
Netanyahu obtuvo la victoria individual, pero deberá buscar nuevos apoyos para intentar reunir una mayoría parlamentaria y formar gobierno.
Por Francesca Cicardi
Benjamín Netanyahu ha ganado las elecciones generales en Israel, con cierto margen sobre su principal rival, el líder de la oposición Gadi Eisenkot, según los sondeos a pie de urna difundidos por los canales de televisión locales y tal y como constata el avance del recuento. Sin embargo, el mandatario —que ha sido primer ministro de Israel durante casi 19 años, no consecutivos— no podría volver a formar la coalición de gobierno que ha encabezado desde finales de 2022, considerada la más ultraderechista de la historia del Estado hebreo. Estas elecciones generales se interpretan como un plebiscito sobre Netanyahu y sus políticas, aunque el genocidio de Gaza no es uno de los asuntos que más pesan para la mayoría de votantes israelíes.
En un lento avance del recuento, el escrutinio confirma la victoria insuficiente de Netanyahu. Cuando se ha superado la barrera del 66% de los votos contabilizados, el Likud está en cabeza con 27 asientos, frente a los 21 del partido de Eisenkot, Yashar!. Por bloques, los partidos que apoyaron a Netanyahu suman 56 escaños, frente a los 48 de la oposición. Los partidos de ciudadanos palestinos en Israel suman 18 escaños, pero ambos bloques se comprometieron a no pactar con ellos durante la campaña.
Bloques empatados, según los sondeos
Tras el cierre de las urnas a las 22.00 horas locales (21.00 en España), varios sondeos señalaron que el partido del primer ministro, el Likud, obtendría 25 escaños, mientras que la formación de Eisenkot, Yashar!, conseguiría 23. Pero unas horas más tarde, los principales sondeos indicaron que el Likud podría hacerse con 27 escaños frente a los 21 o 22 de la segunda formación más votada.
Yashar! es el partido principal de los que integran el llamado bloque anti-Netanyahu, que se situó a la cabeza en la noche del martes, pero durante la madrugada del miércoles los sondeos preveían un empate entre los dos bloques, con 51 escaños cada uno. Ninguno alcanzaría la mayoría en el Parlamento (61 escaños) y tendría pocas posibilidades de formar gobierno, sin contar con los partidos palestinos-israelíes.
Los dos partidos integrados mayoritariamente por palestinos ciudadanos de Israel obtendrían 18 o 19 escaños, de acuerdo con los sondeos, pero todos los partidos judíos, incluidos los de la oposición, prometieron durante la campaña que no pactarían con ellos, ni para que formen parte de una coalición gobernante ni para obtener su apoyo de cara a una investidura.
En sus primeras palabras tras las votaciones, Netanyahu dijo que sería una “vergüenza” que la oposición cooperara con esos partidos. También aseguró desde la sede del Likud en Jerusalén que el bloque derechista ha obtenido una “mayoría decisiva” entre el “público sionista” de Israel, por lo que espera formar un “gobierno de derechas fuerte”.
El ministro de Exteriores en funciones, Gideon Saar, escribió en X que se perfilaba una “mayoría judía clara” y la noche no había hecho sino empezar.
Por su parte, Eisenkot afirmó demasiado rápido en X que los resultados preliminares indicaban “una desconfianza total en Netanyahu” por parte de la mayoría de los ciudadanos de Israel. En la sede de su partido, alrededor de la medianoche, afirmó que hará “todo lo posible para formar un gobierno sionista” que represente “a todos los ciudadanos de Israel por igual”. El general retirado ha logrado un buen resultado con su recién fundado partido, aglutinando buena parte del voto de castigo contra Netanyahu, pero a medida que pasaban las horas, se le escapaba la posibilidad sustituir al mandatario y acabar con su dominio casi total de la política israelí en las últimas dos décadas.
La Lista Conjunta (integrada por tres partidos palestinos-israelíes de corte laico) es una de las que más ha aumentado su representación parlamentaria y obtendría más de 10 escaños, lo cual la sitúa como la cuarta fuerza más votada, detrás de Likud, Yashar! y Juntos (formado por los ex primeros ministros Naftali Bennet y Yair Lapid). El líder de la Lista Conjunta dijo en un comunicado que el martes fue “un día histórico”. “El pueblo se ha pronunciado y ha acudido masivamente a las urnas, brindándonos su confianza de forma inequívoca. Hemos demostrado ser una fuerza política que no puede ser ignorada y que es imposible construir un futuro aquí sin nuestra voz”, aseguró Yusef Yabarín.
El partido islamista moderado Ra'am, liderado por Mansur Abás, obtendría 7 escaños según todos los sondeos y podría jugar un papel clave, ya que ha pactado con partidos judíos en el pasado —el número dos de la lista es judío— y no tiene posturas inaceptables para las fuerzas sionistas como las que defiende la Lista Conjunta —por ejemplo, poner fin a la ocupación israelí de los territorios palestinos—.
Participación histórica
La del marte fue una larga jornada electoral, desde la apertura de los colegios electorales a las 07.00 horas de Israel (06.00 en España), en la cual la participación fue muy elevada desde por la mañana y finalmente se situó en el 77,7%, la más alta registrada desde 1999, según el Comité Electoral Central. El organismo empezó a anunciar los primeros resultados oficiales alrededor de la medianoche: el recuento de las papeletas es manuel y el proceso es muy lento, por lo que no se esperan datos definitivos hasta el miércoles o el jueves.
A lo largo del martes, Netanyahu había mostrado su nerviosismo por la alta participación que, en principio, beneficiaba a la oposición y, en concreto, a los partidos palestinos-israelíes. Por ello, instó a sus seguidores a salir a votar para “salvar el país”, pero sus llamamientos no movilizaron el voto en algunos de los bastiones del Likud. Según datos oficiales, la participación fue más baja que la media nacional en localidades que apoyaron mayoritariamente a Netanyahu en los comicios de 2022, como Kiryat Shamona (norte) o en Beer Sheva (sur). En las elecciones de hace cuatro años, el Likud obtuvo más de 23% de los votos y 32 escaños, siendo el partido más votado con casi seis puntos porcentuales de diferencia respecto al segundo.
La desesperación del Likud llegó a tal punto este martes que el partido pidió al Comité Electoral Central retrasar el cierre de las urnas una hora, hasta las 22.00 horas locales, una petición que fue rechazada.
Netanyahu y otros miembros de su Ejecutivo cargaron durante todo el día contra los votantes y los partidos palestinos-israelíes, empleando expresiones e imágenes racistas e, incluso, acusando al partido islamista moderado Ra'am de compra de votos. El mandatario llevaba toda la campaña empleando el lema “Derecha o Palestina”, que se refiere a que un gobierno de la oposición negociaría con los palestinos y haría concesiones, o sería investido con el apoyo de los partidos liderados por palestinos-israelíes.
Los ciudadanos palestinos de Israel son unos 2 millones y representan alrededor del 20% de la población y el 16% de los más de 7 millones de votantes. Se han movilizado especialmente en estas elecciones porque en los pasados tres años, desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, han sido perseguidos y marginados aún más en la sociedad judía, donde ya eran ciudadanos de segunda categoría anteriormente. También se han movilizado los sectores más izquierdistas y liberales, cada vez más minoritarios en medio de la deriva derechista y ultranacionalista de Israel a partir del ataque de Hamás y el genocidio en Gaza.
El genocidio, en las urnas
El futuro de la Franja ha estado en segundo plano en la campaña electoral, en la que los partidos judíos han competido para hacer propuestas radicales, como la expulsión de todos los gazatíes, y no han ofrecido soluciones diplomáticas ni políticas, sino más guerra. Eisenkot, exjefe del Ejército israelí, ha atraído el voto de buena parte del electorado con un programa militarista y ha prometido acabar definitivamente con Hamás en Gaza, si llega al poder.
Tres años después del comienzo de la brutal ofensiva de Israel en Gaza, donde ha asesinado a más de 74.000 palestinos, las urnas no han castigado a Netanyahu por los crímenes de guerra y lesa humanidad de los que le acusa la Corte Penal Internacional. Sin embargo, el genocidio en la Franja y la limpieza étnica en Cisjordania, así como las crecientes amenazas contra los palestinos en Israel, parece que han empujado a la minoría palestina-israelí a participar más que en comicios anteriores.
Los partidos radicales que gobernaban en coalición con el Likud empeorarían sus resultados en estas elecciones. Es el caso de los partidos Poder Judío —del ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir— y Sionismo Religioso —del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich—, ambos residentes en los asentamientos ilegales. Los sondeos prevén que obtendrán 6 escaños cada uno. Ben Gvir ha celebrado los resultados de su partido y ha alardeado de sus logros anteriores, como la aprobación de la ley de pena de muerte dirigida contra los palestinos. Smotrich ha dicho que no permitirá a los palestinos-israelíes celebrar su victoria y que aún es pronto. Los dos partidos judíos ultraortodoxos que también integraban la coalición gobernante lograrían menos escaños, en concreto la formación Shaas que perdería varios escaños.
Algunos analistas apuntan a que la elevada participación ha beneficiado a las formaciones más grandes, como Likud y Yashar!, mientras que dos pequeñas de extrema derecha recientemente creadas no han conseguido los votos necesarios para entrar en el Parlamento. Sin embargo, la falta de un resultado claro a favor de uno de los dos bloques abre la puerta a unas largas y complejas negociaciones para formar gobierno e, incluso, podría llevar a una repetición electoral en pocos meses.
Cuando se conozcan los resultados oficiales, el jefe de Estado, Isaac Herzog, consultará a todas las fuerzas parlamentarias y decidirá a quién encarga formar gobierno, con base en las posibilidades y apoyos que tengan los principales partidos.
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Las autoridades israelíes han vetado la entrada a la periodista de elDiario.es que iba a cubrir las elecciones generales del 27 de octubre.
Fuente: elDiario.es