miembros del gabinete y otros colaboradores del presidente López Obrador al momento de comunicar sus actividades ante los medios.

Idóneamente, un servidor público con sólida formación política y que responda a sus mandantes, los ciudadanos, tendría que llevar a cabo su trabajo teniendo como eje un Proyecto de Nación y no exclusivamente por obediencia a un líder, en este caso, el presidente actual, por muy querido, respetado y honesto que sea, como es el caso de AMLO. Sin embargo, lo que hemos venido escuchando de secretarios, directores y otros colaboradores, son frases como “por instrucciones del sr. presidente”, “de acuerdo a la instrucción del sr. presidente”, “como lo ha ordenado el Sr. Presidente” y otras expresiones que además de evidenciar el marcado presidencialismo en el que nos hemos formado más como súbditos que como actores políticos, ponen de manifiesto una intención de quedar bien con el líder y sus millones de fans.

Y es que por décadas, los estudiantes en todos los niveles, han venido recibiendo una “educación” que lejos de formar verdaderos ciudadanos vigilantes de la gestión de sus servidores públicos, ha generado en su mayoría, seguidores que veneran en lugar de respetar y reaccionan de manera irascible ante cualquier crítica, fundada o no, en lugar de debatir con argumentos sólidos. Por otra parte, están las fallas de parte de las dirigencias partidarias para promover la formación de cuadros políticos capaces de asumir cualquier responsabilidad dentro de un gobierno y no de actuar en función de lo que el señor presidente o el líder en turno ordene. Y es justamente esta circunstancia tan preocupante la que enciende las alarmas respecto de la dilación que la dirigencia morenista ha mostrado para echar a andar una verdadera y eficiente escuela formadora de hombres y mujeres integralmente preparados para cualquier tarea encaminada a la regeneración del país, tal como lo indica el nombre que le da –o debe dar- sustento a este partido.

El hecho de que el mismo presidente se vea obligado a disculpar no sólo las pifias de sus colaboradores, sino peor aún, los actos de corrupción cometidos por presidentes municipales, gobernadores y otros “servidores públicos” que llegaron a sus puestos colgándose de manera oportunista del arrastre de AMLO, es otro de los aspectos que sustentan la urgencia de que la militancia del Movimiento de Regeneración Nacional y sus simpatizantes fuercen a su dirigencia a dar los pasos necesarios y urgentes no sólo para la preparación de futuros colaboradores que den continuidad al proyecto en los próximos sexenios, sino también para que este partido-movimiento no recorra la ruta que llevó al PRD a su destrucción.

Adicional a lo anteriormente expuesto, existe otra circunstancia preocupante relacionada con la carencia de cuadros políticos que puedan asumir, por ejemplo, la dirigencia de Morena cuando la presente concluya su gestión. Aquí es necesario poner sobre la mesa la propuesta que recientemente hizo un empresario tabasqueño conectado con los medios digitales, y que consiste en proponer al Dr. Alfredo Jalife como el “candidato ideal” para dirigir este partido. Independientemente de que los amplios conocimientos que este controvertido personaje posee en geopolítica, principalmente, son evidentes, el problema radica en la tendencia que en repetidas ocasiones, ha mostrado el Dr. Jalife para la descalificación ad hominem de todo aquel o aquella que se atreva a contravenir sus puntos de vista, empleando términos tan ofensivos como “gonococo”, “prostituta”, “narcolavador” “panazi”, entre otras lindezas que muy poco o nada tienen que ver con ideas o argumentos políticos y que, en la mayoría de los casos, carecen de evidencias que les den sustento. Esto es sumamente delicado pues raya en la calumnia y el dirigente de un partido-movimiento no puede caer en este tipo de conductas que indignan y confrontan.

En este punto es necesario mencionar el caso del actual diputado por el PT (que no por Morena), Gerardo Fernández Noroña, personaje con larga trayectoria no sólo como líder social, sino como militante de izquierda y legislador. Aquí cabe resaltar que Fernández Noroña ha logrado equilibrar una postura analítica y crítica con una indiscutible lealtad hacia el presidente López Obrador y, en general, hacia el gobierno que él encabeza. Por otra parte, pese a su temperamento fuerte, hasta donde hemos podido constatar, este importante actor político no ha caído en los excesos que sí hemos advertido, con mucha preocupación, en el Dr. Jalife. No obstante lo anterior, sabemos que dentro de la cúpula morenista existe un rechazo manifiesto hacia Fernández Noroña, aunado a una campaña mediática en su contra en la que, absurdamente, también participan comunicadores alternativos que se consideran a sí mismos, como “progresistas” o que han exhibido una acrítica simpatía hacia el lopezobradorismo que raya en la veneración.

Ciertamente, la cristalización de la 4T no sólo pasa por un genuino y evidente compromiso por parte de Andrés Manuel López Obrador hacia la ciudadanía, en un entorno extremadamente adverso derivado, por una parte, de una rabiosa y disminuida oposición representante de los intereses de la plutocracia nacional y transnacional y, por la otra, por las carencias ya mencionadas dentro de Morena aunadas a un deficiente y despolitizante sistema educativo, amén de otros factores. La regeneración de México pasa también por la voluntad de militantes y ciudadanos conscientes que fuercen a la dirigencia morenista a dar los pasos necesarios para una profunda democratización y politización dentro de este potencialmente promisorio partido-movimiento, antes de que deje de ser “movimiento” y quede reducido, tristemente, a una simple estructura electorera.

El cambio de amo no es fuente de libertad ni de bienestar. Ricardo Flores Magón

 

 

 

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