Netanyahu depende ahora de alianzas difíciles para conservar el poder ante el crecimiento de los partidos palestinos-israelíes.
Por Francesca Cicardi
Benjamín Netanyahu ha vuelto a ganar unas elecciones en Israel, después de haber sido primer ministro del país casi 19 años, al frente de diferentes gobiernos, desde 1996. ‘Bibi’ ha vuelto a ser el líder político más votado, a la cabeza de su partido, Likud, que ha obtenido más del 20% de los apoyos y 26 escaños en el Parlamento, según los resultados preliminares. El mandatario no ha sido duramente castigado después de tres años de guerras abiertas en varios frentes y de un genocidio en Gaza, y parece que una parte del electorado quiere que Israel continúe por ese camino y le apoya en una nueva ronda de bombardeos contra Irán, una “misión” que Netanyahu prometió completar.
Netanyahu sufre una derrota que no le impedirá seguir en el poder
Sin embargo, todo indica que no podrá reeditar la coalición con la que ha gobernado entre 2022 y 2026, la más derechista de la historia del Estado hebreo, que no suma los 61 escaños que representan la mayoría simple en la Knéset. Sus socios de gobierno más radicales, que han impulsado la colonización salvaje y la limpieza étnica en Cisjordania, así como la deshumanización absoluta de los palestinos, han obtenido prácticamente los mismos escaños que en los comicios anteriores.
Con más del 85% de los votos escrutados, el partido Poder Judío del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, ha conseguido un escaño más (7), pese a que las encuestas pronosticaban un mayor ascenso en las semanas previas a los comicios. El partido Sionismo Religioso del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, mantiene sus 6 escaños. Los que han perdido más apoyos son los socios de Netanyahu ultraortodoxos: el partido Shaas pasa de 11 a 7 escaños, mientras que Judaísmo Unido de la Torá continúa ocupando 7 escaños.
Según el historiador y político argentino-israelí Meir Margalit, ha habido un voto de castigo contra Netanyahu, que en las anteriores elecciones generales obtuvo más del 23% de los apoyos y 32 escaños. “Hay votantes del Likud que han querido castigar a Netanyahu y votaron a la extrema derecha de Ben Gvir y Smotrich”, afirma a elDiario.es. De esta forma, los votos que ha perdido el Likud se han quedado en el bloque derechista que encabeza el primer ministro en funciones y que suma 53 escaños, a falta de conocer los resultados definitivos.
Sin embargo, Margalit considera que existe la posibilidad de que miembros del bloque anti-Netanyahu, liderado por el exgeneral Gadi Eisenkot, puedan desertar y apoyar al bloque pro-Netanyahu, en particular, diputados de extrema derecha que han concurrido a los comicios con el partido de Eisenkot, Yashar!, y el heterogéneo partido Juntos, bajo la batuta del ex primer ministro Naftali Bennet, también derechista.
El bloque de la oposición sólo tiene en común su deseo de expulsar a Netanyahu del poder, pero las formaciones que lo integran son de distinto signo político y tienen programas muy diferentes, aunque ninguno apoya un Estado palestino independiente o el fin de la ocupación israelí. Los sondeos a pie de urna alimentaron el martes por la noche las esperanzas de un gobierno alternativo al de Netanyahu, encabezado por Eisenkot, pero el bloque ha logrado sólo 48 escaños. Yashar! es el segundo partido más votado, con poco más del 16% de los votos y 21 escaños, seguido de lejos por Juntos, con poco más del 9% y 12 escaños. La formación más moderada del bloque, los Demócratas, ha obtenido el 6,5% de los apoyos y 8 escaños.
Un veto “racista”
En medio de los dos grandes bloques, se encuentra un bloque “bisagra” que ha emergido con fuerza en los comicios generales del martes: los partidos integrados mayoritariamente por palestinos-israelíes, que han logrado 19 escaños, aumentando su representación parlamentaria. La Lista Conjunta (formada por los partidos Hadash, Balad y Ta’al) ha conseguido el cuarto lugar con el 9% de los sufragios y 12 escaños, un récord para estas formaciones de corte izquierdista, con el programa más abiertamente propalestino. Mientras, el partido islamista moderado Ra’am ha conseguido dos escaños más que en las pasadas elecciones.
Tanto la Lista Conjunta como Ra’am tendrían la clave del próximo gobierno, si no fuera por el boicot de todos los partidos judíos, incluidos los de la oposición, que durante la campaña han rechazado la posibilidad de pactar con los partidos árabes, tanto para formar una coalición gobernante como para obtener su apoyo en una investidura. “El hecho de que ningún bloque quiera a estos partidos significa que Israel es un país racista; están discriminando a más del 20% de la población”, lamenta Margalit, activista veterano por los derechos humanos y a favor de la paz entre palestinos e israelíes.
Los ciudadanos palestinos de Israel son unos 2 millones y su participación en los comicios del día 27 ha batido récords. Este electorado habitualmente apático ha querido que su voz se escuche después de que haya visto sus derechos recortados en los pasados tres años, desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, y bajo el Ejecutivo de Netanyahu, que ha hecho que sus condiciones de vida empeoren, tanto dentro de Israel como en los territorios ocupados. La policía israelí, bajo el mando de Ben Gvir, ha permitido que el crimen organizado y la violencia prolifere en las localidades de población palestina, donde los asesinatos se han disparado desde 2025.
Margalit cree que Eisenkot podría estar abierto a negociar con los partidos palestinos, pero, si llegara a hacerlo, varios miembros derechistas de su bloque se irían al bando de Netanyahu: “Sería la excusa última para desertar”. De momento, sólo el líder de los Demócratas, el centrista Yair Golan, se ha mostrado a favor de contar con los partidos palestinos-israelíes para arrebatar el poder a Netanyahu y ha instado a los demás miembros del llamado “bloque del cambio” a que se abran a hablar con la Lista Conjunta y Ra’am.
El líder de la Lista Conjunta, Yusef Yabarín, ha dicho en X que un cambio pasa por “una asociación judía-árabe”, una asociación que debe ser “real e igualitaria”. “Estamos listos y preparados para allanar el camino hacia el derrocamiento del gobierno de Netanyahu. Frente a un gobierno de sangre, frente a una política de supremacía, racismo y exclusión, ofrecemos una alternativa completamente diferente”.
Desde el movimiento Standing Together, que aglutina a israelíes judíos y palestinos y que ha movilizado el voto a favor de los partidos palestinos, han celebrado los resultados y han pedido a los líderes políticos que tomen decisiones valientes. “Hay una victoria judía-árabe sobre el Gobierno de extrema derecha. La única pregunta es si los líderes del bloque del cambio tienen el coraje de formar un gobierno judío-árabe”, se preguntaba en X Alon-Lee Green, cofundador del partido Un lugar para todos —surgido de Standing Together, pero que no se presentó a las elecciones del 27 de octubre—.
Inestabilidad e incertidumbre
Por su parte, el historiador y profesor argentino-israelí no se muestra muy optimista porque, incluso si Eisenkot lograra formar gobierno con el apoyo externo de los partidos palestinos, “no duraría mucho tiempo porque los palestinos exigirían algunas medidas que Eisenkot no podría cumplir y el gobierno caería muy rápido”. En ese caso, se abriría un periodo de inestabilidad política.
Ofer Cassif, candidato judío israelí de la Lista Conjunta, explicó en una entrevista con elDiario.es que estarían dispuestos a apoyar la investidura de Eisenkot, pero pondrían condiciones al nuevo ejecutivo, como para las demoliciones de las casas palestinas o desmantelar los asentamientos que son ilegales también según la ley israelí (los llamados puestos de avanzada, que han proliferado en la Cisjordania ocupada bajo el Gobierno saliente, que ha financiado y apoyado a los colonos).
Ante los resultados históricos de los partidos palestinos, el Likud ha pedido este miércoles a la Policía y al Shin Bet (agencia de seguridad e Inteligencia interior de Israel) que investiguen cómo han logrado esos resultados. “Las elecciones en Israel fueron robadas por partidos árabes que apoyan el terrorismo y la eliminación del Estado judío, mediante graves delitos como el soborno, las amenazas, la violencia, el fraude y el uso de un programa informático ilegal para movilizar a los votantes”, ha denunciado el partido en un comunicado. También ha presentado una queja ante el Comité Electoral Central, el organismo que supervisa el proceso democrático y certifica los resultados, que ha dicho que va a estudiarla.
Margalit cree que, si los palestinos no son tenidos en cuenta por los demás partidos, perderán la confianza en un sistema político que les margina. “Creo que va a ser la última vez que los partidos árabes logren atraer a tantos votantes a las urnas, si ven que no vale la pena y no sirve para nada votar porque, incluso cuando logran tantos escaños, nadie los tiene en cuenta”. Se calcula que la participación de los votantes palestinos-israelíes se situó incluso por encima de la media nacional del 77%.
El historiador e investigador del Instituto Van Leer de Jerusalén cree que los partidos palestinos no podrán cambiar el gobierno y el rumbo de Israel, porque tanto Netanyahu como Eisekot comparten las mismas políticas e ideas belicistas. “Desde dentro no va a haber un cambio. Tiene que haber presión concreta, no simbólica, en contra de Israel por parte de Europa y de Estados Unidos. Necesitamos que le hagan a Israel lo que el mundo le hizo a Sudáfrica años atrás”, en la época del apartheid, afirma Margalit.
La victoria electoral de Netanyahu condena a Israel a un callejón sin salida
El experto no descarta que Netanyahu lance un nuevo ataque contra Irán, mientras permanece como primer ministro en funciones, en medio de las negociaciones para la formación de un nuevo gobierno o del bloqueo político que podría producirse y que puede prolongarse semanas. Asegura que el mandatario quería hacerlo antes de las elecciones de este martes, pero el jefe del Estado Mayor del Ejército lo frenó, y ahora podría pensar que ha recibido el mandato de las urnas para llevar a cabo una ofensiva contra Teherán, que contaría probablemente con el apoyo de Donald Trump.
Fuente: elDiario.es