'Cosas imposibles': El cálido alimento de la amistad
Fotograma de "Cosas imposibles" (2021) de Ernesto Contreras.

Antonio Rosales

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Cosas imposibles (2021), aborda la soledad, el narcomenudeo, la homosexualidad y la enfermedad mental, con naturalidad y empatía respaldado por excelentes actuaciones, un guion sólido y una narrativa que transita del drama a la esperanza.

Por Antonio Rosales

A veces es necesario revisitar películas estrenadas hace unos años (en este caso, 2021) para recordar que se pueden desarrollar buenas historias que aborden temas como el narcomenudeo, la diversidad sexual, la violencia doméstica y las enfermedades mentales, incluso con un par de pequeños números musicales incluidos, sin recurrir a la explotación del morbo, el sensacionalismo, la burla, el maniqueísmo o los estereotipos, y sin caer en pretensiones absurdas. No, obviamente no nos referimos a la grotesca y fallida Emilia Pérez (2024, Jacques Audiard), que hizo todo lo contrario. Se trata de Cosas imposibles, un largometraje mexicano dirigido por Ernesto Contreras, escrito por la guionista Fanie Soto, estrenado en junio de 2021 y actualmente disponible en diversas plataformas de streaming.

Quizás no exista un amor más puro y curativo que el de la amistad. Si bien el afecto entre familiares o la pasión de una pareja pueden tener efectos similares o incluso más poderosos, estos suelen estar condicionados por factores relacionados con los lazos de sangre, la posesión, luchas de poder o el deseo sexual. En cambio, la amistad, la verdadera amistad, suele ser más libre y, muchas veces, termina convirtiéndose en una familia que elegimos. Ésa es una de las posibles tesis de Cosas imposibles, que, con la suave cadencia de la sencillez y la naturalidad, nos ofrece un tierno retrato de la amistad, mezclando tristeza y crudeza sin ser deprimente, ni aburrida, ni caer en innecesaria pornomiseria.

Cosas imposibles nos narra el encuentro de dos energías, dos personalidades, dos vidas, dos personas que, en otras circunstancias, ni siquiera se voltearían a ver. Sin embargo, esas dos personas, aparentemente diferentes, comparten el reprimido dolor de la soledad, la incomprensión y la desdicha de no sentirse amadas, ni escuchadas, ni vistas. Matilde (interpretada por Nora Velázquez) es una viuda de la tercera edad que sufre incontrolables alucinaciones, producto del trauma y el estrés dejados por el maltrato físico, psicológico y verbal que sufrió a manos de su marido durante décadas. En la misma unidad habitacional vive Miguel (Benny Emmanuel), un joven que sobrevive miserablemente del comercio ambulante y el narcomenudeo, y que se evade en las fiestas, la vagancia y el uso de la marihuana para no enfrentar el descubrimiento y la aceptación de su homosexualidad.

Ambos, de generaciones completamente distintas, terminan desarrollando una profunda amistad cuando Miguel se da cuenta de que Matilde es otra alma solitaria y necesitada de un verdadero amigo, igual que él. Fidelidad, lealtad, comprensión, afecto, empatía, respeto y solidaridad son los ingredientes que van fortaleciendo el vínculo entre ambos personajes. Esta relación no se da de forma instantánea, artificial ni forzada. El director y la guionista logran hacer creíble el desarrollo de la amistad que sostiene la película.

No son pocas las películas que basan todo su argumento en la amistad. Desde películas infantiles de Pixar y el emporio Disney, como El zorro y el sabueso (1981) y la franquicia Toy Story (1995-presente), pasando por El club de las divorciadas (1996, dirigida por Hugh Wilson), Cuenta conmigo (1986), la italiana Cinema Paradiso (1989), The Bucket List (llamada Antes de partir en Hispanoamérica, 2007), hasta la entrañable comedia francesa Intouchables (2011), también conocida como Amigos o Amigos intocables, que, al igual que Cosas imposibles, nos habla de la amistad entre dos personas de diferentes generaciones.

El filme de Ernesto Contreras no utiliza el narcomenudeo, la homosexualidad ni la enfermedad mental de Matilde como objetos para explotar el morbo o generar escándalo con el fin de obtener lucro. Estas temáticas se tratan tal como son: con naturalidad, con empatía por sus personajes, sin necesidad de edulcorarlos, moralizarlos, satanizarlos, criminalizarlos o estigmatizarlos, lo cual es de agradecer.

Ambientada en la época actual y en la Ciudad de México, las actuaciones de Nora Velázquez, Benny Emmanuel, Luisa Huertas y Salvador Garcini convencen no solo por la excelencia de sus interpretaciones, sino también porque cuentan con el respaldo de un guion bien trabajado y desarrollado, con diálogos creíbles y adecuados a la psicología, la edad y la personalidad de cada personaje, así como a las exigencias del momento y la escena. Los giros argumentales no requieren estridencias ni fantasías barrocas para que podamos conmovernos, reír, llorar o simpatizar con los protagonistas.

Sin necesidad de crear un circo para ello, los números musicales se presentan en pequeñas dosis, sin interrumpir el ritmo de la historia ni romper con la lógica o realidad interna de la película. Son, en todo caso, rupturas de la realidad dentro de la mente y los recuerdos de Matilde, que nos permiten conocer más a fondo sus sentimientos y sus recuerdos idealizados de un lejano pasado compartido con Porfirio (Salvador Garcini), su marido victimario, antes de que él se convirtiera en monstruo (o quizás, antes de que ella notara que lo era).

La subtrama de Eugenia, interpretada por la actriz Luisa Huertas, es la de una mujer lesbiana que siente por Matilde un amor que nunca será correspondido, pero cuya amistad se convertirá en otro apoyo para el sufrimiento de Matilde.

En una entrevista para Gaceta UNAM en julio de 2021, el director Ernesto Contreras comentó: “Tenía ganas de hacer una película luminosa, más esperanzadora y, sobre todo, probar otros tonos. Sí, la contención estética, pero apostar al humor. Tener estas pinceladas de humor que rompen con lo dramático, jugar con una historia que va de algo muy oscuro a lo luminoso y regresar a lo dramático”. Y la verdad es que lo consiguió, con un final esperanzador, feliz, pero sin necesidad de excesos ni artificios para sus personajes.

¿Acaso fue la amistad entre Matilde y Miguel el impulso que necesitaban para hacer un cambio que mejorara sus vidas? ¿Será su amistad un dulce y cálido alimento, un confortable refugio para sus almas, que los acompañará y nutrirá emocionalmente por el resto de sus vidas? No lo sabemos. Pero el recuerdo de su ternura seguro nos acompañará al terminar esta película, entrañable, humana y noble, sin caer en la cursilería, como pocos largometrajes pueden lograrlo.

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