Alberto Farfán Lunes, 20 de Abril del 2026, 00:00
Gioconda Belli encarna en ese contraste una tradición literaria que convierte el deseo en belleza, lenguaje y conciencia crítica.
Por Alberto Farfán
En esta fase de la era de la estupidez en que vivimos no es nada difícil encontrarnos con la decadencia sociocultural en todas partes. Y la música no es la excepción. Vulgaridad, majadería, denuesto, insensatez, bajeza, abyección sexual y un largo etcétera es lo que se escucha de buena parte de los llamados reguetoneros, y de otros músicos de esferas del más bajo nivel.
Y no es que quien esto escribe sea un mojigato, para nada, pero una cosa es el arte, el buen gusto y otra, todo lo contrario. Y es de llamar la atención que la audiencia de estos personajes sea acrítica, que los jóvenes fans —hombres y mujeres— que los siguen sean miles y miles en todas partes, en alienación total.
Por ello, se debe de recuperar la poesía, leerla, escribirla, asumirla. Ya que tenemos ejemplos perfectos para hablar de sexualidad, del coito amoroso entre hombre y mujer, que no guardan ninguna relación con la basura que hoy se consume entre risas, gritos y algarabía.
Gioconda Belli Pereira (Nicaragua, 1948), poetisa, novelista y activista, ganadora de varios galardones literarios, nos obsequia un maravilloso texto intitulado “Pequeñas lecciones de erotismo”, acaso uno de sus poemas eróticos más emblemáticos y conocidos.
Y lo es, en definitiva, porque su exquisitez de forma y fondo obtiene la cristalización de que el hombre y la mujer lleguen a converger, a que se disuelvan en uno, que es los dos. La voz poética femenina, más que aleccionar a la figura masculina que escucha, revela. Revela su ser en el otro. Veamos un fragmento:
“Recorrer un cuerpo en su extensión de vela
Es dar la vuelta al mundo...
Encuentra el lago de los nenúfares
Acaricia con tu ancla el centro del lirio
Sumérgete ahógate distiéndete
No te niegues el olor la sal el azúcar...
Niebla en el cerebro
Temblor de las piernas
Maremoto adormecido de los besos.
Instálate en el humus sin miedo al desgaste sin prisa
No quieras alcanzar la cima
Retrasa la puerta del paraíso
Acuna tu ángel caído revuélvele la espesa cabellera con la
Espada de fuego usurpada
Muerde la manzana.
Huele
Duele
Intercambia miradas saliva imprégnate
Da vueltas imprime sollozos piel que se escurre...
Suave puente nuca desciende al mar pecho
Marea del corazón susúrrale
Encuentra la gruta del agua...
Aspira suspira
Muérete un poco
Dulce lentamente muérete
Agoniza contra la pupila extiende el goce
Dobla el mástil hincha las velas
Navega dobla hacia Venus
estrella de la mañana
duérmete náufrago”.
Esta muestra, como gran parte del material poético de Belli, florece en equilibrio, el equilibrio dialéctico necesario que fluye configurando el erotismo como poesía en dos, de dos, hombre y mujer, cual trascendencia en fuga: éxtasis orgásmico. Pero me temo que los “artistas” referidos padecen de incomprensión lectora, por lo que por bastante tiempo los tendremos en escena, ya que no entenderán nada de esto.