Gioconda Belli: “Pequeñas lecciones de erotismo”, trascendencia en fuga

Alberto Farfán

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Gioconda Belli encarna en ese contraste una tradición literaria que convierte el deseo en belleza, lenguaje y conciencia crítica.

Por Alberto Farfán

En esta fase de la era de la estupidez en que vivimos no es nada difícil encontrarnos con la decadencia sociocultural en todas partes. Y la música no es la excepción. Vulgaridad, majadería, denuesto, insensatez, bajeza, abyección sexual y un largo etcétera es lo que se escucha de buena parte de los llamados reguetoneros, y de otros músicos de esferas del más bajo nivel.

Y no es que quien esto escribe sea un mojigato, para nada, pero una cosa es el arte, el buen gusto y otra, todo lo contrario. Y es de llamar la atención que la audiencia de estos personajes sea acrítica, que los jóvenes fans —hombres y mujeres— que los siguen sean miles y miles en todas partes, en alienación total.

Por ello, se debe de recuperar la poesía, leerla, escribirla, asumirla. Ya que tenemos ejemplos perfectos para hablar de sexualidad, del coito amoroso entre hombre y mujer, que no guardan ninguna relación con la basura que hoy se consume entre risas, gritos y algarabía.

Gioconda Belli Pereira (Nicaragua, 1948), poetisa, novelista y activista, ganadora de varios galardones literarios, nos obsequia un maravilloso texto intitulado “Pequeñas lecciones de erotismo”, acaso uno de sus poemas eróticos más emblemáticos y conocidos.

Y lo es, en definitiva, porque su exquisitez de forma y fondo obtiene la cristalización de que el hombre y la mujer lleguen a converger, a que se disuelvan en uno, que es los dos. La voz poética femenina, más que aleccionar a la figura masculina que escucha, revela. Revela su ser en el otro. Veamos un fragmento:

“Recorrer un cuerpo en su extensión de vela

Es dar la vuelta al mundo...

Encuentra el lago de los nenúfares

Acaricia con tu ancla el centro del lirio

Sumérgete ahógate distiéndete

No te niegues el olor la sal el azúcar...

Niebla en el cerebro

Temblor de las piernas

Maremoto adormecido de los besos.

Instálate en el humus sin miedo al desgaste sin prisa

No quieras alcanzar la cima

Retrasa la puerta del paraíso

Acuna tu ángel caído revuélvele la espesa cabellera con la

Espada de fuego usurpada

Muerde la manzana.

Huele

Duele

Intercambia miradas saliva imprégnate

Da vueltas imprime sollozos piel que se escurre...

Suave puente nuca desciende al mar pecho

Marea del corazón susúrrale

Encuentra la gruta del agua...

Aspira suspira

Muérete un poco

Dulce lentamente muérete

Agoniza contra la pupila extiende el goce

Dobla el mástil hincha las velas

Navega dobla hacia Venus

estrella de la mañana

duérmete náufrago”.

Esta muestra, como gran parte del material poético de Belli, florece en equilibrio, el equilibrio dialéctico necesario que fluye configurando el erotismo como poesía en dos, de dos, hombre y mujer, cual trascendencia en fuga: éxtasis orgásmico. Pero me temo que los “artistas” referidos padecen de incomprensión lectora, por lo que por bastante tiempo los tendremos en escena, ya que no entenderán nada de esto.