
Antonio Rosales Domingo, 26 de Julio del 2026
El Camino Verde simboliza los espacios donde el deseo convive con la violencia, la extorsión y el silencio impuesto por la homofobia.
Por Antonio Rosales
El informe de la organización Letra S, titulado "El impacto de la violencia por prejuicio. Homicidios de personas LGBT+ en México 2025", tan solo en ese año, fueron asesinadas 60 personas por motivos relacionados con su orientación sexual o identidad de género. Si bien la tendencia va a la baja tras un pico en 2019, los crímenes por homofobia en el país persisten.
Las menciones al “Camino verde” y Ciudad Universitaria en el siguiente poema hacen referencia a la zona popularmente conocida como “Camino verde” en la UNAM, famosa entre la comunidad LGBT+ de Ciudad de México por ser un lugar de encuentros sexuales.
Cada día, noche y tarde coinciden
en un camino, variopintos hombres
(formales, informales y de todas edades)
buscando, en un orgasmo,
escapar del tedio diario
sin importar cuantos
mueran por el espejismo, engañados:
¡Que más da, que más da
si los matan después de penetrarlos!
Ciudad Universitaria guarda un camino
y tentadores rincones para los ya iniciados,
pero no es el único lugar
donde el arcoirís grita temerario:
Baños, antros, hoteles, vagones y callejones
celebran secretos de "machos" y "maricones"
que sudan deseos devorados al momento
de un instinto, en apariencias cubierto.
Sangre, sudor y semen reclaman
como tributo los dioses del alba;
silencio, indiferencia y desprecio
son cerrojos
con los que la noche tapa el secreto,
y los cuerpos deshechos
y los trozos de ropa desperdigados en el suelo,
y los gritos de auxilio sin nombre, ni eco...
Porque muchas familias no quieren verlos
ni muertos, ni vivos, ni heridos;
porque los mataputos son intocables
y para los machistas, amigos admirables;
porque entre repulsión e hipocresía
todos llevan
ambrosía para diablos y bestias.
Y por eso mujeres casadas con gays
sostienen con pinzas un hogar,
ciegas de conformidad...
Y por eso pocos quieren denunciar
extorsión, violaciones y asaltos:
Familias, amigos y conocidos se burlarán,
los juzgarán, criticarán
hasta que, despedazados,
balbuceen piedad.
Y la autoridad culpa a la víctima
(no al agresor)
por presentarse en rincones así.
Y la iglesia los condena a un infierno
donde delincuentes de cuello blanco
(mientras sean heterosexuales)
serán ángeles y santos...
Y el resto se zafan del problema
entre risas y burlas
de una homofobia celebrada.
Y millares de vidas se desperdigan
como pepitas en barrancos de Auschwitz,
de carne, cieno y olvido, olvido
del olvido de quien se asquea y ríe, ríe, se ríe
de cada homosexual golpeado por su pareja,
de cada homosexual asaltado una noche pasajera,
de cada homosexual asesinado por un ladrón,
un prostituto, un homofobico, un demente,
o un policía, o un drogadicto, o un borracho,
o un millonario, o un "hombre decente":
Un millón de disfraces y un solo enemigo...,
de aquellos que ya no vuelven del antro,
ni del cruising, ni de su cita con un desconocido...
Y nadie quiere investigar, ni denunciar, ni hablar...
¡Porque profundísimas cloacas habría que destapar!
Todo hombre homosexual debería saber
que no hay príncipe sin algo de hiel,
todo hombre homosexual debería entender
que vale más la vida que una última cama,
todo hombre homosexual debería saber
que aún existe el rechazo de Marte
y que Ganimedes firmó un pacto
volviéndolos innombrables.
Freud atribuyó al falo
un poder que el gay considera sagrado
pero sagrado no significa
estar obligado
a devorar desesperado
sobras y migajas que el mundo avienta.
Pero muchos homosexuales también se ríen,
se ríen, se ríen, se ríen
de aquellos que resultan golpeados...,
y se ríen más porque se creen inmunes
aunque dejan de reírse unos segundos,
cuando también los extorsionan
por besarse, tocarse o tan solo mirarse.
Hay un misterio atrayente
en entregarse a un desconocido;
hay un final triste
para quien no oye alarmas de su mente
y deja a su cuerpo arder ardiente.