Un Planeta igualitario

mujeresUna colorada (vale más que cien descoloridas)

 Lilia Cisneros Luján

Mañana en el Consejo de Administración Fiduciaria de la Secretaría de la ONU, iniciarán varios eventos encaminados  a lograr un planeta 50-50 en apenas 15 años. Todo el mundo intentará dar el paso para el logro de dicho objetivo, sin considerar las posibilidades de cambio en las cuotas por los reclamos de los homosexuales, transgéneros y toda esa emergencia de personas que no se conforman con ser hombres o mujeres.

Por supuesto al hacer las contabilidades globales, países como Islandia, distorsionan al porcentaje por el hecho de ser más mujeres que hombres en los puestos políticos de diversos niveles y, en dichas cuotas poco interesa si las contabilizadas tienen algún soporte académico que haga más trascendente su participación en lo público o lo privado.

Desde el pasado jueves, la directora ejecutiva de ONU-Mujeres, difundió la agenda que se propone a partir de mañana hasta el 2030, para el logro del desarrollo sostenible, la igualdad de género, el empoderamiento de las damas y la defensa de las niñas; todo ello encaminado a terminar con la discriminación y la violencia, además de garantizar la igualdad de participación y oportunidades en todos los ámbitos. ¿Cuál será la repuesta de gobiernos, culturalmente conformados desde sus bases para esconder a las mujeres en armaduras de tela? ¿Se convierten en hechos los propósitos de la Plataforma de acción de Beijing, con lo acordado por la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer celebrado en 2015 en la ONU?

Riesgos sanitarios que afectan la condición de fertilidad femenina o la plena salud de sus hijos amenazados por diversos males como el SIKA, ¿permitirán mantener  lo logrado y avanzar en lo propuesto? En la línea de brote de estas enfermedades emergentes –muchas de las cuales se sospecha han sido creadas en laboratorios manejados mayormente por hombres- y todas las amenazas derivadas de las guerras, las migraciones, los desastres ¿De verdad se garantizará a las mujeres el mantener vigente aquello tradicional de “mujeres y niñas primero”?

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Apenas el viernes pasado, seguí con detenimiento en la mesa de análisis de un famoso payaso mañanero, la virulencia de las “contra argumentaciones” de tres varones cada vez que la señora Pagés iniciaba su alegato; verlos me provocó pena ajena. Ella debía levantar el tono de su voz para ser respetada en su turno al micrófono, su participación no era sentida por la mayoría masculina como un derecho de inclusión; había que atacarla, ¿por ser priísta, por defender algunos puntos de institucionalidad? bueno en realidad por ser mujer y representar en dicho panel una auténtica minoría.

Tiempos hubo en que, con todo y lo poco o nada reconocido del papel femenino, había cierto respeto por su inclinación a la pacificación –iniciando por la familia nuclear y luego la ampliada- y el cuidado del ser humano mismo. Hoy las diversas agendas, parecen desear borrar su esencia natural, con lo cual la descendencia, en la mayoría de los casos, crece sin equilibrios, sin límites, sin ética y con valores –o antivalores dirían algunos- encaminados a reforzar la lucha por el dinero, el poder, la fama y la supremacía.

Los compromisos basados en las cuotas, no se ocupan de las verdaderas negaciones que ha sufrido la mujer por siglos: educación, reconocimiento auténtico, valoración de su esencia femenina.

Todos hemos tenido la desgracia de conocer núcleos, donde la violencia –empezando por lo verbal- es ejercida por mujeres que han mal entendido esto de la igualdad. Hemos visto madres, maestras, educadoras que se dirigen a los infantes con peores palabras de las que antes estaban reservadas a carretoneros, hombres rudos, y personas sin instrucción alguna. Reconozco que la coprolalia[1] en ocasiones tiene efectos “terapéuticos”, pero llegar al extremo de ufanarse ¿recuerda a una funcionaria del gabinete de Fox? por hablar con lo que antes eran groserías y hoy se llaman barbarismos, es una pésima interpretación de las igualdades.

Apenas algunos grupos como la FEMU de la UNAM, celebrarán con mesas de discusión y propuestas; los comerciantes elevarán el costo de flores, chocolates, apartados de mesas en restaurantes; creativos powerpoint serán recibidos por miles de mujeres que seguramente habremos de sentir lindo por ser felicitadas, pero ¡cuidado! de verdad es mucho lo que la humanidad se está jugando y si bien es cierto que sobre todo en sociedades donde lo que impera es la pobreza, son las mujeres y las niñas las menos favorecidas; también lo es que se empiezan a reconocer balances en donde una igualdad sustentada en la confrontación, la revancha y el triunfo por el triunfo mismo esta produciendo mujeres más machistas y más excluyentes que los mismos hombres.

Cuidemos el equilibrio, celebremos este día de la mujer evitando criticar a las que han triunfado y poniendo atención a las cualidades de aquellas que propondremos a un puesto de representación o de ejecución de programas que nos lleven como humanidad –de hombres y mujeres- a una condición mejor que la que ahora nos abruma.


[1] “hablar con caca”

PD.: Ya está a la venta en las librerías el Sótano, mi último libro: “En México no hay hombres”

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