
Guadalupe Lizárraga Martes, 22 de Marzo del 2022
Por Guadalupe Lizárraga
Hace unos cuantos años, cuando empecé a conocer las penurias de Ramsés Ancira por su propia voz, me conmovieron. Periodista sexagenario sin medio, recién salido de la cárcel por fraude procesal, batallando por los recursos, accidentes en su casa, dependencia casi total de los hijos… ¿cómo no tenderle la mano a un colega que pasa mala racha?
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Después de algunos apoyos económicos, fui incorporando a Ramsés Ancira a Los Ángeles Press hasta que quedó acreditado como corresponsal de Palacio Nacional, con la expectativa de que fuera recuperando prestigio y el trabajo lo ayudara a mantenerse de pie, con un pago mensual de 12 mil pesos y algunos bonos. Es lo que podía pagar el medio por ir a la mañanera dos veces al mes y su columna semanal, más su apoyo en entrevistas en vivo en el canal de YouTube.
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Sin embargo, la relación profesional y la amistad en ciernes fue interrumpida por la pérdida de confianza en su trabajo de quien esto escribe. Las imparables calumnias de Ramsés Ancira contra personas que lo habían ayudado y contra víctimas de tortura tuvieron varios meses de tolerancia de mi parte. Pero sus mentiras cada vez más sorprendentes con una imaginación desbordada ponía a las víctimas de derechos humanos como si hubiesen merecido lo que el Estado criminal bajo la gestión de Felipe Calderón les había hecho. Fue cuando empecé a dudar de su cordura.
Lo primero que hice fue hablar con un amigo en común, que además de ser psiquiatra y psicoterapeuta, es impulsor del Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad, su nombre es Fernando Alejandro Valadez. Reconocido internacionalmente por su trayectoria en la lucha por los derechos humanos y específicamente contra la tortura. Le confié mi estupefacción ante las invenciones de Ramsés Ancira sobre Israel Vallarta Cisneros, de quien yo conocía de primera mano su protocolo de Estambul positivo en tortura, elaborado por los peritos Adrián Ramírez López y María Isabel Mazo Duarte, de la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos y Colpaz.
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El sufrimiento físico y psicológico de Israel Vallarta causado por agentes del Estado no eran asunto menor, por lo que las burlas de Ramsés resultaban inaceptables, sobre todo cuando Israel era una víctima entre miles, de delitos de lesa humanidad; después, sus mentiras se dirigieron contra mi abogada Ivonne Carolina Flores Alcántara, a quien difamó de haber recibido dinero de Eduardo Margolis a cambio supuestamente de información. Mi abogada aclaró cada calumnia de Ramsés sobre su persona y demostró que ni siquiera conocía a Margolis. Y Ramsés jamás se disculpó con ella pese a haber recibido también su ayuda. Las palabras de Valadez cuando le conté lo que estaba pasando con mi excolaborador me quedaron grabadas, “Ramsés está enfermo mentalmente, el Colectivo le ofreció ayuda de manera gratuita después de la cárcel y hasta la fecha no ha querido atenderse”.
Yo había publicado un reportaje sobre el tráfico de influencias, espionaje político, torturas y detenciones ilegales de Eduardo Cuauhtémoc Margolis Sobol, en el que revelé sus contratos de seguridad privada con el gobierno de la Ciudad de México, en 2018 y 2019, a través de su empresa Epel, S.A. de C.V., de autos blindados para funcionarios públicos. En este trabajo de investigación, destaqué las tres intervenciones de tortura que tuvo Margolis, junto con Luis Cárdenas Palomino y otros once agentes, contra Israel Vallarta Cisneros, en diciembre de 2005, antes y después del montaje televisivo protagonizado por Carlos Loret de Mola y Pablo Reinah, quienes también intervinieron en la tortura.
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Eduardo Margolis igualmente fue señalado de las detenciones ilegales en contra de George Khoury Layón, culpable fabricado, relacionado con el falso secuestro y homicidio de Hugo Alberto Wallace Miranda, bajo tortura por Jacobo Tagle Dobin en 2010, y sentenciado en 2012 por el homicidio de Eduardo Salazar Bracamontes perpetrado en 2004. La jueza Hermelinda Silva, del Vigésimo Quinto en materia penal, en 2012, giró órdenes de aprehensión por esta causa (80/2012) en contra de Jacobo Tagle, César Freyre Morales y sentenció a George Khoury con las mismas declaraciones de Tagle obtenidas bajo tortura en las causas penales del fuero federal (el caso Wallace), sin estar relacionadas con los hechos dilucidados en este proceso judicial. Lo cual significa llanamente corrupción por consigna.
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Pero antes de eso, Eduardo Margolis había ordenado la detención de George Khoury Layón –a todas luces ilegal–, utilizando sus relaciones de influencia con Genaro García Luna y Cárdenas Palomino, en tres ocasiones, el 16 de julio de 2005, el 30 de enero de 2006 y el 2 de septiembre de 2009. En ese último año, tras la detención fue torturado por el inspector de la Policía Federal Porfirio Sánchez Mendoza, y el suboficial Rolando Mayorga Cordero, el primero recién en prisión, y el segundo prófugo.
Desde 2005, estas víctimas de fabricación de culpables han sobrevivido a las torturas reiteradas y tratos crueles e inhumanos dentro de las prisiones de máxima seguridad en México y se les ha denigrado hasta el cansancio su dignidad y honor. Muy pocos periodistas y abogados hemos dado cuenta de las irregularidades de sus procesos, de la corrupción de los jueces, de la corrupción de otros periodistas que se han prestado por años a denigrarlos, y de todos ellos hemos dado nombres y apellidos, y hemos demostrado las fabricaciones mediáticas.
Ramsés Ancira, desde Los Ángeles Press, no ignoraba nada de esto. Conocía a detalle la situación de las víctimas, y cuando por mi instrucción la llegó a exponer en más de una ocasión ante el presidente Andrés Manuel López Obrador, omitía detalles, nombres de los victimarios, o circunstancia clave de los hechos. Así empezó mi desconfianza, seguida por sus calumnias directas primero contra Israel Vallarta, llamándolo “marica” y “homosexual”, primero en los chats privados de WhatsApp, después ya lo hacía público en su perfil de Twitter llamándolo además “secuestrador” y alegando que tenía “pruebas” de sus secuestros anteriores y metiendo a otros personajes turbios.
La situación de Israel Vallarta había cambiado desde abril de 2021 al exponerse el montaje y tortura en televisión hecho en 2005 en la conferencia matutina del presidente López Obrador. En ese momento, su principal victimario seguramente temía ser nombrado, y más aún que Israel fuese indultado por el titular del Ejecutivo, que era lo que correspondía en términos de justicia. Sin embargo, no fue así. La ex titular de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, se encargó de justificar la continua prisión para Vallarta por otras dos causas a las que estaba vinculado su proceso, muy al estilo de la jueza Hermelinda Silva.
Ahora, en marzo de 2022, las calumnias de Ramsés Ancira están dirigidas contra George Khoury Layón, también víctima del trío Margolis-Wallace-García Luna. Con mensajes en las redes bajo el membrete de la Nueva Unión de Periodistas Democráticos, una inexistente asociación, acusa sin ningún sustento a Khoury de haber ofrecido un millón de pesos por asesinar a Margolis, además de narcotráfico. La misma historia de 2005, pero aderezada con la imaginación Ancira, la pone bajo la entrevista al asesor jurídico de Khoury sobre su presunto torturador Porfirio Sánchez Mendoza cuando pide cambio de medida cautelar en su proceso.
Ramsés Ancira llegó a aceptar públicamente y por escrito que recibía dinero de Eduardo Margolis, los llamó “préstamos” y “ayudas”, y en su interacción por los chats dio tres cantidades, 2 mil pesos, 13 mil pesos y que le había completado 100 mil pesos de un premio de literatura. Ahora, en su mensaje del 21 de marzo, justifica a Margolis de ser el “jefe de seguridad de la comunidad judía en México”.
Si esto fuera cierto, Eduardo Margolis estaría realizando funciones paralelas a las del Estado mexicano, ilegales a toda costa, por un lado; por otro, las imprecisiones de Ramsés Ancira rayan en el absurdo, sobre todo con una persona que ya fue absuelta de lo mismo que él la acusa en las redes, puesto que fue parte de la fabricación Margolis el que Luis Cárdenas Palomino le sembrara droga y armas en su auto como logró probar la defensa a través de videos de cámaras de seguridad en una de sus detenciones. Adicionalmente, el restaurante en Polanco al que alude Ramsés Ancira no era el Doberman, sino el Cronic Garden, y la carta de la que habla es a la inversa, fue Margolis quien se la envió a Khoury Layón a prisión por medio de su íntimo amigo, el abogado Marcos Bergman; un último punto es la existencia de miembros de la comunidad judía que han acumulado denuncias penales contra Margolis precisamente por su vocación policiaca sin tener facultad para ello.
Independientemente de su religión, Eduardo Margolis es un civil que sigue utilizando el tráfico de influencias y sus negocios en seguridad privada para perjudicar a otras personas incluyendo judíos. En el caso de Jacobo Tagle Dobin, por ejemplo, de su misma religión, Margolis dejó que Isabel Miranda Torres lo torturara, expropiaran la casa de su madre y mantuvieran en prisión injusta a su hermano Salomon, menor de edad en ese entonces. Todo esto con la tecnología de espionaje adquirida por el propio Margolis, como demuestran los correos electrónicos de la compra de softwares maliciosos expuestos por Wikileaks.
Pero Ramsés Ancira, también judío, intentó calumniar a Jacobo Tagle escribiendo en sus redes que había trabajado de carnicero y que tenía experiencia para “destazar”, en alusión a las declaraciones de Isabel Miranda de Wallace con las que insiste en que su hijo fue destazado por sus inculpados, incluyendo a Jacobo. Cuando desmentí a Ramsés sobre sus calumnias a la víctima de Wallace, le aclaré que había sido comerciante, y compraba mercancía en el centro de la ciudad para su venta. Rápidamente, Ramsés modificó la historia y dijo: “más me das la razón, porque en Tepito abundan las bandas delincuenciales y el tráfico de armas en las que seguramente Jacobo estaba metido».
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Es claro que a Ramsés Ancira ya no le importa la verdad ni seguir un código deontológico que lo sostenga como periodista, sino seguir cobrando a criminales como Eduardo Margolis por servicios de desinformación en los casos en que está directamente involucrado.
Los dislates de Ramsés, ahora dirigidos contra George Khoury Layón, sobreviviente de tortura con sello de la tríada Margolis-Wallace-García Luna, secundan las calumnias de Anabel Hernández en su libro Los señores del narco, de 2010, en donde acusa a Khoury de ser secuestrador y narcotraficante, junto a las demás víctimas de Isabel Miranda, dando por veraz el caso Wallace.
Ramsés Ancira, fuera de toda cordura, regresa a las mismas tácticas del calderonato para fabricar culpables, bajo el mismo patrón de hostilidad, corrupción, desinformación, y odio propagado por los aliados de la maquinaria estatal que se enriquecieron del erario vendiendo miedo a la ciudadanía, cuando ellos eran parte del mismo cártel privilegiado.
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