PRODHEG deja 90 quejas de reclusas en sólo cuatro recomendaciones
Mujer privada de la libertad en Guanajuato, donde la PRODHEG ha documentado decenas de quejas por posibles violaciones a derechos humanos. Foto: Periódico AM

Rosario Martínez De la Vega

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La PRODHEG concentra decenas de quejas por abusos en cárceles femeniles, con una respuesta institucional limitada frente a las denuncias recibidas.

Por Rosario Martínez de la Vega

Mientras la retórica oficial de Guanajuato se llena la boca pregonando la "reinserción social", la dignidad humana y el respeto a las personas privadas de la libertad, las frías cifras de la propia Procuraduría de los Derechos Humanos del Estado de Guanajuato (PRODHEG) desnudan una realidad bastante más incómoda: del 2018 a la fecha, el organismo dio trámite a 90 expedientes de queja promovidos por o en favor de mujeres en reclusión, pero apenas tuvo el arresto institucional de emitir cuatro recomendaciones.

La desproporción no solo es reveladora; es escandalosa. Más aún cuando el grueso de los señalamientos no responde a desavenencias menores, sino a violaciones directas a los derechos fundamentales de las internas en los centros penitenciarios femeniles del estado.

Según la respuesta entregada por la PRODHEG a través de transparencia, la geografía de la arbitrariedad en las cárceles de Guanajuato se distribuye así:

  • 37 expedientes en el Centro Estatal de León.
  • 28 expedientes en Valle de Santiago.
  • 24 expedientes en Guanajuato capital.
  • 1 expediente en Celaya.

Las prisiones: fábricas de impunidad e injuria

En el penal de León, la PRODHEG registró 21 incidencias por violaciones a los derechos de las personas privadas de la libertad, acompañadas de denuncias por ejercicio indebido de la función pública, tratos inhumanos o degradantes, agresiones a la integridad física, vulneraciones a la seguridad jurídica y hasta una queja explícita por transgresión al derecho a una vida libre de violencia y maltrato.

En Valle de Santiago la tónica es la misma. El organismo documentó 22 incidencias por violaciones a los derechos de las reclusas, sumadas a reclamos por atropellos a la legalidad y la aplicación arbitraria del régimen penitenciario.

En Guanajuato capital, la contabilidad del abuso sumó 13 incidencias de violación a derechos fundamentales, junto con acusaciones de negligencia e ilícitos en la función pública, discriminación sistemática y negación de la protección a la salud.

El embudo burocrático: cuatro recomendaciones para noventa expedientes

Frente a este catálogo de abusos, la pregunta resulta inevitable: ¿para quién trabaja realmente el órgano "protector" de los derechos humanos en Guanajuato?

Que la PRODHEG reconozca haber abierto 90 expedientes para terminar emitiendo únicamente cuatro resoluciones de recomendación significa, en términos prácticos, que por cada recomendación aprobada existían más de 20 expedientes archivados, congelados o desestimados.

Aunque la respuesta oficial omite deliberadamente precisar cuántas quejas fueron declaradas "improcedentes" o deschadas en el tintero administrativo, el abismo entre las denuncias recibidas y los manotazos en la mesa que dio la autoridad evidencia un filtro burocrático diseñado para amortiguar el costo político de los abusos penitenciarios más que para corregirlos.

El cómodo "ping-pong" de la opacidad

Para aderezar el panorama, la PRODHEG echó mano de la clásica maniobra de evasión institucional: condicionó la entrega completa de la información y "orientó" a la solicitante a acudir a la Unidad de Transparencia del Poder Ejecutivo para obtener los datos faltantes.

Este "peloteo" burocrático no es casual. Dispersar la información entre ventanillas no solo entorpece la fiscalización ciudadana y periodística; impide articular una radiografía integral sobre las violaciones sistemáticas que padecen las mujeres tras los muros de las prisiones guanajuatenses.

Custodia sin vigilancia, derechos en el papel

Los datos oficiales dejan al descubierto una contradicción de fondo. Las quejas ante la PRODHEG no nacieron del rumor ni de la sospecha infundada: nacieron de testimonios e incidencias formalmente presentadas por mujeres bajo custodia del Estado.

Si las denuncias documentan agresiones a la integridad, denegación de servicios de salud, violencia y arbitrariedad administrativa, ¿de qué sirve la simulación de un organismo de vigilancia que actúa como un simple espectador con sello oficial?

Cuando noventa expedientes de abusos se reducen a cuatro tibios llamados de atención, la duda no es cuántas quejas se registran al año en Guanajuato, sino cuántas violaciones a los derechos humanos deben ocurrir a diario para que el sistema se digne a actuar.

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