Siria: un conflicto evitable

Ataque aéreo en la localidad de Azaz, Siria. Foto: Agencias/El País digital
Ataque aéreo en la localidad de Azaz, Siria. Foto: Agencias/El País digital

Por Leticia Puente Beresford

Nueva York, NY.- Cambiar las verdades, mover las piezas para romper la postura bélica, hasta que una pacifista emerja, esa es la estrategia para alcanzar la paz del pueblo sirio y evitar una mayor calamidad.

Las imágenes de video y las fotografías de niñas y niños asesinados el pasado 21 de agosto con armas químicas, concretamente con gas sarín, como concluyó la misión investigadora de la ONU, difícilmente se pueden ver sin horror o nos obligaron a taparnos la cara con las manos para evitar esa escena de crueldad absoluta. De ese horror surgieron las expresiones de rechazo, a las que siguió la declaratoria de un ataque aéreo limitado de Estados Unidos.

Barack Obama, que no ha variado su postura de un eventual ataque contra el cuestionado mandatario sirio Bashar al Assad que enfrenta a las fuerzas opositoras desde el 2011 (algunas de las cuales son apoyadas con material para su guerra), pudo escuchar a los ciudadanos que adelantaron su NO a la guerra en contra de Siria. Peace Action, una de las principales organizaciones en contra de un ataque a Siria, se dejó ver en las calles marchando a favor de la paz y muchas voces se le unieron, cansadas de vivir en un país de vocación bélica.

El comandante en jefe de las fuerzas armadas estadounidenses movió sus piezas y se vio obligado a buscar la aprobación de sus congresos, aunque ha insistido en la necesidad de un ataque aéreo, lo que ha reiterado este 24 de septiembre frente a la Asamblea General de Naciones Unidas, aquí en Nueva York.

Su secretario de Estado, John Kerry se ha movido tanto en la arena local como en la internacional, ante la crítica de comunicadores y líderes de opinión que no dejan de señalar que Barack Obama recibió el Premio Nobel de la Paz y propone una agresión, aunque sea un ataque limitado y con fines “didácticos”.

Una pieza más en esta búsqueda por evitar la vía bélica es la de Naciones Unidas, con sus dos investigaciones sobre el ataque químico del 21 de agosto, que han confirmado la existencia de un ataque, de muertos, del tipo de gas usado y de la fecha, más no del autor. Eso ha generado que, sin pruebas sobre el autor de la agresión, Estados Unidos atribuya al gobierno de Damasco la responsabilidad, mientras Bashar al Assad lo niega y Rusia presenta pruebas, no contundentes, de que son los rebeldes quienes tienen armas químicas y las habrían usado contra los civiles.

La incorporación de Rusia, también criticada por medios occidentales, dio la impresión de que el presidente Vladimir Putin tomó la delantera, le “robó el mandado”, como decimos los mexicanos, al presidente Obama. Llevó a Siria a aceptar la destrucción total de su armamento químico, bajo supervisión internacional.

Entre la ciudadanía estadounidense, la salida arreglada al conflicto sirio generó tanto rechazo, entre quienes no confían en otros países e insisten en que Estados Unidos debe actuar para poner ejemplo, y entre los que no aceptan una guerra más fomentada por su país en otra nación.

En suma, Barack Obama, que obtuvo el Nobel por decisión de terminar con la presencia militar estadounidense en Afganistán y Kuwait, no convenció a la comunidad internacional, ni inspiró la suficiente confianza para efectuar el ataque, aún con su promesa de que no habría tropas de tierra en Siria, de que no habría “botas en tierra siria”.

Faltan aún que se muevan más las piezas, que los actores involucrados estiren y aflojen, con miras a tomar una posición ventajosa frente a Siria- un país rico en petróleo, gas natural fosfato, asfalto, sal, en carbón, hierro, cobre, plomo y oro-, cuyo destino parece estar en manos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Estados Unidos, China, Gran Bretaña, Rusia y Francia.

La excusa para acelerar la solución a la guerra en Siria son los mil 400 seres humanos que murieron gaseados el 21 de agosto, pero la razón de buscar un alto al fuego lo son también los dos millones de personas que han tenido huir, según la Acnur; las más de tres millones de personas sin seguridad alimentaria, como advierte la FAO, incluso la enorme riqueza cultural, material e intangible de esa milenaria civilización, así como la memoria de los más de 110 mil personas que han muerto a causa de una guerra que puede solucionarse con las armas del diálogo y la razón, máxima riqueza de la humanidad.

 

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