
Ignacio García Martes, 27 de Octubre del 2026
Foro Público
El domingo pasado ocurrió una histórica victoria de la izquierda. El candidato del Partido de los Trabajadores de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva obtuvo el triunfo electoral en la segunda vuelta presidencial y con ello frenó el avance de la ultra derecha conservadora en América Latina.
El presidente brasileño de 81 años será presidente de la segunda nación más poblada del continente. Después de un avance significativo de la ultra derecha encabezada por Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente de esa nación, Jair Bolsonaro, el actual mandatario federal se volcó a intensificar su campaña electoral en las últimas semanas.
Aunque la victoria de Bolsonaro parecía irreversible, Lula logró integrar el apoyo de los jóvenes por medio de una agresiva campaña mediática que le permitió movilizar a la población indecisa que no había participado en las elecciones de primera vuelta, y con ello obtuvo la mayor cantidad de votos de un presidente en la historia de Brasil.
En menos de un mes se conformó el llamado “Ejército de Lula”, en la cual 10.8 millones de personas siguieron el canal de Whatsapp de apoyo al mandatario brasileño, misma que estuvo encabezada por el diputado federal André Janones, y que contó con el apoyo de miles de personas que validaron las acciones gubernamentales de Lula.
Janones comenzó a impulsar una narrativa digital en la cual advertía sobre los riesgos que implicaba la derrota electoral de Lula, pues con ello se perderían los programas sociales que se han implementado en favor de los sectores sociales más vulnerables, además de la agresiva injerencia de Estados Unidos y del colapso de la Amazonia, el principal pulmón del continente.
Las “tropas” de Lula efectuaron una labor proselitista digital notable. Lograron contrarrestar la narrativa que durante años había instalado la ultra derecha para desinformar a la población brasileña y validar el discurso que legitimaba la intervención de Estados Unidos en la economía nacional.
Lula se ha conformado como la figura más representativa de la izquierda latinoamericana en los últimos años. Después de haber sido presidente de Brasil en tres ocasiones—y está por iniciar su cuarto mandato--, consolidó un discurso político que ha servido de referencia para derrotar a una ultra derecha que parecía imbatible.
Tras las victorias de la ultra derecha en la mayor parte del continente, Brasil se convierte en un bálsamo de esa postura ideológica que ha provocado una serie de retrocesos en favor de los derechos humanos de la población.
Desde el regreso de Donald Tump a la Casa Blanca en enero de 2025, el mandatario republicano ha intervenido abiertamente en las elecciones de América Latina, para favorecer a los candidatos que coinciden con su visión ideológica como ha sucedido en Argentina con Javier Milei, en Perú con Keiko Fujimori, en Chile con José Antonio Kast y en Colombia con Abelardo de la Espriella.
La derechización de la región había dejado a Uruguay, encabezada por Yamandú Orsi, como uno de los escasos países con una visión progresista, pero el triunfo de Lula permitirá fungir como un contrapeso regional para Trump, quien en unos días vivirá las elecciones de medio término, en las cuales también podría perder la mayoría en el Congreso.
La fuga de Bolsonaro
Después de su derrota electoral, Flavio Bolsonaro desconoció el resultado y consideró que habían ocurrido una serie de irregularidades en los comicios de la segunda vuelta, no obstante, decidió fugarse apenas unas horas después.
Luego de que un juez le ordenó no salir del país, el hijo del ex mandatario brasileño decidió abandonar el país para huir a Estados Unidos, luego de la cancelación de sus pasaportes del senador por parte de la Policía Federal de Brasil.
El hijo de Bolsonaro es acusado de lavado de dinero, pues es señalado como operador de un entramado societario con movimientos financieros sospechosos relacionados con una serie de apuestas deportivas.
Mientras, su padre, Jair Bolsonaro fue acusado de un intento de golpe de Estado para evitar la toma de posesión del gobierno de Lula, tras haber perdido los comicios de esa nación en 2022, por lo cual fue sentenciado a 27 años de prisión.
Flavio Bolsonaro no ha sido el único que ha dejado el país, pues anteriormente hizo lo propio su hermano, Eduardo Bolsonaro, quien se autoexilió en Brasil después de haber sido acusado de formar parte de esquemas de corrupción que lo involucraban.
Brasil se le escapa a Trump
La joya de la corona era Brasil. No sólo por ser el segundo país más poblado del continente, sino también por el peso de su economía a nivel global, Trump había intentado que Bolsonaro ganara las elecciones presidenciales.
La intervención estadounidense en los comicios latinoamericanos había sido exitosa, inclinando la balanza de la mayor parte de los países a la ultra derecha conservadora que ha manifestado una postura favorable hacia la intervención norteamericana.
Como parte de la llamada doctrina “Donroe”, Trump había intentado establecer el control del hemisferio occidental, pero Brasil seguirá como una nación rebelde que confrontará directamente al mandatario republicano durante la segunda mitad de su mandato.
La victoria de Bolsonaro hubiese representado para Estados Unidos el acceso preferencial a los materiales raros, de los cuales Brasil es la segunda nación con mayor riqueza de estos minerales, sólo por detrás de China, aunado a que la nación sudamericana se habría adherido al llamado “Escudo de las Américas” que ha impulsado el republicano para integrar a países afines a su postura ideológica.
Lula, por su parte, se ha conformado una voz crítica al intervencionismo de Trump. Fue uno de los presidentes que más ha reprochado la injerencia militar en Venezuela para capturar al dictador de esa nación y colocar un gobierno afin a sus intereses.
Además, Lula ha recordado que las dos principales dictaduras militares de Brasil fueron auspiciadas por la CIA, por lo cual el recuerdo colectivo que representó este doloroso pasaje para la historia brasileña permitió reencauzar a votantes que no habían salido a las calles en la primera vuelta.
Trump ha criticado el sistema de pagos digital Pix que ha quitado clientes a las grandes empresas norteamericanas como Visa y Mastercard, mientras que Lula aprovechó el encono político para acusar a los seguidores de Bolsonaro de promover un ataque militar en la nación por parte de Estados Unidos.
Además, recordó cómo la mayoría de los votantes de Bolsonaro han encarnado el racismo, xenofobia, clasismo, machismo y homofobia, con expresiones en las cuales uno de sus seguidores caucásicos llevaba a una persona afrodescendiente con una soga, que emulaba los procesos de esclavitud que tanto padeció la nación durante varios siglos.
Así, la victoria de Lula impedirá un ambicioso proyecto extractivista que pretendía favorecer al gobierno de Estados Unidos y deforestar miles de hectáreas de la Amazonia, misma que había sido una de las partes más importantes del país durante años y que ha sido denostada por la ultra derecha conservadora en aras del supuesto progreso económico.
Aunque Lula ganó la presidencia, la mayor parte de América Latina se ha inclinado en favor de Trump. Los presidentes recién electos han apostado por “coordinación y cooperación” con Estados Unidos, lo que se ha traducido como prácticas de control político ha impuesto Washington en la región.