México: De Plutarco a López Obrador

Jorge Octavio Ochoa

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López Obrador vuelve al centro del debate por la influencia política que mantiene sobre Morena y por las disputas en torno al rumbo del gobierno.

Por Jorge Octavio Ochoa

México pasa actualmente por una de las etapas más cruentas y violentas de su historia, solo equiparable a la de la Revolución. Coincide con el surgimiento de dos partidos: el PRI y Morena. De Plutarco Elías Calles a Andrés Manuel López Obrador hay un mar de distancia. Sin embargo, ante la polarización existente, no podemos olvidar los tiempos del llamado “Maximato”.

Resulta brutal que, pese al cúmulo de evidencias sobre desfalcos y desvíos de su sexenio, regrese el expresidente con un mensaje de autoelogio y la cínica afirmación: “Se acabó la corrupción”, cuando su hijo Andy está en medio del escándalo público y 150 diputados de su partido se reelegirán sin separarse de la curul, ¡y hasta podrían buscar otro cargo público sin despeinarse!

Mientras, en Chiapas, Guerrero, Nuevo León y Sinaloa se encienden asonadas de revuelta interna encabezadas, ¡mire usted nada más por quiénes!, por Félix Salgado Macedonio, Abelina López y Tatiana Cloutier. Para ellos, solo existe un “jefe máximo”, que es quien manda desde Palenque. Paralelamente, el círculo se va cerrando sobre un grupo de allegados a López Obrador.

El expresidente parece haber regresado y pontifica sobre sus logros en un país dividido, donde el crimen organizado controla más del 30% del territorio y el futuro próximo de nuestros niños es el reclutamiento forzado a manos de las mafias, que han cooptado a menores de 18 años para convertirlos en actores principales de crímenes monstruosos.

Así ocurrió con el asesinato de Carlos Manzo, a manos de un muchacho de 17 años, que después fue ejecutado ahí mismo por el jefe de escoltas del edil para enturbiar las líneas de investigación, como lo reseña la revista Proceso en su edición del domingo. Ahora, el régimen pretende inculpar a la viuda, Grecia Quiroz, con motivos meramente político-electorales.

Dice que se acabó la corrupción, cuando el exsecretario de Marina Rafael Ojeda Durán, vinculado a la investigación de contrabando de combustible de sus sobrinos políticos, Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna, sigue sin aparecer y sin imputación alguna, al igual que el exgobernador Rocha Moya o los senadores Inzunza y Adán Augusto.

Inimputables, como el general Audomaro Martínez Zapata, exdirector del Centro Nacional de Inteligencia con AMLO, quien tiene bajo reserva por cinco años toda la información sobre su patrimonio por considerar que publicarla “es un riesgo para la seguridad nacional” y porque miembros del crimen organizado podrían atentar contra él. Ese es el tamaño monstruoso de la impunidad que existe en México.

De la época de Plutarco a AMLO hay similitudes: grupos con el suficiente cinismo para reciclarse en el poder bajo la palabra “Pueblo”, capaces de reelegirse sin tener que pedir licencia o registrarse para competir por dos cargos. ¿Con qué autoridad moral hablan si van contra preceptos históricos como la no reelección, la libertad de expresión y el municipio libre?

Pero ellos hoy dicen que quieren evitar una “parálisis legislativa”, encima de los impúdicos niveles de inasistencia, como los registrados en la pasada comparecencia del secretario de Hacienda, en la que solo había 50 diputados en el pleno y muchos se fueron luego de registrar su asistencia. ¿Cuál es el mensaje para el pueblo? ¿Cuál es el mensaje para la presidenta Sheinbaum?

Pese a su baja productividad, ellos se sienten paladines de la democracia, con un uso descarado de los bienes públicos, del dinero del erario y del tráfico de influencias. El régimen se está cerrando y hoy pasa por uno de sus momentos neurálgicos, que podría ir desde una gran purga política hasta, de plano, la militarización y el asentamiento de un Maximato para no tirar a la basura al partido en el poder.

El Senado de la República aprobó este miércoles 30 de septiembre incluir a las Fuerzas Armadas, con voz y voto, en las tareas ordinarias de la Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras. Estas tienen ahora una mayor presencia en todas las áreas del país, tal y como lo diseñó López Obrador. El tema es: ¿quién gobierna? ¿A quién obedecen, a ella o a él?

El solo nombre de Audomaro lo dice todo. De 2013 a 2015 fue secretario de Seguridad de Tabasco en el primer gobierno de oposición en el estado, con el experredista Arturo Núñez, recomendado por López Obrador. Audomaro fue quien avaló la llegada del también general Gerardo Mérida Sánchez como secretario de Seguridad en Sinaloa, en el gobierno de Rubén Rocha Moya.

También tuvo que ver con el ascenso de Hernán Bermúdez Requena como secretario de Seguridad de Tabasco en el gobierno de Adán Augusto López Hernández, y quien hoy está preso acusado de ser líder del grupo criminal La Barredora. En 2018, a la llegada de López Obrador al poder, fue nombrado titular del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

La reaparición de López Obrador tiene entonces varias lecturas y varias intenciones. En primer lugar, busca un acuerdo con Claudia Sheinbaum para evitar así la caída de sus hijos. En segundo lugar, acuerpar nuevamente a Morena, que sufre una acelerada descomposición y caída de popularidad. En tercero, determinar los controles y límites en el ejercicio del poder.

Así empieza la asonada. Tatiana Cloutier a la cabeza; Félix Salgado secundándola y, peor aún, Adán Augusto medrando en las sombras, oculto, ahíto de venganza. Cuidado con los “Maximatos” entre tanto fanatismo.