Venezuela: La encrucijada por el petróleo

El presidente Maduro ante delegados de UNASUR. Foto: AVN
El presidente Maduro ante delegados de UNASUR. Foto: AVN

Eduardo Camín*

Tal vez sea muy fácil formular conjeturas respecto a la suerte futura de la revolución bolivariana, en especial cuando éstas nacen a partir de la incertidumbre creada por la desaparición física de un líder carismático como lo fue, sin duda alguna, Hugo Rafael Chávez Frías, quien supo entender su papel histórico en la conducción de un proceso de cambios que ya venía gestándose en Venezuela mucho antes de 1992.

Ahora, frente a la coyuntura creada, por varios factores donde se manifiesta claramente la crisis en el orden productivo nacional y en el abastecimiento de ciertos rubros necesarios, la escasez y especulación en relación al dólar, además del burocratismo y la corrupción administrativa, no son pocos los analistas que ya anticipan, no sin cierta resignación, que estaría pronto el final de todo el proceso revolucionario bolivariano socialista al observarse que gran parte de lo hecho y predicado por el Comandante Chávez no tiene fie réplica. Nosotros nos negamos a creer este desenlace de un proceso que ha generado mucha expectativa en América Latina. Pero sería ingenuo confiar en que el adversario dejará de atacar porque se le complazca en sus peticiones y aspiraciones inmediatas en materia económica.

Todo esto, en medio de una guerra económica que ha afectado de manera sustancial la distribución y adquisición oportuna por parte del pueblo de aquellos productos de primera necesidad, en una gran parte acaparados por empresarios y comerciantes inescrupulosos, ocasionando malestar y zozobra entre la población, sin que las medidas adoptadas por el gobierno de Maduro hayan tenido los efectos deseados.

Pero creemos firmemente en la madurez de ese pueblo y sabemos de su capacidad para convertir los problemas creados por la oposición en ventajas y actuar de acuerdo con lo que les es ventajoso a la marcha segura de la revolución bolivariana, sin olvidar que gracias a la toma de conciencia y a la masiva participación de los sectores populares se pudo derrotar exitosamente a las elites dominantes en la elecciones presidenciales de 1998 y al golpe fascista-empresarial del 11 de abril de 2002.

Una oposición caracterizada por la intolerancia, fanatismo, racismo, violencia, odio, xenofobia y disociación que son los rasgos más evidentes observados a través del tiempo entre los grupos más radicalizados de la oposición antichavista en Venezuela. A tales rasgos se añade su empeño en hacer creer a la opinión pública internacional toda una realidad virtual, presentando hechos generados por ellos mismos manipulados de tal forma como si fueran ocasionados por adeptos del gobierno presidido por Nicolás Maduro. Por cierto, algo que no es nuevo en Venezuela, ya lo habían hecho en el preámbulo de la toma de poder de Chávez.

Por consiguiente, es asunto prioritario no confiar ni contar que la oposición dejará de atacar porque se le cumplan sus expectativas económicas, la tarea sería más bien lograr que los mismos sectores populares que respaldaron ampliamente al presidente Chávez durante todo su mandato recuperen por completo la esperanza en un destino mejor para todos.

¿Posible Intervención?

A principios del mes de febrero 2015, pidió el presidente Maduro una reunión a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), en Montevideo. Ahí advirtió firmemente a través de su secretario general Ernesto Samper que no aceptaría ninguna intervención en el proceso venezolano y que esta posibilidad es completamente inaceptable, desde todo punto de vista,
Pero no deberíamos olvidar tal como se desprende de la lectura del documento “Estrategia de Seguridad Nacional 2015″, emitido recientemente por la Casa Blanca, que esa posibilidad está contemplada.

Con dicho documento, el gobierno estadounidense vuelve a inmiscuirse en los asuntos internos del país, buscando animar una vez más a los sectores reaccionarios de la oposición en sus propósitos de acabar con el gobierno nacional y el proceso revolucionario bolivariano.

Todo esto se camufla en una verborragia diplomática del gobierno de B. Obama bajo un supuesto impulso “a los valores universales de democracia y derechos humanos”, además de “empoderar a futuros líderes” que sigan los dictados del imperialismo y su fase capitalista globalizadora abandonando toda noción de soberanía que entorpezca esta intención.

Como se podrá deducir, nada de esto es simple coincidencia con lo adelantado por los grupos opositores en su sabotaje a la normalización del abastecimiento de productos a la población y menos cuando no disimulan su complacencia al ver cómo continúan formándose las colas en los establecimientos comerciales, esperando que todo esto desemboque en güarimbas y saqueos. De ahí que no sea exagerado advertir que se trata de desencadenar hechos de esta naturaleza en territorio venezolano. Además, nos resulta bastante grotesco que Estados Unidos hable de riesgos a su seguridad nacional en un mundo inseguro cuando todo el mundo conoce que su injerencia en los asuntos de otros países es la causante directa de la violencia y destrucción que sufren estos países, especialmente en aquellos que poseen petróleo.

Ahora buscan legitimar esta injerencia en Venezuela con la aplicación de sanciones a funcionarios del Estado y amenazas que van en contra del derecho internacional.

Ciertamente, el proceso revolucionario bolivariano socialista iniciado con Hugo Chávez no ha transitado por un camino fácil, desprovisto de amenazas, confusiones y traiciones.

Esto nos lleva, por supuesto, a un cuestionamiento general del modelo civilizatorio en el cual vivimos, lo que nos conduce, a su vez, a cuestionar seria y profundamente la existencia del capitalismo salvaje y proponer en su lugar un mejor sistema económico donde prevalezca el bien común, siendo abolida la plusvalía que va a manos llenas de los dueños del capital.

La revolución bolivariana estaría en una encrucijada, por tanto, perfilándose en dicho fermento, diferenciándose amplia y significativamente de lo que ha sido hasta ahora la política clientelar tradicional; razón de más para que revolucionarios y chavistas acentúen su responsabilidad ante la historia, esforzándose cada día para que la emancipación integral del pueblo de Venezuela se convierta en una utopía finalmente realizada.

*Periodista uruguayo, ex director del semanario Siete sobre Siete y colaborador en otras publicaciones uruguayas y de América Latina. Corresponsal en Naciones Unidas y miembro de la Asociación de Corresponsales de prensa de la ONU. Redactor Jefe Internacional del Hebdolatino en Ginebra. Miembro de la Plataforma Descam de Uruguay para los Derechos Económicos sociales y medio ambientales.

 Fuente: Nodal

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