Luego de la presentación de la red criminal de García Luna, López Obrador regresó de nueva cuenta a temas frecuentes de sus conferencias de prensa.
López Obrador celebró los hallazgos de Pablo Gómez sobre García Luna, pero se limitó a pedir pruebas acerca de los presuntos vínculos de su campaña de 2006 con Los Zetas
Los Ángeles Press
Este viernes 16 de febrero, la conferencia de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador, regresó a Palacio Nacional.
Desde ahí fue posible escuchar, una vez más acerca de los muchos crímenes y delitos perpetrados a su paso por distintas oficinas del gobierno federal de México por Genaro García Luna.
En esta ocasión, el memorial de los agravios perpetrados por García Luna fue presentado por Pablo Gómez, director de la Unidad de Inteligencia Financiera del gobierno federal, quien además presentó información acerca de las más recientes acusaciones enderezadas contra asociados de quien fuera el todopoderoso secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón Hinojosa.
Gómez, en este sentido, dio cuenta de un total de 40 denuncias en general que -según dijo- han dado pie a 96 denuncias que calificó como “proactivas” y otras 70 por parte de la Fiscalía General de la República. Gómez incluso explicó que “de ese conjunto de denuncias de estos últimos años, hay vínculos con un total de tres mil 115 personas y dos mil 87 empresas".
Lo dicho por Gómez, en este sentido, no podría considerarse como novedoso, pues es un asunto juzgado ya en Estados Unidos que es donde tendrá que decidirse qué monto del dinero que recuperen las autoridades de ese país se devolverá a México. Gómez fijó la exigencia del gobierno de México en 634 millones de dólares que todavía deberá litigarse en cortes de Estados Unidos.

Donde hubo alguna novedad fue en los detalles acerca del así llamado Grupo Weinberg, que es el nombre de un grupo de empresas que tienen como cabeza a Mauricio Samuel Weinberg López junto con Jonathan Alexis Weinberg Pinto como otra figura clave.

Ellos formarían parte, según las autoridades mexicanas, de la familia extendida de Genaro García Luna. Según la diapositiva que aparece inmediatamente antes de este párrafo, los Weinberg tendrían intereses en un universo más amplio de hasta 80 empresas, constituidas en distintos países.
De esas ochenta empresas, sólo tres habrían recibido contratos del gobierno de México en condiciones y periodos que no fueron especificados por Gómez, pero por el monto que el gobierno de México espera recibir de su contraparte de Estados Unidos sería el equivalente a lo recibido por esas tres empresas: 634 millones de dólares. Habrá que ver cómo transcurren las gestiones del gobierno de México en este tema.
El resto de la conferencia de prensa la dedicó López Obrador a los temas que más le motivan: acusar la existencia de una amplia conspiración en su contra. También volvió a quejarse por el resultado de la elección de 2006 que—según dijo—le robó Calderón, aunque no presentó prueba alguna de ello, aunque sí insistió en usar apodos para referirse a su antecesor en el cargo.
Incluso regresó, por ahí de las nueve de la mañana, al tipo de retórica que califica a quienquiera que le critique o no esté de acuerdo con él como “fifí”, aunque -paradójicamente- poco después de las diez de la mañana, al terminar la actividad en Palacio Nacional, dijo que “no hay razas, sino culturas”, como línea final de una referencia que hizo al carácter de los mexicanos como personas de trabajo.
Antes de terminar insistió en las fallas morales de sus adversarios que hoy incluyeron al antropólogo Roger Bartra, contra quien hizo insinuaciones acerca de las razones por las que modificó su manera de entender los problemas que investiga como parte de su trabajo académico.

Las burlas que López Obrador hizo del trabajo de Bartra fueron celebradas por Pablo Gómez, quien se mantuvo en una de las sillas del presídium del Salón Tesorería de Palacio Nacional durante toda la conferencia.
También criticó a Lorenzo Córdova, el exconsejero presidente del Instituto Nacional Electoral, al tiempo que defendió sus propuestas de reforma constitucional que, de materializarse, implicarían la desaparición, entre otras instituciones de la Comisión Federal de Competencia.
López Obrador eludió preguntas que periodistas presentes en Palacio Nacional querían formularle y simplemente dijo que quedaban “pendientes”. También desestimó los señalamientos que se hicieron recientemente acerca de las relaciones de su equipo de campaña de 2006 con grupos criminales distintos al de los Beltrán Leyva. A las 8:40 de la mañana, López Obrador había dicho “¿dónde están las pruebas?”.