Migrantes: necesarios para producir, vulnerables para permanecer

Daniel Lee

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Migrantes sostienen sectores esenciales de la economía estadounidense mientras los operativos de ICE generan temor y ausencias en los centros de trabajo.

Por Daniel Lee

Estados Unidos necesita el trabajo de los migrantes para sostener sectores esenciales de su economía, pero al mismo tiempo permite que una parte de esos trabajadores viva bajo el temor de ser detenida.Es una política de persecución que hoy por hoy los deja fuera de sus empleos.

El caso de las plantas procesadoras de carne en Kansas expone con crudeza esa realidad: trabajadores indispensables para una industria estratégica están dejando de acudir a sus turnos por temor a los operativos de ICE.

No es un problema menor ni exclusivamente migratorio. Cuando una persona teme ser detenida en el trayecto hacia su empleo, la política migratoria termina interfiriendo directamente con la actividad económica.

Pongámoslo en perspectiva; durante la pandemia, en abril de 2020, la administración de Donald Trump recurrió a la Ley de Producción para la Defensa para mantener abiertas las plantas procesadoras de carne y aves, consideradas fundamentales para preservar la cadena de suministro de alimentos. En aquel momento, la prioridad era evitar que la falta de trabajadores y el cierre de instalaciones provocaran interrupciones en el abasto.

Los trabajadores eran esenciales porque la economía los necesitaba.

Hoy, muchos de aquellos trabajadores —entre ellos miles de mexicanos— realizan las mismas tareas en un escenario radicalmente distinto. En Kansas, los operativos migratorios han generado temor en comunidades donde la industria procesadora depende de la mano de obra inmigrante. El efecto comienza a sentirse en los centros de trabajo: trabajadores que faltan a sus turnos, familias que reducen sus desplazamientos y comunidades enteras sometidas a incertidumbre.

La cuestión de fondo es es ¿qué sucede cuando la política migratoria termina afectando a la misma fuerza laboral de la que depende una parte de la economía?

Los mexicanos ocupan un lugar central en esa ecuación. Su presencia en Estados Unidos no puede reducirse a la imagen del migrante que cruza la frontera en busca de empleo. Son trabajadores de larga permanencia, integrantes de comunidades consolidadas y una pieza importante de sectores como la agricultura, la industria alimentaria, la construcción, la hotelería, los servicios y la logística.

Su aportación ocurre todos los días y, en buena medida, permanece invisible hasta que falta.

Eso es precisamente lo que empieza a mostrar el caso de Kansas. Cuando el miedo provoca ausencias laborales, la migración deja de ser una discusión abstracta sobre leyes y fronteras y se convierte en un problema concreto para las empresas y las cadenas productivas.

La economía estadounidense puede prescindir de determinados trabajadores de manera temporal. Lo que resulta más difícil es sustituir rápidamente a millones de personas que ya conocen los procesos, sostienen operaciones y forman parte de mercados laborales construidos durante décadas.

Por eso la contradicción merece ser observada desde otra perspectiva. No se trata solamente de cuánto depende Estados Unidos de los inmigrantes; también importa cuánto puede afectar a su propia economía una política que genera incertidumbre entre esos trabajadores.

Durante la emergencia sanitaria, el mensaje fue inequívoco: había empleos que no podían detenerse y trabajadores que debían permanecer en sus puestos para evitar una crisis mayor. Hoy, en algunos de esos mismos sectores, la preocupación es que esos trabajadores no lleguen a trabajar.

El cambio no está en la importancia de su labor. Está en el tratamiento que reciben.

Y para los mexicanos, esa diferencia resulta especialmente significativa. Después de décadas de presencia en Estados Unidos, su papel económico es mucho más amplio que el de una mano de obra disponible. Son parte de la estructura productiva estadounidense y, al mismo tiempo, de comunidades que han construido familias, negocios, patrimonio y redes sociales a ambos lados de la frontera.

Reducir esa realidad a un asunto de vigilancia migratoria significa ignorar una parte fundamental de la relación entre México y Estados Unidos.

La pregunta que queda sobre la mesa no es si los trabajadores mexicanos son necesarios. Los hechos económicos ya han respondido.

La verdadera pregunta es cuánto está dispuesto Estados Unidos a arriesgar cuando la persecución migratoria comienza a interferir con el trabajo de quienes mantienen en marcha sectores esenciales.

Porque un trabajador puede ser invisible en el discurso político hasta el día en que no se presenta a su turno.

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