
Guadalupe Lizárraga Martes, 27 de Octubre del 2026
Julieta Ramírez respondió con burlas y ataques a la periodista, pero dejó sin aclarar las contradicciones de su historial académico y los testimonios sobre el trato especial que recibió en la UABC.
Por Guadalupe Lizárraga
Julieta Ramírez llama «novelita» a las investigaciones de Los Ángeles Press sobre su trayectoria académica. En un video me acusa de mentir, de hacer guerra sucia y de ser vocera de la derecha. Pero entre las burlas y las descalificaciones no logra responder a los hechos que publiqué.
Su primer argumento es que Los Ángeles Press es un «blog», porque no se imprime en papel ni se transmite por televisión. Si la señora Ramírez busca en Google la palabra blog, encontrará que es una abreviatura de weblog, una página web donde se publican contenidos de manera periódica. Es uno de los formatos que utilizan actualmente los medios de comunicación para difundir información.
Para los estudios que presume tener, la candidata de Morena al gobierno de Baja California debería saber además que el periodismo no depende de una imprenta, y menos ahora, cuando la tecnología ha desplazado buena parte de las publicaciones en papel.
También debería de saber que el periodismo tiene tres vías para obtener la información: la observación directa de los hechos, los testimonios de terceros y los documentos. En mis investigaciones recurrí a las dos últimas vías: entrevisté fuentes y contrasté información documental. La señora Ramírez puede cuestionar lo publicado, pero tendrá que hacerlo con algo más que una definición equivocada de lo que es un medio de comunicación.
Después anuncia, como si hubiera descubierto un secreto, que fui candidata por el PRD en 2024. Mi participación política fue pública. Ejercí ese derecho como candidata ciudadana, sin estar afiliada al partido, y con el propósito de cuestionar el ejercicio del poder en Mexicali, primero bajo la administración de su empleadora Marina del Pilar Ávila y después con Norma Bustamante que sin presentarse a ningún debate ni hacer prácticamente campaña y con una trayectoria de corrupción e ineficiencia fue por su segundo periodo de gobierno.
Resulta curioso que ahora que la señora Ramírez pretenda explicarme el contexto político de una ciudad en la que hice campaña, mientras ella buscaba un escaño en el Senado de la República.
También le vendría bien revisar la historia de los partidos políticos en México antes de repartir etiquetas ideológicas. El PRD surgió de la izquierda mexicana. El presidente que la besó en la boca, Andrés Manuel López Obrador, militó en el PRD después de renunciar al PRI, lo presidió y fue su candidato presidencial antes de fundar Morena. ¿Desde cuándo esa trayectoria se convirtió, para la señora Ramírez, en prueba de pertenencia a la derecha?
Pero vayamos a lo importante. Si encuentra un dato falso en mis reportajes, puede señalarlo y demostrarlo. Lo que no puede hacer es presentar mi participación política como prueba de que los documentos y testimonios publicados son falsos. Eso no es una refutación. Es una descalificación personal.
Por otra parte, exhibe títulos y diplomas de manera rápida y parcial, sin permitir que el público examine su contenido. Sin embargo, en Los Ángeles Press nunca afirmé que sus títulos fueran falsos.
La señora Ramírez también quiso burlarse de la investigación como si estuviera hurgando en su vida privada. Mostró su certificado de kínder, y ése sí lo acercó a la cámara. Pero aquí nadie está investigando su infancia ni sus asuntos personales. Estoy investigando la información académica que ella misma declaró ante instituciones públicas para construir su trayectoria política.
Si estudió teoría de Política Pública, debería entender que es de interés público saber si dijo la verdad, si sus declaraciones corresponden con los registros universitarios y si recibió privilegios que otros estudiantes no tuvieron mientras ella ocupaba cargos públicos. Y más pertinente ahora que aspira a gobernar Baja California.
Documenté una cronología académica con vacíos de información pública. Uno de ellos es la falta de un historial académico verificable que respaldaron la expedición de su cédula profesional de maestría en 2026, después de que en marzo de 2024 declarara ante el Instituto Nacional Electoral que todavía cursaba ese posgrado.
Mostrar un título frente a una cámara no desmiente esas fechas. Tampoco explica por qué su estudio de caso no está disponible en el repositorio público de la Maestría en Administración Pública de la UABC, mientras que los trabajos de otros estudiantes de su generación sí podían consultarse.
Pero la respuesta más reveladora llegó cuando habló de su servicio social.
La investigación de Los Ángeles Press recogió el testimonio de una funcionaria que contradijo la versión de Ramírez sobre sus actividades en organismos de derechos humanos, entre ellos la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Baja California.
Para desmentir esa investigación, la senadora mostró apenas una parte de lo que parecía ser una constancia. Según dijo, acreditaba una pasantía en la «Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Costa Rica».
Aquí aparece otra imprecisión que Ramírez tendría que aclarar.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene su sede en Washington, DC. La institución con sede en San José, Costa Rica, es la Corte Interamericana de Derechos Humanos. No son el mismo organismo.
¿En cuál de las dos instituciones realizó la pasantía? ¿Quién expidió la constancia que mostró parcialmente? ¿En qué fechas estuvo ahí? ¿Qué actividades desempeñó?
No he localizado un registro público que permita corroborar esa estancia, mientras que sí existen antecedentes públicos de actividades académicas similares realizadas por otras estudiantes.
Y hay una pregunta todavía más sencilla: ¿qué relación tiene esa supuesta pasantía con el servicio social que Ramírez declaró haber realizado en la CNDH mexicana?
Porque son asuntos distintos. Una constancia expedida por otro organismo no desmiente el testimonio de la funcionaria consultada.
Por último, la señora Ramírez asegura que confía en la imparcialidad y honorabilidad de la Universidad Autónoma de Baja California. Yo también respeto a la UABC. Fui maestra de Ciencias Políticas y conozco el esfuerzo que exige la formación universitaria. Su prestigio y su patrimonio académico los han construido generaciones de estudiantes que sí asistieron a clases, entregaron sus trabajos y cumplieron con sus responsabilidades, junto con docentes que se desempeñan con ética y seriedad su labor.
Precisamente por ese respeto, no se pueden encubrir las irregularidades ni permitir que las facilidades otorgadas a una figura política se coloquen por encima del esfuerzo de los estudiantes que sí cumplieron con las exigencias académicas.
La señora Ramírez tiene derecho a cuestionar mis publicaciones, pero también tiene la obligación de explicar por qué Reyna Sofía Terán Félix, entonces directora de la facultad, la favoreció con un trato especial mientras otros estudiantes tuvieron que cumplir las reglas. ¿Qué criterio académico justificaba ese favoritismo?
Baja California necesita certezas, después de tantas decepciones y corrupción. Una auditoría interna ayudaría a esclarecer las irregularidades denunciadas y deslindar responsabilidades. Que se revisen los procedimientos académicos y que quienes intervinieron respondan por sus decisiones. Si todo se hizo conforme a las normas universitarias, que lo demuestren con pruebas.
La señora Ramírez puede seguir hablando de conspiraciones de la derecha, mostrar sus diplomas a toda prisa y dedicar otro programa a mi participación política. Pero ninguna de esas maniobras responde a los cuestionamientos publicados. Lo que ha elegido hasta ahora es atacar al medio y a la periodista, en lugar de aclarar sus contradicciones e imprecisiones.
Aquí su video.