El voto latino frente al poder, la deuda con los inmigrantes

Daniel Lee

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Millones de inmigrantes dependen de decisiones políticas tomadas por ciudadanos que sí pueden votar, aunque ellos enfrenten directamente sus consecuencias.

Por Daniel Lee

El próximo 3 de noviembre, millones de ciudadanos estadounidenses tendrán en sus manos una decisión que puede influir en el rumbo político del país y en el futuro de millones de familias inmigrantes. Xavier Becerra, candidato demócrata a gobernador de California, lanzó un llamado directo a la comunidad latina: utilizar su voto para defender a quienes no pueden ejercer ese derecho, pero enfrentan las consecuencias de las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump.

Durante un acto en Los Ángeles por el Mes de la Herencia Hispana, el exsecretario de Salud y Servicios Humanos convocó a respaldar a los Dreamers y a sus familias, así como a los inmigrantes que viven bajo la amenaza de detención y deportación. Su mensaje fue abiertamente partidista: votar contra Trump y sus políticas. Pero detrás de esa consigna existe una cuestión de fondo que merece atención: ¿cómo convertir el peso electoral latino en una fuerza capaz de mejorar las condiciones de millones de inmigrantes que carecen de representación directa en las urnas?

La pregunta es relevante porque la comunidad latina ha adquirido una creciente importancia en la vida política estadounidense, mientras una parte de la población inmigrante permanece excluida de la participación electoral. Los ciudadanos pueden influir en la integración del Congreso y en la elección de autoridades estatales; quienes carecen de ciudadanía estadounidense no pueden votar en elecciones federales ni estatales, aunque las decisiones de esos mismos representantes pueden alterar radicalmente sus vidas.

El voto como instrumento de representación

Becerra apeló a la solidaridad familiar y comunitaria para movilizar a los electores. Su convocatoria reconoce una realidad cotidiana: en miles de hogares conviven ciudadanos estadounidenses, residentes permanentes, beneficiarios de permisos temporales y personas sin estatus migratorio regular. La vulnerabilidad de uno de sus integrantes puede afectar la estabilidad económica y emocional de toda la familia.

El caso de los Dreamers ilustra esa incertidumbre. El programa DACA ha permitido que jóvenes elegibles obtengan protección temporal frente a la deportación y autorización para trabajar, pero no les concede residencia permanente ni ciudadanía. Después de construir sus vidas, estudiar, incorporarse al mercado laboral y contribuir a sus comunidades, continúan sin una solución migratoria definitiva.

La amenaza no se limita a una generación. Las operaciones migratorias y el temor a la separación familiar pueden repercutir en el empleo, la educación y la actividad económica de comunidades enteras. Para muchos hogares, la incertidumbre significa vivir sin saber si podrán permanecer juntos, conservar sus ingresos o mantener los proyectos que han construido durante años.

Por eso, la defensa de los inmigrantes no debería aparecer únicamente cuando se aproximan las elecciones. Se trata de un asunto de derechos, estabilidad social y responsabilidad pública que exige respuestas sostenidas, independientemente del calendario electoral.

Más allá de las promesas de campaña

El llamado de Becerra tiene una dimensión política evidente, pero también coloca a los candidatos ante una obligación: explicar qué medidas concretas impulsarán para atender las necesidades de la población inmigrante.

La solidaridad no se demuestra solamente con discursos. Requiere propuestas viables para proteger los derechos laborales, facilitar el acceso a asesoría jurídica, garantizar el debido proceso y evitar que el miedo a la deportación impida denunciar abusos. También exige abordar la situación de quienes llevan años trabajando, pagando impuestos y formando familias en Estados Unidos sin disponer de una vía permanente para regularizar su situación.

No hay que perder de vista esto: Becerra podría convertirse en el primer latino en gobernar California.

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