Hazael Sayavedra Domingo, 20 de Septiembre del 2026, 15:28
Latinoamérica se ha convertido en una cantera de reclutamiento para ambos bandos, impulsada por promesas de dinero, redes de captación y falta de controles.
Por Hazael Sayavedra
Rusia y Ucrania ya no pelean solo entre sí. Pelean con carne latinoamericana. Y cuando esa carne regresa —si regresa— no vuelve como veterano de guerra. Vuelve como un producto terminado: adoctrinado, armado y con la licencia social de haber matado por la patria. El modelo afgano no fue una anomalía. Fue un ensayo general. Esta vez el escenario es más amplio y los actores, más numerosos.
El vivero: Cuba, Colombia y el resto del patio trasero
La inteligencia ucraniana cifra en más de veintiocho mil los extranjeros en filas rusas, de ciento treinta y seis países. De Latinoamérica, entre mil y ocho mil. Cuba lidera con unos veinte mil contratados desde dos mil veintitrés; la supervivencia media es de ciento cincuenta días. Colombia aporta entre mil y cinco mil en ambos bandos; Perú, al menos cuatrocientos cincuenta y nueve reclutados por Rusia, con cuarenta y seis muertos o desaparecidos; Honduras, El Salvador y Bolivia ya investigan redes de tráfico humano. Amnistía Internacional califica el esquema de trata de personas. Los reclutadores prometen tres mil dólares mensuales y bonos de veinte a cincuenta mil. Al llegar, confiscan pasaportes y los mandan al asalto. Ucrania, por su parte, tiene unos dieciséis mil voluntarios extranjeros, de los cuales el cuarenta por ciento son latinoamericanos, con Colombia como principal proveedor.
El reclutamiento funciona como una estafa industrial. En Cuba, los reclutadores operan con la complicidad tácita del Estado: prometen salarios de tres mil dólares mensuales y bonos de veinte a cincuenta mil, pero al aterrizar en Rusia les quitan el pasaporte, los meten en un tren hacia el frente y los asignan a unidades de asalto donde la esperanza de vida es de cinco meses. Amnistía Internacional documentó el patrón: trata de personas disfrazada de contrato laboral. En Colombia, el negocio es bidireccional. Unos van con Rusia, otros con Ucrania. La inteligencia ucraniana reporta que Kiev recluta activamente en Medellín, Cali y Bogotá, ofreciendo lo mismo: dinero, aventura, redención. La diferencia es que los que van con Ucrania al menos eligen el bando. Los que van con Rusia muchas veces ni saben a dónde los llevan hasta que ya están en el tren.
El retorno es donde el modelo se rompe. Colombia ya cuenta ciento setenta y tres muertos y seiscientos setenta desaparecidos. Honduras repatrió ciudadanos que volvieron de Rusia con trauma, armas y cero red de reintegración. El Salvador investiga redes que operaban desde San Salvador. Bolivia detuvo reclutadores en La Paz. La pregunta que nadie quiere hacer es la obvia: ¿qué pasa cuando estos perfiles regresan a países donde los cárteles ya tienen experiencia importando tácticas militares?
El CJNG y el Cártel de Sinaloa enviaron elementos a Ucrania no para pelear por Kiev, sino para robarse el conocimiento táctico —pilotaje de drones FPV, fabricación de municiones, guerra electrónica— y aplicarlo en Jalisco y Michoacán. En octubre de dos mil veinticinco, el CJNG ya usó drones armados contra una fiscalía en Tijuana. Ucrania se convirtió, sin querer, en la academia de posgrado del crimen organizado mexicano.
El paralelo con los afganos soviéticos es directo y aterrador. Una generación de combatientes endurecidos que alimentó la criminalidad organizada de los noventa. Aquí el riesgo es mayor porque los climas políticos son frágiles, los cárteles ya tienen experiencia en importar tácticas y los Estados no tienen capacidad de reintegración. El síndrome afgano no fue una anomalía histórica; fue un ensayo general. Esta vez el escenario es más amplio y los actores, más numerosos.
Rusia y Ucrania no están ganando esta guerra con superioridad militar. Están comprando tiempo con sangre, dinero y carne de cañón latinoamericana. Y el costo de esa compra no lo paga solo Moscú o Kiev. Lo paga toda América Latina, que hereda un ejército de veteranos traumatizados, armados y sin red de contención. El vivero ya está sembrado. La cosecha apenas comienza.
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Fuentes consultadas:
Reclutamiento ruso en Latinoamérica
Informe FIDH, Truth Hounds y Oficina Internacional de Kazajistán por los Derechos Humanos, abril de 2026: english.elpais.com
Amnistía Internacional, septiembre de 2026: amnesty.org
Inteligencia militar ucraniana, citada por El País y UNITED24: 28,391 extranjeros en filas rusas de 136 países; 1,595 latinoamericanos documentados en julio de 2026; Cuba con unos 20,000 contratados y supervivencia media de 150 días.
Cuba
El País, junio de 2025: english.elpais.com
UNITED24 Media, octubre de 2025: united24media.com
Colombia, Perú, Bolivia, Honduras, El Salvador
O Globo, septiembre de 2026: 173 colombianos muertos, 670 desaparecidos: oglobo.globo.com
CNN, junio de 2026 (Perú): cnn.com
bne IntelliNews, julio de 2026 (Bolivia): intellinews.com
UNITED24 Media, julio de 2026 (Honduras): united24media.com
Ucrania y voluntarios latinoamericanos
Militarnyi, agosto de 2026: 16,000 voluntarios extranjeros, 40% latinoamericanos: militarnyi.com
Business Insider: businessinsider.es
CJNG, Sinaloa y drones
Brookings, febrero de 2026: brookings.edu
Intelligence Online / SOFREP, 2025-2026 (caso Águila Siete y SBU): sofrep.com
Síndrome afgano
The Russia Program, GWU, febrero de 2026: therussiaprogram.org
Jamestown Foundation, junio de 2025: jamestown.org