
En el Totonacapan, el debilitamiento de los antiguos intermediarios políticos abre disputas por representación, autoridad comunitaria y control de los apoyos públicos.
Por Livia Díaz
La aparición de liderazgos de estilo “mesiánico”, caudillistas o carismáticos en regiones con alta población indígena y rural responde a condiciones estructurales e históricas muy profundas.
En muchas comunidades indígenas existe un sentimiento histórico de olvido, marginación y despojo por parte de los gobiernos. Por la llamada tierra de la flor que perfuma al mundo, cuando las instituciones formales —la policía, los juzgados, las secretarías— fallan o son percibidas como corruptas, la población suele buscar figuras fuertes y personalistas que actúen como “escudos” o intermediarios directos ante el poder exterior.
Hay quienes han investigado esto y hablan de que es una inercia de la tradición del “caciquismo” de mediación. Yo digo que fue muy obvio décadas atrás, cuando los diputados tenían autonomía de gestión y acceso a programar ayudas, apoyos y mejoras; hasta construyó cimientos.
Se cuenta que esto sucedió desde la época virreinal. Que en el Totonacapan y otras regiones, el sistema político en las zonas indígenas ha operado a través de intermediarios. El siglo XXI no es la excepción.
Bonifacio Castillo y Teresita de Jesús, coordinadores en el Partido del Trabajo (PT), enfrentan el cambio. Si antes eran los caciques de la nobleza indígena reconocidos por la Corona, hoy en día suelen ser líderes políticos, agrarios o sindicales, excluidos.
Se está notando en todos lados. Por hoy sólo me refiero a ese modelo en el territorio que acostumbró a la población a que los beneficios —como carreteras, apoyos sociales, proyectos— no lleguen, o sí, por derechos institucionales automáticos, sino por la gestión y la gracia de un líder en específico.
Pero la #4T se volvió carretera de locos. Vía de un solo sentido, con algunas paradas, y está volviendo insurgentes a los antes gestores.
Líderes que ahora se puede ver que actúan con rasgos mesiánicos, en términos muy rápidos, pronto van a convertirse en agoreros de desastre o de bienestar en esas regiones. Pero ¿qué pasa con su relación comunitaria?
Para las que no es muy cómodo, déjeme contarle: el lenguaje del sufrimiento colectivo y la resistencia histórica, la dignidad frente a las “élites” o “los de afuera”. Lo notorio es que no asisten al canibalismo ni a la confrontación.
Pero por ese lado del norte de #Veracruz es bien común que la propia comunidad se comunique con su propia identidad, que, dicho sea de paso, fue cambiada.
¿O ya se les olvidó que Fidel Herrera Beltrán impuso el uso de ropa tradicional, misma que llaman “uniforme” y que sería, supuestamente, para ingresar gratis a La Cumbre Tajín, ya que hasta el fin del siglo XX era todo blanco? Ahora tiene otros elementos de vestuario, tan retratado que efectivamente es uniforme.
También en esa época empezó lo de los consejos indígenas y bastones de mando, y rituales como el solsticio, que nunca se hacían. Si acaso, y sigue ocurriendo, en torno a las pirámides del Trueno: la brujería, bodas y otras cosas.
Todo cambió en apariencia. Especialmente presencié la primera vez que se realizó la ceremonia de llegada del sol, el 31 de marzo, en la zona arqueológica, con Rocío Aguilera, quien les dio el documento que se iba a leer, les dijo por dónde caminar y qué decir a los custodios.
Siglo XXI
Se ha leído mucho en redes cuestionar, a cada acto, la legitimidad política de autoridad espiritual o cultural de Bonifacio Castillo, exdiputado, polémico a decir basta en el Totonacapan porque increpa las decisiones que ahora salen del CAI, como entonces del INAH.
Esto, que aporta a la discusión pública, así como la de Teresita, quien usa el atuendo referido aunque su vida cambió completamente, ya aparecerá en la historia, en la línea de vida útil del Partido del Trabajo México en la entidad.
Los electores ya saben que los legisladores son importantes, pero el estado diluyó en menos de un año sus poderes.
Los diputados ya sienten y se preocupan por su no reelección. Pero hay más por delante. La moneda de cambio ya no tiene divisas.
Se los están diciendo los totonacú. Falta ver si los escuchan.
Al menos, es lo que la gente ve.
@liviainforma