Sheinbaum y las redes sociales. Odiar al dueño, amar la plataforma

Los Ángeles Press

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La crítica, sin embargo, es cosmética. Sheinbaum repudia las actitudes de Musk pero adora su red social.

Incluso Sheinbaum debió reconocer que no puede demandar a Musk por repetir los dichos de Trump de que en México “mandan los carteles”.

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La actividad de este miércoles 11 de marzo en Palacio Nacional fue un intento de Claudia Sheinbaum y el gobierno federal para intervenir en la operación de las redes sociales con presencia en México.

Es difícil estimar qué tan afortunada será la intervención dado que sólo estuvieron presentes en la sede del Poder Ejecutivo representantes de las empresas de Alphabet (Google), Meta (Facebook) y TikTok, aunque no fue del todo claro qué versión de TikTok estuvo ahí, la que recién se creó en Estados Unidos o la que originalmente controló ByteDance, la empresa de capitales asiáticos en la que el gobierno de la República Popular China tiene una fuerte presencia.

En todo caso, este miércoles se firmó un convenio de colaboración voluntaria para combatir la violencia de género en el espacio digital mexicano. Aunque la fachada es una de un acto de buena voluntad social y colaboración entre un gobierno que se dice de izquierda y redes sociales con filosofías y prácticas muy distintas entre sí, en los hechos se trata de un primer paso en lo que podría revelar, andado el tiempo, un intrincado juego de manipulación de la opinión política en México, intereses corporativos, tensiones diplomáticas y estrategias electorales.

El gran ausente, y el villano designado de la jornada, fue Elon Musk y su plataforma X.

La narrativa oficial fue contundente: X alega no tener oficinas en México, carecer de representación legal y, por ende, no tiene voluntad de proteger a las mujeres mexicanas.

Sin embargo, hay una ironía profunda en este señalamiento. Mientras el gobierno critica a X por ser un territorio sin ley, la propia Sheinbaum y su equipo de comunicación validan todos los días, uno podría decir que de manera casi obsesiva, a la plataforma del dueño de Tesla.

A nadie escapa el hecho que es ahí donde el gobierno de Sheinbaum, como antes el de Andrés Manuel López Obrador, presentan sus “primicias”. Aunque la Cuarta Transformación repudia a las redes sociales cada que se le presenta la oportunidad, no duda en hacerse presente en lo que solía ser Twitter, lo que hace de la red que Musk compró, el sistema nervioso de la política mexicana.

Captura de pantalla de la transmisión del 11 de marzo de 2026.

Sheinbaum y sus equipos odian al dueño, pero aman el megáfono que les ofrece y, sobre todo, que les vende, porque cualquier análisis de la manera en que X opera ahora deja en claro que ya no es la red social pura de la primera y segunda décadas de ese siglo.

Es, de dos años para la fecha, un dispositivo de comercialización de la imagen y el discurso en el que se paga por tener mejor y mayor presencia en las cronologías de los usuarios. Tanto así que hoy mismo Sheinbaum optó por desistir de la idea de demandar a Musk por repetir lo que Trump dice cuando afirma que “en México mandan los carteles”.

La relación con X es aún más compleja cuando se añade el factor de la política estadunidense. Aunque en 2025 el mundo fue testigo de lo que pareció ser un pleito terminal entre Musk y Donald Trump, en 2026, Musk se ha consolidado como un aliado clave que no duda en replicar cada que puede la idea de que Sheinbaum obedece el dictado de los cárteles de las drogas tal y como lo ha dicho, de manera reiterada, el propio Trump.

Aunque el corazón de muchas figuras de la Cuarta Transformación quisiera jugar la carta del nacionalismo revolucionario tamizado por el discurso chavista-evista, la realidad es que saben que no resistirían una confrontación directa con Trump, por lo que deben mantener canales abiertos con la administración Trump para temas de comercio y migración.

Sheinbaum y sus equipos saben que Musk tiene, a pesar de los pleitos, derecho de picaporte en la Casa Blanca, de ahí que aunque le pusieron el traje negro de villano, no puedan apostar su futuro a esa batalla.

Le señalan por “falta de seriedad” en el tema de género, pero deja abierta la puerta y evita un conflicto que, además provocaría más dudas sobre la disposición de Sheinbaum a tolerar las críticas a su gobierno.

Al mismo tiempo, es un intento de tomar distancia de Musk en tanto “empresario machista” pero llevar la fiesta en paz con el Musk “operador político” de Trump.

Las posturas de las redes

Por el contrario, Google llegó a la firma con una postura de “seriedad técnica”. Aunque Google como tal ya es sólo una marca más en el universo de Alphabet, la controladora, firmó en Palacio Nacional como Google México para dejar en evidencia su compromiso.

Google reconoce el valor de las cifras que INEGI publicó en 2024 que hablan de casi 19 millones de personas que son víctima de alguna forma de acoso digital.

Google validó el dato y se presentó como un “aliado civilizado”, uno verdaderamente corporativo, pues ninguno de sus dueños tiene el tipo de perfil de Musk, que acepta la propuesta del gobierno de México de crear un sistema de “alertas” de alta prioridad que Alphabet usará para entrenar sus sistemas y modelos, pues la realidad de la violencia digital no se limita al caso mexicano.

El modelo le da la oportunidad a Citlali Hernández, la secretaria de las Mujeres de Sheinbaum de ser la protagonista de un modelo que, por lo menos hasta ahora, es de bajo riesgo, pues es un acuerdo voluntario.

Captura de pantalla de la transmisión del 11 de marzo de 2026.

Si la secretaría de las Mujeres marca un vídeo en YouTube como potencialmente peligroso, se removerá a sabiendas de que YouTube, a diferencia de Facebook y TikTok ya tiene experiencia en ese tema desde hace muchos años.

Meta y TikTok, en cambio, operan desde realidades distintas. En el caso de Meta, propietaria de Facebook, Whatsapp, Instagram y Threads, entre otros negocios, el acuerdo es un mecanismo de control de daños.

Es ahí donde ocurren casi dos de cada tres ataques digitales, firmar hoy evita que el Congreso de México pudiera considerar leyes punitivas, aunque el gobierno mexicano mismo sabe que su capacidad para verdaderamente obligar a la observancia de esas leyes está muy limitada en el caso de Whatsapp, que con sus nuevos grupos y mecanismos de difusión de Whatsapp a otras plataformas hacen que sea más difícil de controlar.

TikTok, por su parte, vive una esquizofrenia corporativa. Mientras en Estados Unidos recién quedó bajo el manto de la familia Ellison, los dueños de Oracle y más recientemente de CBS, en México TikTok opera todavía ahora bajo la rama de ByteDance. Al firmar hoy, busca desmarcarse de la imagen de "algoritmo adictivo" y posicionarse como un aliado del progresismo institucional, lejos de las garras de los reguladores de Washington.

¿Censura?

El problema en México, sin embargo, es el de que el acuerdo de protección a las mujeres pudiera ser la antesala de lo que la misma Sheinbaum ha presentado en su reforma electoral, que es un gobierno federal desesperado por controlar qué se dice y qué no se dice en redes sociales.

La Secretaría de las Mujeres tendrá, al menos en esta primera etapa, acceso privilegiado para alimentar la base de datos de contenidos potencialmente peligroso. Debe quedar claro en ese sentido que el riesgo del uso político está presente y que el gobierno de Sheinbaum deberá probar que no se trata de silenciar las críticas, por ejemplo, a gobernadoras como Marina del Pilar Ávila, quien frecuentemente se escuda en su condición de mujer para justificar su proceder.

Se supone que en un mes se hará una primera evaluación de este convenio. Habrá que ver qué sucede entonces y esperar a lo que resuelva el congreso en materia de reforma electoral que, por cierto, hoy mismo volvió a ser promovida por Sheinbaum misma.

Por último, fue notable que quienes firmaron el acuerdo no fueron directores generales o vicepresidentes regionales, las representantes que firmaron hoy en Palacio Nacional son, en términos corporativos, de nivel mando medio-alto o directivo local de relaciones públicas, pero lejos del “núcleo duro” de los corporativos globales.

Por Google, por ejemplo, estuvo presente Lina Ornelas, quien es la directora de Políticas Públicas y Relaciones con Gobierno para México, Centroamérica y el Caribe. Es una experta en protección de datos, pero su rol es de cabildeo y enlace, no de operación tecnológica o dirección ejecutiva de la firma.

El mensaje implícito de las tres empresas es que envían perfiles centrados en los “asuntos públicos”, aspiran a ser “buenos ciudadanos” digitales, quieren “llevar la fiesta en paz” pero no hay cambio de paradigma operativo de su parte.

Captura de pantalla de la transmisión del 11 de marzo de 2026.