En Sinaloa, la violencia ha aumentado un 18 por ciento respecto de 2023; en Tabasco y Chiapas el crecimiento es de 326 y 121 por ciento, respectivamente.
López Obrador insiste en culpar de la violencia en Sinaloa a la pérdida de "valores familiares" en Estados Unidos, pero calla respecto de la violencia en los estados donde vive la mayoría de sus familiares: Tabasco y Chiapas.
Los Ángeles Press
Marcada por un aniversario más de los terremotos de 1985 y 2017, la actividad de este jueves 19 de septiembre no rompió, sin embargo, con la plantilla con la que Andrés Manuel López Obrador parece empeñado en terminar su sexenio.
Una vez más, al dar cuenta de la situación en Sinaloa, la culpa recayó en los medios de comunicación, nacionales o locales, que informan acerca de la constante pérdida de vidas humanas y de la desaparición, hasta ahora, de al menos 80 personas en el marco de lo que es una de las peores olas de violencia en la historia reciente de esa entidad.
Lejos de reconocer algún error en su propia estrategia, López Obrador culpó implícitamente al gobierno de Estados Unidos. Por ahí de las nueve y media de la mañana, dijo que “la violencia que hay ahora ni está fuera de control” aunque luego dijo que su gobierno ha “tenido que implementar medidas especiales”, pues “es una situación excepcional, extraordinaria, un asunto irregular”.

El reparto de culpas empezó cuando dijo que ha “preguntado a Estados Unidos cuál fue la causa de la captura de Ismael Zambada”.
Lejos de reconocer el peso y el papel que tanto Zambada como la familia de Joaquín Guzmán Loera han tenido en una de las peores crisis de violencia en México en los últimos 20 años, se presentó como ajeno o ingenuo respecto de las causas, incluso preguntó si “fue para atender la situación del fentanilo o como excusa por la situación electoral de ese país”.
Según López Obrador, en Estados Unidos tienen que revisar “sus valores familiares”. Convertido en consejero de poco más de 125 millones de familias de ese país, dijo que es la “carencia de valores” lo que ha generado el aumento en el consumo de drogas.
Lo que es peor, a pesar de repetidos reportes acerca de las tasas de consumo de fentanilo, heroína y otras drogas “duras” en México, López Obrador dijo que en México eso no sucede y lo explicó todo en la lógica de que en México los padres de familia no quieren que sus hijos abandonen sus hogares.
La diatriba sobre la pérdida de valores familiares en Estados Unidos la hiló López Obrador con una crítica al muro fronterizo aunque, como suele ser el caso, evitó mencionar por nombre al principal promotor de ese muro, su "amigo" Donald Trump, quien sigue haciendo campaña basado en esa medida.
López Obrador reconoció, es un hecho, que Joe Biden ha sido el único mandatario que realmente ha tratado de apoyar y legalizar la migración, pero cualquier buena voluntad que pudiera existir en ese reconocimiento se perdió cuando dijo, un poco después, conocer de un “arreglo” y debido a ese “arreglo” se produjo la confrontación que ocurre ahora en Sinaloa, luego de lo cual dijo que espera que pronto “regresemos a la normalidad”.
Lo dicho por López Obrador, sin embargo, no se sostiene en la evidencia de su propio gobierno. Es cierto que Sinaloa está lejos de ser el peor caso de violencia en México. Este jueves no recurrió a comparaciones espurias con Guanajuato como hizo ayer.
Sin embargo, se desentendió de la violencia que golpea a los dos estados donde vive la mayoría de sus familiares, Chiapas y, sobre todo, Tabasco que, como se puede ver en la gráfica que aparece después de este párrafo, reportan un incremento en el número de homicidios de 2023 a lo que va de 2024 del orden de 326 y 121 por ciento.

Ayer y hoy se culpó a los gobiernos conservadores del aumento de la violencia. ¿Son conservadores los actuales gobiernos de Tabasco y Chiapas?
En la gráfica que aparece después de este párrafo es posible observar que la violencia en el estado donde nació López Obrador no ha menguado durante su gestión. Sí hubo, es cierto, una caída pronunciada en los primeros años del actual gobierno, los años de la pandemia, por cierto, pero en los últimos 24 meses ha ocurrido un aumento que llevó a Tabasco a una situación similar a la que se vivía en 2019.
¿Qué es lo que falló ahí donde la voluntad presidencial se acata sin reparo alguno o a quién podría culpar López Obrador de esa ola de violencia? ¿A Estados Unidos?

En Chiapas la situación es similar, aunque hubo alguna mejora en los años de la pandemia, mucho menor a la observada en Tabasco, cualquier ganancia entre 2020 y 2021 se ha perdido en los últimos dos años.
¿A quién se debe responsabilizar de la violencia ahí? El gobernador Rutilio Escandón, antiguo magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, es un aliado de Morena. Ese partido controla por completo el congreso en Tuxtla Gutiérrez del mismo modo que controlan todos los municipios importantes, ¿también es culpa de Estados Unidos?

¿Qué es lo que explicaría la violencia que reportan las cifras del propio gobierno de México? ¿Es una “situación excepcional, extraordinaria, un asunto irregular” como dijo de lo que se vive en Sinaloa y, de manera más precisa, en Culiacán? ¿Es culpa de la pérdida de valores familiares en Tabasco y Chiapas?
A nada de eso hubo respuesta de parte de López Obrador que uso la tribuna del Salón Tesorería para insistir, en cambio, en que él ha buscado atacar las causas de la violencia y no recurrir como los gobiernos que él calificó de “conservadores” a la violencia.
La realidad es que lejos de que haya una mejora respecto de los gobiernos que López Obrador descalifica un día sí y el otro también, lo que ha ocurrido en un empeoramiento de la seguridad pública respecto de las cifras con las que cerraron los gobiernos de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto.

López Obrador además agrega el factor de culpar a la supuesta pérdida de valores en Estados Unidos como explicación de lo que ocurre en Sinaloa, sin ofrecer alguna explicación de lo que ocurre en Tabasco o Chiapas donde los gobernadores y los congresos locales responden a las órdenes de Morena.
En todo caso, antes y después de la actividad, López Obrador recordó a las víctimas de los terremotos de 1985 y de 2017.

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