Brasil elige entre Lula y Bolsonaro bajo fuerte polarización política
Manifestación de apoyo al candidato opositor Flávio Bolsonaro en São Paulo el 18 de octubre. Las banderas de Estados Unidos e Israel destacan las devociones de los extremistas de derecha en Brasil, incluso cuando los aranceles estadounidenses castigan a las exportaciones brasileñas. Foto: Rafa Neddermeyer / Agência Brasil

Mario Osava

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La elección también definirá el rumbo de las políticas ambientales, los derechos indígenas y la protección de la Amazonia en Brasil.

Por Mario Osava

RÍO DE JANEIRO – Brasil “al borde del abismo” es como una reconocida analista política describe la ansiedad entre los demócratas, ante las elecciones presidenciales del domingo 25 de octubre, que decidirán el destino nacional y que podrán afectar el futuro de la humanidad.

Es otro gran país en que el ascenso electoral de la extrema derecha pone en jaque la democracia, escribió Maria Herminia Tavares, profesora emérita de la Universidad de São Paulo, en el diario Folha de São Paulo de este jueves 22 de octubre.

El temor es que un nuevo gobierno ultraderechista, que sería presidido por Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), mutile la democracia brasileña, destruya definitivamente el bioma amazónico y derogue derechos de las minorías, como los indígenas y los no heterosexuales.

Esas elecciones en un clima de alta polarización, entre el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que intenta la reelección, y Bolsonaro, ponen a Brasil en el epicentro de dos batallas que importan en todo el mundo, la defensa de la democracia y la mitigación de la crisis climática.

“Si cambia el gobierno, tendremos que preocuparnos de evitar una política de ‘bosques cero’, como la que fue impulsada por el padre del candidato opositor”: Marcio Astrini.

En el continente americano el ascenso de la extrema derecha ya pone en duda la vigencia del estado de derecho en muchos países, empezando por Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump y El Salvador, con los encarcelamientos masivos y el poco respeto a las normas legales de Nayib Bukele.

En América del Sur, la derecha de variados tonos, pero en general extremistas, triunfó en todas las elecciones desde 2023, con excepción de Uruguay. La posible inclusión de Brasil en esa oleada pondría el subcontinente en una corriente que no es homogénea, pero donde sí es clara la hegemonía de los autoritarios.

En contraposición a la alianza del bolsonarismo con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, los partidarios de la reelección del mandatario Luiz Inácio Lula da Silva defienden la soberanía de Brasil frente a los dictados hegemónicos de la potencia del norte. Foto: Fabio Rodrigues-Pozzebom / Agência Brasil

Democracia en declive

Sellaría un fuerte declive en la democracia occidental, con los dos mayores países americanos impulsando la ultraderecha y Europa con varios países amenazados de seguir el mismo camino.

Los gobiernos de derecha son la base del Escudo de las Américas, una iniciativa de Trump volcada al combate a los carteles del narcotráfico, calificados como grupos terroristas, hecho que justifica operaciones militares en su combate.

En total ya son 19 países, incluidos dos que participan como observadores, Chile y Bahamas, y algunos de gobiernos considerados de centro, como República Dominicana.

Brasil y México -gobernado por Claudia Sheinbaum, del izquierdista Movimiento de Regeneración Nacional- son las notables ausencias en ese mecanismo, que amenaza ampliar la presencia militar estadounidense y sus injerencias en cuestiones internas de los países.

Pero Flávio Bolsonaro ya anunció que adherirá al Escudo, si resulta ganador el domingo 25, lo que prácticamente completaría el control de Washington sobre el llamado “patio trasero”, con la excepción de México, Guatemala y Uruguay, aparte de los gobiernos no democráticos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, este último bajo el control directo de Trump desde enero.

En las calles de Río de Janeiro, los estudiantes desataron una oleada de masivas manifestaciones en pro de la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, ante la amenaza de nuevo gobierno de extrema derecha, de la familia Bolsonaro. Foto: Rovena Rosa / Agência Brasil

Abismo climático

En la emergencia climática, el riesgo es más dramático por afectar la sobrevivencia de toda la humanidad. Gobiernos de extrema derecha, negacionistas del cambio climático, como el de Colombia, o que reconocen la crisis climática pero adoptan políticas que la agravan, como en Perú y Bolivia, amenazan los bosques amazónicos.

Brasil, en cuyo territorio está 62 % de la Pan Amazonia de 8,4 millones de kilómetros cuadrados, dicta el destino del bioma. El gobierno de Lula (2023-2026) logró bajar su deforestación a la menor extensión desde que se empezaron las mediciones en 1988.

La pérdida de bosques se limitó a 3.335 kilómetros cuadrados entre agosto de 2025 y julio de 2026, con una reducción de 41,8 % en relación al período anterior.

Durante los cuatro años del gobierno de Jair Bolsonaro, la deforestación amazónica en Brasil creció 53 %, con el máximo registrado en 2021/2022, cuando el bioma perdió 13 038 kilómetros de bosques.

La Amazonia es el mayor conjunto forestal tropical del mundo y sus bosques cumplen un papel vital en el clima mundial, al absorber enorme cantidad de gas carbónico. Además, regula las lluvias en Sudamérica, en las áreas de mayor producción agrícola que va del centro-oeste brasileño a Argentina, Paraguay y Uruguay.

La seguridad alimentaria del mundo depende, por lo tanto, de la preservación de los bosques amazónicos.

“Flávio Bolsonaro es un negacionista climático. Si triunfa en las elecciones tendríamos un cambio radical para peor en la agenda climática”, advirtió Marcio Astrini, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima, una coalición de 172 organizaciones de la sociedad civil brasileña.

El gobierno de Lula, del izquierdista Partido de los Trabajadores, ha tenido propuestas como el “mapa del camino” contra los combustibles fósiles y busca la adhesión de otros países, redujo las emisiones de los gases invernadero y persigue la meta de la “deforestación cero”.

“Si cambia el gobierno, tendremos que preocuparnos de evitar una política de ‘bosques cero’, como la que fue impulsada por el padre del candidato opositor”, señaló Astrini a IPS, desde São Paulo.

Luiz Inácio Lula da Silva y el candidato opositor, Flávio Bolsonaro, en su primer debate en la televisión, el 18 de octubre. Las provocaciones iniciales de Bolsonaro degeneraron en una avalancha de ataques personales que turbaron la discusión. Foto: RS / Fotos Públicas

Lecciones de la guerra electoral

Las encuestas colocan a Flávio Bolsonaro con ligera ventaja de uno a dos puntos porcentuales sobre Lula y su intención de reelegirse, tras haber gobernado el país también entre 2003 y 2010.

Los dos pasaron a la segunda vuelta como los candidatos más votados en la primera el 4 de octubre, con 47,03 % y 45,16 % de los votos válidos, respectivamente.

El heredero del liderazgo ultraderechista, senador desde 2019 y diputado durante los 16 años anteriores, se presenta como un “Bolsonaro moderado” para atraer votos de la derecha tradicional, necesarios para alcanzar la mayoría.

Tuvo éxito en la primera vuelta. Superó al presidente Lula, antes apuntado como favorito por todas las encuestas. El vuelco inesperado produjo una euforia en el mercado bursátil, con un alza de 7,7 % el día siguiente en el índice de la Bolsa de Valores de São Paulo.

Pero despertó también temores y una reacción popular. Estudiantes salieron espontáneamente a las calles en manifestaciones de decenas de miles en grandes ciudades del país, en los días siguientes a la primera vuelta electoral, y la movilización pro Lula se extendió a otros sectores de la población.

La reacción ocurrió asimismo en las comunicaciones digitales, un área antes totalmente dominada por la extrema derecha y poblada de falsas noticias.

André Janones, un diputado del ambientalista partido Red Sostenibilidad, encabezó un canal de WhatsApp que denominó “Ejército de Lula”, para coordinar acciones y difundir mensajes de la campaña por la reelección del presidente.

Logró más de siete millones de adscritos, un récord nacional, y más que reequilibró la batalla en el mundo digital. El canal que creó Bolsonaro para contraponerse, apodado “Tropa de Flávio”, reclutó solo dos millones de seguidores.

En esa guerra digital, sobran mentiras y el uso de la novedosa inteligencia artificial (IA). La agencia Lupa, la primera especializada en chequeo de noticias en Brasil, fundada en 2015, identificó 920 publicaciones producidas por IA en las redes sociales desde el 16 de agosto hasta 28 de septiembre, casi siempre para impulsar noticias falsas.

El período corresponde a la campaña electoral de la primera vuelta. La furiosa actividad de los apoyadores de los dos candidatos en la segunda vuelta debe haber multiplicado la desinformación por IA en octubre.

El uso intenso de las nuevas herramientas tecnológicas es otro tema en que las elecciones brasileñas influirán en la política mundial. La extrema derecha perdió acá el casi monopolio de ese instrumento.

Un vuelco electoral, en que el segundo colocado en la primera vuelta logra triunfar en la segunda, nunca ocurrió en Brasil en los comicios del actual período de redemocratización brasileña, tras la dictadura militar de 1964 a 1985.

Pero Lula parece tener la posibilidad de romper esa regla. El rechazo popular a su liderazgo, por escándalos de corrupción durante la prolongada permanencia en el poder de su gobernante Partido de los Trabajadores, 18 años desde 2003, tiene como contrapartida el miedo que provoca el apellido Bolsonaro.

La gestión del padre, Jair Bolsonaro, sumó desastres, especialmente en la gestión de la pandemia de covid-19 (2020-2023). Hubo más de 716 000 muertos en Brasil, 10 % del total de muertes mundiales, en contraste con la proporción de brasileños en la población mundial, de 2,6 %.

Además, el expresidente intentó un golpe de Estado al final de su gobierno, con apoyo de varios generales, todos condenados a la cárcel por más de 20 años, que Bolsonaro cumple en detención domiciliaria y cuyo hijo ha prometido indultar si gobierna el país desde el 1 de enero.

Al riesgo de deterioro de la democracia, se suma el negacionismo climático, reafirmado por el candidato Bolsonaro.

Suspender la demarcación de tierras indígenas es otra política en que él prometió imitar el padre. Los pueblos originarios ya enfrentan retrocesos en las leyes que defienden sus derechos en el actual Congreso legislativo. La situación tiende a agravarse con un parlamento más derechista y más aún si un Bolsonaro vuelve a la presidencia.

Hay 118 áreas en proceso avanzado de demarcación en Brasil, cuya conclusión los grupos indígenas esperan hace décadas. Los bolsonaristas consideran que sus comunidades ya ocupan demasiada tierra, 14,8 % del territorio nacional, cuando corresponden a solo 0,8 % de la población brasileña de 214 millones de habitantes.

Las políticas antiambientales y antiindígenas de un posible gobierno de Bolsonaro enfrentarían, sin embargo, el rechazo de muchos países que podrían imponer restricciones a la importación de productos agrícolas brasileños.

Fuente: ipsnoticias.net

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