Elecciones: Tlaxcala, un pequeño territorio de enorme intriga política

Alejandro Pérez

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Con un gobierno debilitado y liderazgos internos en disputa, Morena enfrenta en Tlaxcala un proceso sucesorio más complejo de lo que indican las encuestas.

Por Alejandro Pérez

En Tlaxcala, hoy se gobierna bajo una fórmula que mezcla lealtades personales, reformas a modo y desgaste acelerado.

La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros llegó al poder en 2021 con 48.7% de los votos (coalición Morena-PT-PVEM-Nueva Alianza), derrotando a una oposición fragmentada. Morena y aliados lograron una mayoría municipal relevante ese año (alrededor de 20 de 60 ayuntamientos en distintos esquemas de coalición), pero no consolidaron hegemonía territorial absoluta.

En 2024 el mapa comenzó a fracturarse: Morena y sus aliados retrocedieron en municipios clave, particularmente en zonas urbanas, donde el voto se volvió más volátil y menos disciplinad, y ahí empieza el problema estructural.

El núcleo del desgaste: poder concentrado y reformas a modo

La designación de Luis Antonio Ramírez Hernández como secretario de Gobierno, con antecedentes polémicos de deudor alimentario y cuestionamientos públicos, vino acompañada de ajustes constitucionales que, más que fortalecer institucionalidad, proyectaron control político.

Muchas veces hemos señalado que cuando se modifican las leyes, en este caso la Constitución local para acomodar perfiles, el mensaje es claro: la ley es flexible si el poder lo decide; pero eso en política, siempre tiene factura.

A ello, hay que sumar las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación que, acumuladas entre 2022 y 2024, rondan cifras superiores a los 2 mil millones de pesos en montos observados. No todo es desvío, pero todo es desgaste y la narrativa pública, tanto como la percepción ciudadana no distingue tecnicismos.

El relevo de Ramiro Vivanco Chedrahui como Oficial Mayor, formalmente “renuncia”, es el síntoma de ese desgaste, y de las intrigas palaciegas; sobre todo cuando la amistad de años y de familias se rompen de tajo. Esta es otra muestra de que, cuando los operadores empiezan a caer, el centro está fracturado, o quizá se está defendiendo de algo que pocos sabemos.

Fotografía electoral 2026: Morena arriba… pero no sólido

Al referirse a preferencias por Partido, la encuesta de GobernArte del 15 enero 2026, presenta los siguientes datos:

  • Morena: 42.3%
  • PRI: 12.5%
  • PAN: 11.1%
  • MC: 8.7%
  • PT: 2.5%
  • No decide: 19.8%

A primera vista parece cómodo, aunque quien lee número, sabe que no lo es. Un 19.8% indefinido en un estado pequeño es dinamita electoral. En Tlaxcala, 5 puntos pueden decidir una gubernatura. No es Sonora. No es Nayarit. Es un microcosmos donde cada estructura cuenta.

Morena: guerra fría interna

Si hoy “la encuesta fuera la respuesta”, los datos según GobernArte, definirían así las preferencias:

  • Alfonso Sánchez García – 29.9%
  • Ana Lilia Rivera – 26.9%
  • Josefina Rodríguez Zamora – 10.6%
  • Alejandro Aguilar López – 8.2%
  • Dulce Silva Hernández – 6.3%
  • Indefinidos morenistas – 11.6%

Tal como se señaló con anterioridad, el dato real no es quién va arriba, sino que no hay liderazgo dominante.

En Colima vimos lo que ocurre cuando Morena se fractura internamente: el voto se atomiza y la oposición crece sin crecer. En Nayarit analizamos cómo el partido dominante puede mantenerse arriba mientras el gobierno erosiona su base. En Sonora observamos cómo el control institucional no garantiza cohesión política.

Tlaxcala hoy está más cerca del modelo Nayarit: Morena competitivo, pero gobierno debilitado. Y un gobierno mal evaluado contamina cualquier candidatura.

Oposición: débiles… pero ordenándose

GobernArte muestra que por las preferencias o simpatías de los simpatizantes serían las siguientes:

Por el PAN. Adriana Dávila domina internamente (33.1%) sobre Angelo Gutiérrez (16.35%). Tiene estructura, discurso combativo y experiencia. Le falta alianza.

Por el PRI: Anabel Ávalos (42.5%) es la figura clara. Si el PRI logra coalición con PAN, el escenario cambia radicalmente.

Por MC: Ruido sin estructura real. Hay un pelea interna sin sentido En Tlaxcala no es Nuevo León. No es Jalisco. Es testimonial.

Ana Lilia Rivera y el arte del autosabotaje

Llamar “estúpidos” a los periodistas sencillamente es una autoradiografía. Así es la historia de su vida. Si Ana Lilia como aspirante a gobernar, pierde la compostura frente a la prensa, no está atacando a reporteros: está mostrando cómo reaccionará ante la crítica, el conflicto, la presión. Imagínense cómo sería si llegase a ser gobernadora, donde la tensión es todo instantes.

Ana Lilia Rivera no es nueva en los exabruptos. Su estilo confrontativo ha sido constante. Algunos lo llaman autenticidad. Otros lo llaman temperamento. En política ejecutiva, se llama riesgo.

Imaginemos por un momento a Tlaxcala bajo un gobierno que responde con descalificaciones a la prensa, a empresarios, a alcaldes incómodos. Imaginemos crisis presupuestales, conflictos de seguridad, presión federal… y una gobernadora que convierte cada micrófono en un campo de batalla personal. Terrible escenario de inestabilidad institucional.

Tlaxcala, por su tamaño y fragilidad fiscal, no resiste aventuras temperamentales; el carácter derrota a la candidatura. Ejemplos hay muchos:

Layda Sansores – Campeche

Arrancó con discurso combativo, popular entre bases. Pero su estilo confrontacional permanente polarizó al estado y desgastó su propia legitimidad. Ganó, sí. Pero gobierna en tensión constante, con crisis políticas recurrentes y fractura empresarial.

Samuel García – Nuevo León

En ascenso meteórico, competitivo, mediático. Pero su estilo impulsivo y decisiones erráticas (licencias, confrontaciones, teatralidad política) deterioraron su imagen y cancelaron su viabilidad presidencial. No lo derrotó la oposición. Se desgastó solo.

Félix Salgado Macedonio – Guerrero

Era el favorito natural de Morena. Las polémicas, declaraciones y crisis de imagen lo sacaron de la contienda. Morena tuvo que improvisar sustitución. La candidatura se desplomó por factores internos, no por fuerza opositora.

En todos los casos, el patrón es el mismo: cuando el ego supera a la estrategia, el proyecto se autodestruye.

Ana Lilia Rivera es ya, desde ahora: un peligro para Tlaxcala

Morena ya gobierna Tlaxcala con una administración cuestionada. Lorena Cuéllar no ha logrado consolidar liderazgo institucional sólido. Las evaluaciones nacionales la han colocado reiteradamente en posiciones bajas. El desgaste es real. Si después de esa experiencia el partido decide apostar por una figura de perfil confrontativo, con antecedentes de exabruptos públicos, el mensaje sería devastador: no aprendieron nada.

No se trata de ideología. Se trata de estabilidad. Tlaxcala necesita gobernabilidad técnica, operación fina, manejo prudente del presupuesto y construcción de acuerdos. No necesita tribuna permanente ni confrontación teatral.

Veracruz hoy es un laboratorio de advertencia. La administración de Rocío Nahle enfrenta tensiones políticas, críticas por estilo y cuestionamientos administrativos que muestran lo que ocurre cuando la narrativa sustituye a la operación.

Repetir el patrón en Tlaxcala sería un error estratégico grave.

Las elecciones no son concursos de temperamento, son decisiones sobre estabilidad. Un estado pequeño amplifica errores. Un comentario impulsivo puede convertirse en crisis política. Un desplante puede romper alianzas.

Ana Lilia Rivera puede ser competitiva en encuestas internas hoy, pero después de sus declaraciones, sin duda la veremos caer en las preferencias.

Morena, tras la experiencia con Lorena Cuéllar, cometería un error mayor si interpreta competitividad momentánea como viabilidad de gobierno. Las próximas encuestas no solo medirán intención de voto. Medirán tolerancia social al carácter; y cuando el carácter genera incertidumbre, el votante prudente se mueve.

En política hay candidatos que pierden por la fuerza del adversario; y hay otros que se derrotan solos. Si Tlaxcala convierte el temperamento en criterio de elección, el costo no lo pagará el partido. Lo pagará el estado.

Porque el problema es de fondo

Lorena Cuéllar ha permanecido durante meses en los últimos lugares de evaluación nacional. Y en estados pequeños, el desgaste es más visible. Más personal. Más directo.

Tlaxcala no es un estado ideologizado. Es pragmático; y el pragmatismo castiga cuando el poder se percibe arrogante.

Minucias

Morena no perdería Tlaxcala hoy por falta de votos. Puede perderla por exceso de confianza, por temperamentos femeninos, o por ineficacia el manejo político como hasta ahora. El 42% de preferencias actuales, puede ser el techo, y difícilmente habrá más arriba, mientras que el 19.8% indeciso es el verdadero candidato en 2027.

Está claro, que si el gobierno sigue gobernando para el círculo y no para el estado, el resultado no será sorpresa. Será consecuencia.