
Las protestas en Francia comenzaron con reclamos estudiantiles y sociales, y escalaron entre detenciones masivas, disturbios y denuncias de violencia policial.
Los Ángeles Press
PARÍS — Francia entró este fin de semana en una nueva fase de tensión social después de semanas de protestas encabezadas por estudiantes de secundaria y universitarios que reclaman mejores condiciones educativas, más profesores, mayor inversión pública y respuestas al aumento del costo de vida.
La movilización del sábado reunió a unas 550.000 personas, según el Ministerio del Interior, y a cerca de 800.000, de acuerdo con los organizadores. La mayoría de las marchas transcurrieron de forma pacífica, aunque grupos de encapuchados protagonizaron saqueos, incendios, ataques contra edificios públicos y enfrentamientos con la policía en París, Marsella, Lyon, Burdeos y otras ciudades.
Las autoridades informaron inicialmente de unos 1.800 detenidos durante los disturbios y desplegaron miles de agentes para contener las protestas. El presidente Emmanuel Macron condenó los saqueos y aseguró que quienes atacaron edificios públicos y comercios deberán responder ante la justicia.
La crisis, sin embargo, no comenzó con los disturbios del sábado.
Desde finales de septiembre, miles de estudiantes han bloqueado escuelas y salido a las calles para denunciar falta de profesores, deterioro de los planteles, reducción de recursos, problemas con horarios y condiciones educativas. La movilización se extendió después a sindicatos, trabajadores, padres de familia y sectores vinculados con el antiguo movimiento de los chalecos amarillos.
Miles de menores detenidos desde el inicio de las protestas
La respuesta policial también se ha convertido en uno de los principales motivos de protesta.
Entre finales de septiembre y el 8 de octubre, el Ministerio de Justicia registró 6.877 personas puestas bajo custodia, de las cuales 86% eran menores de edad. La cifra superó los registros de otras grandes movilizaciones recientes en Francia.
Durante las primeras semanas del movimiento también fueron reportados más de 200 estudiantes heridos. Videos difundidos en redes sociales mostraron detenciones violentas y adolescentes heridos durante intervenciones policiales, lo que llevó a la apertura de investigaciones por parte de la Inspección General de la Policía Nacional.
Organizaciones de derechos humanos han pedido una reducción de la respuesta policial y han cuestionado el uso de granadas, gases lacrimógenos y otras armas de control de manifestaciones contra estudiantes.
Las imágenes difundidas en redes sociales en los últimos días —incluidas algunas de jóvenes detenidos y de enfrentamientos entre manifestantes y agentes— han alimentado la percepción de que la actuación policial se ha convertido en parte del propio conflicto.
Disturbios y saqueos durante las marchas
El sábado, la situación escaló.
Mientras cientos de miles de personas participaban en manifestaciones pacíficas, grupos más reducidos atacaron comercios, edificios públicos y vehículos policiales. En Limoges, el ayuntamiento resultó gravemente dañado por un incendio; en Marsella, manifestantes irrumpieron en el edificio municipal, y en Lyon fue incendiada una oficina de turismo.
En París, algunas calles cercanas a la plaza de la República registraron saqueos, barricadas e incendios. La policía respondió con gases lacrimógenos y dispositivos antidisturbios.
Un joven perdió una mano en Saint-Étienne después de recoger una granada que, según versiones recogidas por medios franceses, habría sido lanzada por la policía. En Mulhouse, una adolescente de 17 años perdió un ojo durante las protestas. Ambos casos forman parte del creciente escrutinio sobre el uso de armamento antidisturbios.
Macron atribuye la violencia a grupos radicales
Macron responsabilizó de los disturbios a grupos radicales de extrema izquierda y a delincuentes que, según el gobierno, aprovecharon las movilizaciones para realizar saqueos y ataques.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, defendió la actuación policial y sostuvo que el derecho a manifestarse debe protegerse, pero que los actos violentos y los saqueos no forman parte de ese derecho.
El gobierno también autorizó prohibiciones locales de manifestaciones cuando las autoridades consideren que existe riesgo para edificios públicos o comercios.
La oposición ha dado interpretaciones distintas sobre la crisis. La dirigente de extrema derecha Marine Le Pen acusa al gobierno de incapacidad para controlar el orden público. Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, sostiene que el Ejecutivo ha ignorado las demandas sociales y acusa a las autoridades de responder a la protesta estudiantil con una estrategia de tensión.
Una protesta que comenzó en las escuelas
El origen del movimiento sigue estando en las escuelas.
Estudiantes reclaman más profesores, mejores instalaciones, mayores becas y recursos suficientes para la educación pública. También denuncian que las medidas adoptadas hasta ahora por el gobierno no responden a sus demandas.
Antes de la gran movilización del sábado, representantes estudiantiles habían abandonado reuniones con el Ministerio de Educación al considerar que no estaban siendo escuchados.
A esas demandas se sumaron después las protestas contra la inflación, el precio de los combustibles y la pérdida de poder adquisitivo.
La combinación de esos reclamos, la respuesta policial y la aparición de grupos violentos en algunas marchas ha convertido la protesta en una crisis política para el gobierno francés a seis meses de las elecciones presidenciales.